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SEGUNDO GRANDE CONSECUTIVO

Jordan Spieth (-5) gana la última batalla en Chambers Bay a los 22 años

El US Open se ha celebrado en el estado de Washington que, como su homónimo de la costa Este, Washington DC, debe su nombre al primer presidente, George Washington.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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De George Washington es la frase “it is better to offer no excuse than a bad one”. Es parecido a lo que me dice un lector amigo acerca de mis comentarios sobre el increíblemente horroroso recorrido de Chambers Bay: “¿Es excusa? ¡Golf es golf!”, enfatiza mi amigo en Facebook. Y el asunto tiene su lectura deportiva ¿no? Tendrá razón.
 
Y comenzó la última ronda del US Open con cuatro profesionales empatados a -4 en el primer puesto. El lema del estado de Washington “Al-ki o Alki” que traducido del chinook significa “lo que pase, pasara”. Pero golf es golf, y las cosas no pasan, se hacen pasar.
 
En muchos acontecimientos vitales el azar es una explicación; en otras sólo un pretexto alimentado por nuestra ignorancia. En la última jornada hemos visto cómo quienes no se conformaban con el cara y cruz han podido liberar sus mejor golf.
 
La habilidad ha sustituido en Chambers Bay a la suerte en el juego de los campeones. Sus bolas ¿iban a quién sabe donde? ¿No iban más bien, al menos en su dirección y fuerza iniciales, donde quería el jugador? Hay que ver videos de algunos golpes para responder con acierto y sin prejuicios a esta respuesta.
 
Y luego está otro factor: rematar. El último golpe, a veces caricia, que se da con el putter para que la bola acabe en el fondo del hoyo ha determinado bastantes resultados finales y, desde luego, ha decidido el ganador del US Open 2015. Todo lo anterior no desdice nada de lo que afirmábamos en anteriores crónicas: Chambers Bay es un campo al borde de lo imposible.
 
Pensemos que el mejor resultado final (-5) es el mismo con el que se acabó el segundo día; es decir en dos jornadas, sin viento ni factor exterior alguno, nadie consiguió estirar ese resultado, ya de suyo corto. Otra aproximación: sólo 8 jugadores acabaron por debajo del campo. Y, finalmente, únicamente dos de ellos, Jordan Spieth y Louis Oosthuizen, hicieron tres rondas por debajo del par: nadie lo hizo en las cuatro días.
 
Y el final se escribió con rasgos de épica. Para empezar un apoteósico Adam Smith, con la mejor tarjeta de la jornada de 64 golpes (-6), fue el primero en ser campeón en Casa Club con un total de -3. Pero detrás de él venían ya nueve partidos con los mejores. El -4 en Casa Club llegó tan pronto como Louis Oosthuizen culminó el mejor final de una vuelta haciendo seis birdies en los siete hoyos finales. El sudafricano con un juego perfecto de tee a green y con certeros putts cercenó de raíz cualquier discusión sobre golf y buena suerte. Aquello fue golf y experiencia, golf y acierto, más ingenio y más pulso firme.
 
Detrás venía Dustin Johnson que por el hoyo 16 iba un golpe por detrás. Y también venía Jordan Spieth a quién un doble bogey le había echado veneno en el postre del hoyo 17. Es éste un par 3, y el joven jugador había lanzado su bola desde la salida a la derecha a la alta festuca. Su segundo golpe acabó lejos del hoyo; hizo tres putts – el último de sólo 10 pulgadas –  para un doble bogey que, a falta del hoyo 18 igualaba el mejor resultado en Casa Club.
 
Hacer buen resultado en el último hoyo de un US Open y en un campo como éste no está en ningún manual. Pero no es imposible hacerlo: es un par 5 en el que puede alcanzarse el green con el segundo golpe para intentar el eagle o el birdie. Y Jordan Spieth lo alcanzó; su bola, a la que mientras iba por el aire el jugador iba hablándole – “just a little bit” – fue rozando los bunkers de la derecha, bordeo por pulgadas unos aspersores del limite final del green y empezó a bajar al hoyo, pero lo sobre pasó. El putt de eagle no entró en el hoyo pero si un cortísimo putt para birdie que ponía el -5 en su tarjeta total y que le aseguraba al menos el play off.

Detrás, en el partido estelar, Dustin Johnson había hecho birdie en el hoyo 17, y sólo tenía que hacerlo también en el hoy 18 para forzar el desempate. No lo hizo. Incomprensiblemente no lo hizo. En la cabeza de su putter tenía una bola a solo un pie del hoyo. Pero los putts cortos y decisivos no se meten con la cabeza del putter, sino con la cabeza que se tiene sobre los hombros. Ahí, de nuevo no juega la suerte, juega el temple y el “gran bombardeo” tembló.


Jordan Spieth
ganó el US Open y, tras el Masters de Augusta, se hacía con el segundo major del año de forma consecutiva. Y sólo tiene 22 años, pero bien trabajados: este torneo desde su mente a su swing los tenía preparados. Al fin y al cabo ya lo dijo también Georges Washington: "es mucho más fácil en todo momento evitar un mal que rectificar errores."

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