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Este domingo se jugaron en Austin (Texas) las dos últimas series de partidos del Campeonato del Mundo, el WGC Dell Championship; por la mañana las semifinales y por la tarde la final, y tercer y cuarto puestos.
Rafael Cabrera Bello se enfrentaba a Louis Oosthuizen en semifinales. El otro encuentro lo disputaban Jason Day y Rory McIlroy. Por tanto, al español le tocaba el más fácil de los tres posible, pero en golf, como en otras facetas de la vida, no hay enemigo fácil cuando uno mismo no está con confianza.
El español perdió de calle – 4&3 – contra el sudafricano. Y si me preguntan qué es lo que le pasó, qué bloqueó su camino hacia la final les diré que la serenidad perdida. Y, por lo visto en el campo, la serenidad se perdió enseguida, en algún momento cuando el cerebro mandó un mensaje negativo o de miedo al subconsciente del canario.
Era mucho lo que se jugaba. Nunca había llegado tan lejos en un Campeonato del Mundo. Por eso, perder el primer hoyo pudo suponer un precoz revés a sus aspiraciones. El bogey con el que se ponía 2 abajo en el hoyo 5, una puñalada en su coraje y el doble bogey del hoyo 7, que le dejaba tres abajo, una patada en el velo del paladar de su swing.
Pudo venir la buena racha, pero no vino, cuando en el hoyo 8 Oosthuizen hizo bogey, y en el hoyo 9, cuando el sudafricano tiró al hazard su segundo golpe. Eso permitió que la diferencia se redujera a sólo un golpe.
Y comenzó la segunda vuelta igual que la primera: un birdie de Louis Oosthuizen volvía a poner en 2 la diferencia. Y ahí el bloqueo del español parecía ya inamovible o con tendencia a empeorar. De hecho, se sucedieron tres putts fallados – hoyos 12, 13 y 14 – de esos que hasta él mismo sabía que en los días anteriores hubieran ido al fondo del hoyo.
Ya lo hemos escrito mucha veces, la confianza es el palo más importante de la bolsa y en la del español es palo se había quedado en algún green de los jugados el sábado.
La otra semifinal, la que enfrentaba a Jason Day y Rory McIlroy fue bastante igualada. Pero en el hoyo 12 el australiano cogió el bastón de mando y apenas flaqueó. Controló su ventaja de un hoyo arriba desde el hoyo 14 y descabelló en el hoyo 18 para terminar 2 Up.
Para la tarde quedaron la final, con Jason Day favorito y, el partido para el tercer puesto con Rory McIlroy como otro favorito. Y, de pronto, se produjo un cambió parcial de decorado.
Decimos parcial, porque en el partido estelar, ese que da el triunfo, se cumplieron las previsiones y el australiano Jason Day estuvo prodigioso, con golpes espectaculares que barrieron cualquier sueño del sudafricano: ganó 5&4. Una victoria indiscutible que atornilla a Day en el nº 1 del Mundo hasta el Masters.
Pero en el partido de consolación, llegaron los consuelos para los aficionados españoles. Pudimos, al principio, ver ligeros vestigios de aquel bloqueo hasta el hoyo 8, cuando Rory McIlroy se mantenía con una ventaja de un hoyo. De hecho en toda esa primera parte del recorrido el canario no hizo un sólo birdie. Pero Rafa empató en el hoyo 9 y volvió la música de su mejor juego.
El español hizo su primer birdie del día en el hoyo 11 y se puso por debajo también por primera vez en la jornada. El norirlandés le empató en el hoyo siguiente queriendo hacer bueno el refrán de cuán poco dura la alegría en casa del pobre.
Pero si el pobre tiene pundonor y confianza los gozos pueden volver más felices de lo que fueron. Reviven encendidos como lámpara luminosa. Y fue así como renació la mejor versión de Rafael “Nunca-Me-Rindo” Cabrera Bello. Hizo birdie al hoyo 14 embocando un putt de más de 4 metros: 1 arriba. Ganó con par el hoyo 15: 2 arriba, y de nuevo birdie para vencer en el hoyo 16 y adjudicarse el partido 3&2.
La síntesis es que Rafael Cabrera Bello ha visto que sus sueños para este WGC Dell Championship se han cumplido. Primero porque al pasar a octavos de final ya se metía entre los 50 mejores del mundo y adquiría su derecho a jugar en el Masters de Augusta.
Pero esos sueños han sido sobrepasados al quedar 3º en este Campeonato del Mundo: es el primer español en llegar a tan alta posición y podrá estar en todos los grandes de la temporada. Además de ganar unos cientos de miles de dólares, sube como un cohete en las clasificaciones para colarse en el Equipo Europeo de la Ryder Cup y, lo más importante, se ha ganado un poco más a sí mismo.
Si por la mañana parecía que las cañas se volvían lanzas, con este tercer puesto ha sacado una rentabilidad del ciento por uno a su inversión en entrenamiento y tesón y constancia.
Ya lo decía esa santa, infatigable luchadora del amor y la compasión, Madre Teresa de Calcuta: “para hacer que una lámpara esté siempre encendida, no debemos de dejar de ponerle aceite”.