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UNA CITA EN LA VIDA

Hora de los ausentes: José María Olazábal no estará en el Masters de Augusta

Faltan tres semanas para el esperado primer grande y llegan las primeras noticias de bajas. Lesiones y otras circunstancias se cruzan inoportunas en las agendas de los profesionales.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Tener la posibilidad de jugar en Georgia es un lujo, un honor y un derecho reservado a pocos, algo casi exclusivo si consideramos el gran número de profesionales del golf que hay en el planeta.

Entrar por Magnolia Lane hasta la Casa Club supone un lujo no sólo por lo que es, sino por lo que significa. Si juegas al golf en este privilegiado experimentarás una satisfacción inmensa. Pero hacerlo en la primera semana de abril tiene una inigualable interpretación: eres por tus méritos deportivos miembro de la élite del golf. Y eso hace respirar de otro modo.
 
Por todo ello es un honor reconocido por todo el que entiende de golf y al que en algún momento aspira cualquier profesional, al menos como sueño.
 
Figurar en la lista de los invitados no se consigue con suerte o aval de celebridades, sino a través de éxitos deportivos tasados – actuales o recientes – en campeonatos. También por haber ganado alguna vez la legendaria chaqueta verde del Masters. Aquí sólo cuenta el mérito.
 
Nadie renuncia a este derecho fácilmente: sólo causas mayores pueden obligarle a uno a este sacrificio. José María Olazábal acaba de anunciar que no estará en Augusta.
 
Es la hora de los ausentes. Pocos como el guipuzcoano forman parte de los fieles a la cita. Apartado por lesión en algunas ediciones anteriores (1996 y 2010), los últimos años disfrutaba como un crío del florido recorrido del primer major de la temporada. Dice Chema sobre este augusto recorrido: “me da una paz interior y una tranquilidad que no siento en ningún otro lugar”. Qué sensación tan extraordinaria ¿verdad? poder hablar así del propio lugar de trabajo.
 
Sin embargo, la enfermedad es ahora en él más fuerte que el querer y tiene que decir “no” a su “sí” más deseado: “He pasado meses muy duros encerrado en casa; ahora me encuentro mejor. Por las mañanas doy un cubo de bolas y pateo unos 45 minutos, entre pitos y flautas entreno unas tres horas. No me planteo metas ni fechas, la analítica se mantiene y es buena señal, lo importante es que remitan los dolores. El proceso es lento y toca ser muy paciente”.
 
Llorábamos tu lágrima. Sí, Chema, hablo de esas lágrimas seca que no desborda el dique de los párpados porque la elegancia y las buenas maneras la detienen. Tú mensaje de ausencia es telegrama de presencia, porque al ver a tantos compañeros tuyos pisando la bermuda la propia imaginación dibujará la imagen de tu huella. Porque al ver la bola volar por los aires aletearán con ella recuerdos de tu swing y tu dominio. Y porque se enfunde la chaqueta verde quien corresponda recordaremos que dos veces antes (1994  y 1999) ya lo hiciste tú, vencedor del tiempo, torcedor del destino y victorioso del dolor.
 
Por eso, cuando te veas a ti mismo siguiendo la evolución del torneo a este lado de la pantalla del televisor, a éste nuestro lado, hazlo seguro de pensar que para nosotros, capitán europeo de la Ryder, continuas en el campo de golf del Masters.
 
Estarás con nosotros poniendo nombres de flores a los hoyos de Augusta: azalea, manzana silvestre, enebro de Virginia… Pero ahora sembrando tú, nuevamente tú, las plantas que más importan: la flor de la deportividad, el trigo del coraje y el mejor olor a la magnolia de la grandeza de alma.
 
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