El prestigioso club en el que no se admitían mujeres como socias ya dio un primer paso en 2012 cuando en él ingresaron Condolleza Rice y Darla Moore. Posteriormente, en 2014 lo hizo Virginia Rometty y el año pasado formó parte de la membresía Ana Botín.
No se precipitan, no, los regentes de la sede del Masters. Aguantaron carros y carretas frente a la presión social, política y de los medios de comunicación, pero al final dieron su brazo a torcer.
Eso sí, a su manera: nada de muchedumbres femeninas pisando la moqueta de su nívea Casa Club y menos el fairway de su famoso recorrido. Se conformaron con ese poco atrevido elenco de cuatro damas. Poco atrevido y selecto: Condolleza Rice, pensadora política, diplomática y Secretaria de Estado con Georges W. Bush; Darla Moore, inversora, filántropa y presidenta que fue de la empresa Rainwater fundada por su marido; Ginni Rometty actual presidenta y CEO de la compañía IBM.
Desde el año 2012, Rometty asumió la presidencia de la compañía, convirtiéndose en la novena Consejera Delegada y en la primera mujer al frente de la multinacional tecnológica; y Ana Botín, que no necesita presentación. Vaya cuatro patas para un banco… un banco de inversión, claro.
Mi tía Alicia está mosca porque a ella no le han invitado a ser socia. Más gallarda es la postura de mi prima Margarita a quien le tantearon, si me permiten la expresión, y les dio largas por varios motivos, no por el dinero, por supuesto.
Mas bien, son razones de sentido común, como el hecho de que viviendo a 6.705 kilómetros de la Casa Club de un campo que cada año cierra de mayo a octubre pocas veces iba a hacer uso de su carnet de socia. Y una razón suprema: hacerse valer.
.- Que esperen – me dijo-: en nuestra estirpe seguimos la máxima noble de nunca demostrar ansias por entrar en ningún sitio donde antes no nos querían. Lo contrario es esnobismo. Lo que te digo, duque: que esperen”.
La parsimonia modelo campiña inglesa con la que los directivos de Augusta National llevan gestionando el “ladies affaire”, no ha dado a luz un Master Femenino y con esa resistencia, el Masters sigue siendo el único major que no tiene replica femenina. “¡Hasta ahí podíamos llegar!”, habrán dicho en la sala de juntas.
Pero cuando a una mujer como la de usted, como mi prima Margarita o como cualquiera de las lideresas de la acción, se le mete un cosa entre sus preciosas orejas la cuestión tiene los días contados. Un socio principal, con granjas en Wisconsin se lamentó apurando un bourbon: “beauty draws more than oxen” (la belleza atrae más que los bueyes), o sea, el equivalente anglosajón del refrán español que no reproduciré aquí y que habla del poder del genio y de los atributos de la mujer.
Pero Augusta, como las apisonadoras, se mueve; despacio, pero se mueve. Ha dado otro paso medido y cauteloso. Los dirigentes del digno Club de Georgia crearon el Augusta National Women’s Amateur. Y, como hemos dicho, esa es la noticia: mujeres compitiendo en el Augusta National.
Y eso es lo que hemos tenido esta semana. Han jugado en el histórico recorrido sólo la última ronda, para preservar el estado del campo en las mejores condiciones de cara al Masters.
Llegados aquí, amigos socios de Augusta National, que desde antiguo llamasteis Azalea, Camelia, Magnolia, Jazmín de Carolina y otros nombres de flores a los 18 hoyos de vuestro campo, retomad de las estrellas la belleza; despertad a la hermosura.
Con damas entrando por Magnolia Lane veréis como vuestros días, vuestras tertulias y las tardes sureñas se os llenan del nombre y el perfume de mujeres extraordinarias: Ainhoa, María, Zoe, Jennifer, Catalina, Yuka, Haylee, Alicia.
Nada será igual en este rincón dulce. Georgia, donde se asienta vuestro admirado club, tuvo como primeros ocupantes a las mujeres y los hombres de una tribu prehistórica, llamada mound builders (constructores de montículos); ellos construían pequeños montes de tierra, para ceremonias rituales.
Os toca ahora a vosotros ser los nuevos mound builders, lo nuevos edificadores de un ritual diferente, el de los brazos abiertos, el de la comprensión de lo complementario, no de lo que imita lo peor de lo masculino. Mujeres en Augusta, como montes de relieve que señalan la nueva dimensión del tiempo, siempre superior al espacio. Mound builders seréis conservando lo digno y elevando las ideas sobre los prejuicios. Mound builders que escriben la nueva historia de un deporte de raíces nobles.
Lo visteis este sábado en el público que asistió a la ronda final. Tuvisteis que emocionaros, no me digáis que no, con el abrazo de la segunda clasificada, la mexicana María Fassi, felicitando a la primera mujer que gana un campeonato en Augusta National, vuestra compatriota y su amiga Jennifer Kupcho.
En un día de abril, la primavera lleno de pulsiones nuevas el corazón de ese club: mujeres de Augusta.






