Que la economía europea y de la Eurozona en particular está estancada no es una novedad, por mucho que lo haya certificado la Comisión Europea a principios de este mes. Los últimos datos de crecimiento del de PIB de la Unión Europea reflejan un incremento del 1,3% y de la Eurozona de tan sólo en 0,8%, con un crecimiento mucho menor en Alemania y Francia y una importante caída en Italia.
Esta situación tiene sus riesgos, de prolongar un estancamiento que lleve a una recesión o permanecer con tasas de precios negativas –deflación-. Por ello, el Banco Central Europeo (BCE) lleva meses desarrollando una política monetaria expansiva, es decir dinero más barato que bonifique el crecimiento económico facilitando los préstamos y penalizando el ahorro (ya hay tasas negativas para depósitos de gran volumen en algunos bancos europeos).
¿Será suficiente? De momento los estímulos que intenta transmitir Mario Draghi, aun siendo positivos, no están consiguiendo reactivas la economía, especialmente por el freno que en muchas ocasiones están poniendo los bancos, el mecanismo transmisor a la sociedad y ciudadanía de este dinero barato. Por ello, en paralelo y porque se puede llegar a una misma solución –recuperación económica- con distintas medidas, se ha puesto en marcha el denominado Fondo Juncker en honor a Jean Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea e impulsor del mismo.
Con este plan se busca apuntalar el crecimiento para los próximos años, especialmente en el lado del incremento de empleo inyectando 320.000 millones de euros en diferentes proyectos, que presentarán los países interesados y financiará la Comisión.
Oportunidad y riesgo
Este tipo de iniciativas es una aplicación de políticas keynesianas (estímulo con dinero público de economías en crisis), que sí fueron un éxito para ayudar a la salida de la gran crisis del año 29, en Europa y especialmente Estados Unidos (New Deal). Pero, como suele ser común en este caso de controversias económicas, está enfrentando a los partidarios de políticas económicas más clásicas sin intervención de agentes externos frente a los más acérrimos defensores de John Maynard Keynes.
El principal riesgo es que estas medidas de estímulo no consigan apuntalar el crecimiento y el empleo y tan sólo consigan aumentar el déficit público. Diferentes economistas señalan como ejemplo cercano lo sucedido en España, con el Plan E, puesto en marcha por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Si nos centramos en el resultado de esta medida (a la que podemos añadir el estímulo puntual que se realizó con la devolución de 400 euros en el IRPF), no podemos negar el fracaso. La economía cayó estrepitosamente y el déficit se disparó. Tan sólo la medida de los 400 euros costó cuatro veces más de lo que se consiguió ahorrar con la congelación a posteriori de las pensiones.
¿Significa esto que el plan Juncker será un fracasó? No. Hay diferencias que al menos nos hace ser mucho más optimistas:
1. Momento elegido. El Plan E se decidió implementar cuando nuestra economía estaba en caída libre y en momentos así los estímulos o inyecciones económicas suelen ser devorados por la propia espiral de la crisis: caída de ingresos, desempleo… Mientras que momento elegido para lanzar el Plan Juncker es de estancamiento o crecimiento débil -quizá la máxima preocupación la tenemos en Italia que sí está en PIB negativo- por lo que más que parar una situación de crisis es un impulso a un crecimiento que aun le faltan apoyos.
2. El tipo de proyectos. Es seguramente el punto más cuestionable del Plan E. No se hizo un análisis adecuado de donde invertir y se dio dinero a los Ayuntamientos que lo destinaron, como si se tratara de una carta a los reyes magos, en todo tipo de proyectos, muchos de dudosa utilidad: ampliación de aceras, columpios, césped artificial para campos de fútbol…. Proyectos que nada más terminaron –y con ellos los contratos de trabajo- no tenían continuidad económica, ni mejoró productividad ni eficiencia. Simplemente sirvió para crear unos pocos puesto de trabajo, durante muy poco tiempo y a un enorme coste.
Por el contrario, ahora la prioridad es crecimiento mucho más sostenido, con inversiones analizadas y duraderas. España habría solicitado fondos para 60 proyectos de infraestructuras: redes de transporte, energía y tecnologías de la información (entre los que destaca llevar Internet de alta velocidad a zonas rurales). Con ellos, más allá del empleo que se cree en el proceso de desarrollo, se mejora la eficiencia económica y ayuda a crear un mejor clima económico para el crecimiento futuro.
– Ver en Hechos de Hoy, La mejor forma de financiar nuestras compras de Navidad y Reyes.
– El Rey subrayó en Alemania -en la primera visita de Felipe VI y Letizia– la necesidad de que todos los países de la Unión Europea contribuyan a retomar la senda del crecimiento económico sostenible, porque ese desafío afecta a la percepción de los ciudadanos sobre la credibilidad y eficacia de las instituciones y de la propia integración europea
– El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, presentó a François Hollande en El Eliseo un plan de interconexiones cuya financiación se pretende que lo asuma la Unión Europea. Viajó con siete ministros (Economía, Fomento, Industria, Empleo, Justicia, Interior y Educación).
– La presidenta andaluza, Susana Díaz, informó que ha pedido una entrevista con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y una reunión con la Comisión Europea, al considerar que "ha llegado la hora de soluciones de verdad" y que es necesario que España y Europa "miren hacia las regiones del sur".
– En el comienzo de diciembre. entre otros factores, los nuevos síntomas de desaceleración en China y el desplome del petróleo impusieron los números rojos en las Bolsas de Europa. El IBEX 35 se dejó un 0,9%, hasta los 10.672 puntos.




