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¿Cómo te sientes? ¿Cómo lo has sentido? Son preguntas típicas de golf. Son hasta tópicas. El sentimiento – el feeling – es un factor esencial, pero difícilmente cuantificable. Cómo en el dolor, en el feeling no hay una escala y quien lo experimenta sólo puede dar vagas ideas… excepto mi tía Alicia.
Una vez se le ocurrió pagar los eficientes servicios de un profesor de golf. Intenté disuadirle. No, no crean que lo hacía por cicatería, ni mucho menos por restar ingresos a estos profesionales a los que admiro. Precisamente es por el profesor por lo que yo hacía fuerza para que tía Alicia no apareciese por el Driver Range a recibir clase de golf. No me hizo caso y el tiempo me dio la razón.
Yo no le acompañé; gracias a Dios, me dijo que no me necesitaba y se fue sola, pero todo me lo contó un socio que daba bolas justo al lado de mi pariente.
Y mi tía iba ejercitándose bien con golpes correctos.
.- Bien, señora – decía el profesor –; intente no bajar por fuera.
.- ¡Oh!, ¿sí?
Y así otras buenas instrucciones hasta que, según mis fuentes, mi tía Alicia, dio un gran golpe.
.- Bravo, señora – enalteció entusiasta el profesor – ¿Cómo lo ha sentido?
.- ¿Perdón? – inquirió mi vieja pariente, más cómo asombro del atrevimiento que como verdadera interrogación.
.- Le preguntaba que cómo se siente después de esa gran swing.
.- Mire, caballero –comenzó pausadamente tía Alicia, apoyándose un poco en el hierro 9 que llevaba en la mano y levantando armónicamente ceja izquierda y mandíbula -. Miré caballero: no suelo ir contando mis sentimientos ni a mi familia, mucho menos voy a permitir que usted me psicoanalice. Le ruego, se ciña a orientar mi juego, no mi vida personal.
El profesor, que ya tenía referencias, no añadió nada más y el resto de la media hora transcurrió sin sobresaltos…salvo que mi tía Alicia dejó de dar golpes buenos y suspendió sine die la salida al campo con Margarita y conmigo. Buena noticia para mí.
El feeling, ¡oh el feeling! El swing hay que sentirlo en todo lo que tiene de grato. Un swing repetido con feeling es adictivo. Pero fiar el juego a los sentimientos es, con permiso de mi venerada prima Margarita, lo mismo que vivir el noviazgo sin más base que la atracción.
Sin feeling y sin sensibilidad es difícil jugar bien al golf o disfrutar del amor humano, pero la cabeza debe estar presente para disfrutar (sacar fruto) y que no sea sólo una pasajera diversión (un sorbo de aire fuera de la ruta).
Supongo que estas sesudas reflexiones habrán dado sentido a las victorias de hoy de Rafael Cabrera Bello, la primera en octavos de final frente a Byeong-Hun An (retirado en el hoyo 11 cuando ya perdía de 4) y, la segunda en cuartos frente a Ryan Moore (2&1).
Hemos visto en todo el torneo a un Rafael Cabrera Bello sereno y con la cabeza sobre los hombros. Esto le permitió ganar sus dos primeros partidos de la fase clasificatoria y pasar la ronda empatando el siguiente partido.
Los ojos de los aficionados estarán el domingo por la tarde fijos en la pantalla de la televisión para ver si consigue ganar en semifinales al correoso
Louis Oosthuizen. Pero para que todo esto sucediese, para que se consumase la venganza contra el único que venció a
Sergio García y lo apartara del camino, ha tenido que venir un trabajo largo, paciente casi de hormiguita.
Las semifinales se sirven frías. Si el juego del golf en general no es para pasionales, ni trágicos. La modalidad Match Play – hoyo a hoyo y uno contra uno – necesita un coctel particular de frialdad extra en copa de témpano.
Y parecía que Rafael “Nunca-Me-Rindo” Cabrera Bello se había bebido toda la cosecha. Ni un gesto de más. Ni una sola mala cara, por ejemplo cuando en el hoyo 16, par 5, de su partido contra Ryan Moore, se fue de salida al agua. No sólo eso, sino que a ese hoyo le hizo el par, mientras su contrincante no fue capaz de ganárselo.
Sí, feeling sí: pero Rafa tenía también preparación remota (no jugó ningún torneo la semana pasada); se plantó en Austin (Texas) el domingo anterior y dio varias vueltas de prácticas al recorrido estudiando trayectorias, caídas, vientos, árboles y hasta, probablemente, las huellas de las ardillas.
Y tenía Rafa preparación próxima: en los cinco partidos jugados desde el miércoles sus andares, los andares del alma también, eran lo más semejantes a los de un jugador local experimentado y elegante.
Haga lo que haga el domingo, ya está entre los 50 mejores del mundo, lo que le da derecho a participar el Masters de Augusta en dos semanas. Ya es el mejor situado de los que no estaban entre los mejores: se enfrentará al número 16 por la mañana y al cabeza de serie 2 o al 3 por la tarde.
Es el resultado de un entrenamiento consistente y de una tarea de todos los días, callados días, oscuras noches lejos de su isla, y más aislado en el sacrificio de sus propias impaciencias. Quién sabe lo que pasa por la cabeza de alguien así un fría tarde de cualquier enero en cualquier esquina de cualquier hotel del mundo. Sueños sí, pero trabajados.
Podríamos decir, remedando a Pablo Picasso, que el feeling me pille trabajando.