Dices Memphis y todo el ser, desde las uñas al centro del corazón, se te llena de música. El golf también es música. Pero Memphis es música sin mezcla de vacío alguno. Y el WGC FedEx St. Jude Invitational que se celebra ahí de jueves a domingo es música internacional.
Fundada en 1826 es demasiado joven esta ciudad para llevar tantos tonos antiguos en sus venas. Cuentan que la epidemia de fiebre amarilla de 1870 mermó en grado alarmante su población. Para repoblarla llegaron animosos y aventureros; gente generosa y algún truhán. Los nuevos habitantes originarios de una esclavitud liberada, y también agricultores y comerciantes, encontraron en esta ciudad, enclavada en el rincón donde se besan el Wolf y el Mississippi, la perfecta caja de resonancia de sus canciones.
La lista de nombres de gente de la canción, la composición y el feeling de Memphis es ella misma un canto: Elvis Presley, Aretha Franklin, Johnny Cash, B. B. King, Anita Ward. De aquí proceden o aquí crecieron (rock & roll, country o blues) los más significativos de las últimas décadas: Roy Orbison, Justin Timberlake, Tina Turner. Y ahora toda esa música la llevamos por los caminos del golf.
El St. Jude es un torneo cosancionado por el Circuito Americano y por el Circuito Europeo y sólo 63 jugadores han obtenido la invitación para jugarlo. Están tres españoles, lo que es una significativa presencia: Jon Rahm, Rafa Cabrera Bello y Sergio García.
Cuatro días después de terminado el Open, se las ven con este campo muy diferente y con unas exigencias en principio más livianas. Por un lado no está la presión añadida de jugar un grande. Tampoco hay el nivel de competencia que había en Irlanda del Norte la semana pasada, entre otras cosas por que juegan la mitad de golfistas.
Por otro lado, sin embargo, cada uno ya tiene que ir echando cuentas – seguro que lo están haciendo – para ver como quedar bien situado al final del “ejercicio”. La temporada regular tanto en Europa como en Estados Unidos toca a su fin.
En el país americano comienzan las series finales de la FedEx Cup y, recordémoslo, hay que estar entre los 125 primeros de la clasificación. Ningún problema para los españoles por este lado, pues Rahm está 10º, Cabrera Bello, 57º y Sergio García, 61º.
El que hace el 125º, posición que define lo que coloquialmente llaman “hombre burbuja”, es Daniel Berger y tendrá que defenderse, pues sólo tiene un torneo, el Wyndham antes de que el 8 de agosto comience el primero de los torneos Play Off.
Pero no cabe duda de que el WGC FedEx St. Jude Invitational ha reunido una buena orquesta – o convención de solistas, si lo prefieren – para seguir hermanando este encuentro con la capital de la música. De los 20 mejores del Ranking Mundial sólo faltan cuatro: el número 5, Tiger Woods; el 6, Francesco Molinari; el 14 y Rickie Fowler.
El cuarto que falta es el número 17 del Ranking Mundial y se llama Shane Lowry. Entendemos que le hayan dado permiso en casa para no ir al “cole” después de ganar la semana pasada del Open. Hay resacas blancas, dulces y sin alcohol. Son esos momentos posteriores a un éxito merecido.
Modestia aparte, yo he sentido alguna vez esa sensación de que el mundo a los pies se hace pequeño; parece que andas entre nubes y eres la admiración de tus coetáneos. Sucedió, lo recuerdo bien, hace diez años, por estas fechas. Era un lunes de una semana después de las rebajas de julio. Había estado tres días seguidos acompañando a tía Alicia de gran almacén en gran almacén; de tienda en tienda, de comercio en comercio.
Pocos suplicios se asemejan al de recorrer en silencio – porque hay que aclarar que no abrí la boca – kilómetros de perchas, millas de estanterías de zapatos, muestrarios de joyas y montones de calcetines desparejados acompañando en su compulsiva compra a mi déspota tía Alicia. No lo entiendo, porque nada literalmente en euros. Pero esa semana, ese ogro, arrampla con todo aquello que exhiba una etiqueta con un letrero que diga -30%.
Lo recuerdo. Sí, era lunes y mi banquero, que tiene órdenes mías de hacerlo, me envió una declaración de amor, es decir, del amor que me tenía en ese momento mi tía Alicia. “Distinguido Sr. (yo) me es grato comunicarle que hemos ingresado en su estimada cuenta la cantidad de 100.000 euros; ordenante Excma. Sra. Dª Alicia DDD, bla, bla, bla y tal”.
Puedo, pues, sentir los mismos sentimientos de deportiva euforia que debe sentir el irlandés triunfador en el Open.
Me levanté aquella mañana temprano, cosa de las once, y como si no pisara el cielo decidí abandonar yo también el golf e ir a darme un homenaje. Hasta me compré una corbata nueva en tonos magenta en Smith & Smith.
Volviendo a Memphis, capital de la música, tenemos que alegrarnos – un Himno a la Alegría – por el buen comienzo de Jon Rahm donde acabó la primera jornada líder con -8: ocho birdies sin errores. Él ha venido a Memphis a ganar y a lo mejor a cantar con Louis Armstrong: “I've just been down, down to Memphis town/That's where the people smile, smile on you all the while”.
Bien le vendría a Rahm la resaca blanca, dulce y sin alcohol de la victoria el domingo.






