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Es decir, en el campo cerca de su anterior casa en Florida, para participar en el Hero World Challenge: se juega en el espléndido Isleworth Golf & Country Club de la deliciosa urbanización de Windermere. Esta Windermere parece que no tiene nada que ver con la Lady Windermere aquella sobre cuyo abanico escribiera cuatro actos Oscar Wilde.
El regreso comenzó con más pena que gloria, no sólo porque el gran jugador de color ocupase la decimoctava y última plaza, sino porque las sensaciones al menos durante la primera jornada no habían sido muy buenas a juicio de los presentes. No así él, que declaró estar satisfecho del estado de parte de su capacidades: “la buena señal es que he recuperado la potencia y la velocidad”.
Durante la segunda ronda, la del viernes, Tiger, ha mostrado rasgos serios de recuperación. Hasta ha sonreído, cosa que hacía meses que nadie veía. Y tenía motivos para el alborozo, con golpes geniales para dejar la pelota cerca del hoyo en el approach, firmeza en con el putter y, sobretodo una soltura casi olvidada y potencia con driver. Y un eagle en el hoyo 13.
¿Será una señal de un porvenir? Dejémoslo ahí, pues el porvenir está por llegar. Pero todo buen aficionado se alegrará de ver al que fue nº1 mundial poniendo un punto de excelencia más en el Circuito Americano de golf.
Porque volver no es siempre fácil, como lo cantaba la inglesa Ella Eyre en su “Come back” que se ha oído tanto este verano: “pero siempre regresan; sí, siempre vuelven / cuando él retorna te pone ante esa situación / pero ya es demasiado tarde para mantener ese tipo de charla / no es tu trabajo tener que enseñar un poco de educación a este chico”.
Esta vez, claro está, lo de Tiger nada tuvo que ver con una huida romántica, sino con una terca lesión. Una lesión de espalda más terca que él mismo: ¡qué angustia sus últimos partidos antes de verse imposibilitado para seguir! El patetismo de aquel cuerpo de atleta, doblando la rodilla con un rictus de dolor en su boca, contrastaba con el fuerte deseo de seguir en el campo. Ni siquiera la operación de espalda parecía abrir el cielo de la esperanza, y tuvo que dejarlo por meses y meses. Su obligado cese de toda actividad deportiva le hacía caer, semana a semana de las altas cumbres que había ocupado en las clasificaciones. Y así cayó del primer puesto al actual puesto 24º del Ranking Mundial.
Sin embargo, ya está aquí, en su torneo, en el campo donde tenía su casa – esa que se vio empujado a abandonar -, en el Hero World Challenge. Es un torneo de cuatro días en el que sólo juega un puñado, dieciocho profesionales, de la élite de golf.
En esta segunda jornada, una lluvia tropical se precipitó sobre el campo para honrar a su señor de la lluvia de Florida, Tiger Woods, al que sorprende este torrente de colosal humedad, en el último hoyo cuando estaba a punto de conjurar su +5 del primer día, pero en la reanudación, un doble bogey en el hoyo 18, supuso un hachazo a toda posibilidad. Pero ha vuelto.
Ha vuelto. La afición parecía vociferar en sus casas ese “volver”. Él mismo, probablemente, reclamaría todo el tiempo a su alma combativa, a su sensación de vivir aquel “Baby Come Back”. Sí otra canción, la que cantaba aquella banda – The Equals – de cinco chicos de Londres: “A lo largo de todo el día / vistiendo una máscara de falso coraje, / tratando de mantener una sonrisa / que esconde una lágrima… Baby Come Back”.
En fin amigo, bienvenido de nuevo al golf, que te ha dado todo y al que tú sabrás lo que has entregado. Tal vez ganaste mucho. Y tal vez perdiste más. Sólo tú conoces de la soledad de la cumbre y de la fuerza que parece llamarte a intentar una vez más la ascensión. Que lo consigas hará feliz a mucha gente.