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UN FINAL TREPIDANTE

En el Masters de Augusta gana un luchador llamado Patrick Reed

Nos quedamos con el mejor juego de los mejores; Jon Rahm (-11) cuarto; una espectacular remontada del tercero, Jordan Spieth (-13) y un segundo que es un caballero de primera, Rickie Fowler (-14)

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Sentado en la Terraza Oeste de la Casa Club a la hora del aperitivo, veía y escuchaba el bullicio de las criaturas que participaban en el Torneo Oso Bogey. Bajo tan creativo nombre juegan una prueba de golf los más menudos de los clubs españoles. Padres agobiados, niños inquietos, madres solícitas, fotos, selfies y toda esas cosas que convierten un día de golf en algo parecido a una yincana.

En fin, no sé si un club distinguido debe prestarse a estos espectáculos pero, por lo que dicen los que saben, eso crea animación y acerca a las familias al golf. Que así sea.

El día era soleado, por lo que me entretuve con un catavinos de fino e imaginando el futuro golfísticos de aquellos locos bajitos. Había un chaval especialmente parecido a Seve Ballesteros, acompañado de su rubia mamá que le llevaba un batido. Tierna imagen, qué duda cabe.

En estos pensamientos me sumergía mientras engullía aceitunas cuando se pararon los relojes, el sol, las nubes y, con la boca abierta, el padre del niño que se parecía a Seve.
Un perfume -inconfundible “First” de Van Cleef & Arpels- precedió a una sombra estilizada y a la cálida voz de la más bella de las socias de este y de todos los clubs al Este del Guadalquivir.

.- Buenas tardes, primo: resulta que no he podido jugar. ¡Todo ocupado por un americano: un tal Oso Bogey!-  se lamentó con voz cantarina.
.- Sí, bella prima,  pero no es un señor: Oso Bogey es un torneo-festival dedicado a los niños y jóvenes para animarles al golf…
.- Chico, en Wentworth, sin estos shows la gente terminaba jugando al golf de maravilla.
.- Déjalo, chica: los ingleses nacen con un blaster debajo del brazo y su cerebro viene equipado de serie con el kit “swing perfecto”.
.- Cierto – admitió mi hermosa pariente, mientras la terraza recuperaba renuente la normalidad, aunque un sénior no queriendo perder de vista la anatomía de mi pariente casi sufre una contractura de esplenio y escaleno derecho de tanto girar el cuello sin previo calentamiento.

Luego, ella, me pareció expresarse con un deje de ironía en su siguiente observación:
.- El mecánico y, sobre todo, la ayudante de cocina de tía Alicia estaban de muy buen humor esta mañana.
.- ¿La bruja les ha subido el sueldo? – pregunté – intentando el imposible de desviar el tema.

Pero el tema salió.
.- Primo, cazurro: tú los sabes: en la porra apostaron sus dos euros por  Jon Rahm y Patrick Reed.
.- Sí – me lamenté -; y yo por Rafa Cabrera Bello.
.- Así es; y yo por Rory McIlroy. Gran domingo de Golf en Augusta. Isn´t it?

Y así se presentaba y así salió la ronda final del Masters de Augusta 2018.

Aunque los nervios se habían apoderado de la fluidez del swing de Patrick Reed en los dos  primeros hoyos, enseguida recuperó su aplomo. Rory McIlroy que empezó bien no consolidaba su posición; su mala mecánica de putt le condujo a bogey en el hoyo 3 y en el 5.

Mientras, terminando el recorrido un inglés genial quería batir el récord del campo. Era Paul Casey que logró, entre otras proezas cuatro birdies y un eagle en cinco hoyos, los que van del 11 al 15. No pudo ser; lo que Augusta te da Augusta te quita: hizo bogey en los dos últimos hoyos. Lástima.

En los primeros nueve hoyos el que sí hizo un recorrido prodigioso fue Jordan Spieth con cinco birdies que le auparon a la tercera plaza que, por entonces ocupaba Jon Rahm. Siguió en esa tónica; casi fue el único que hizo ese ejercicio de poner birdies que presionaran al líder. en el hoyo 13, par, 5 desde la pinaza se jugó un golpe que voló el riachuelo y le permitió tirar para eagle; no lo fue pero sí birdie y  ya estaba a dos golpes del líder.

Pero el líder, Patrick Reed – apuesta de la ayudante de cocina – no flaqueó tanto como para perder la tranquilidad relativa de la cumbre.

Esa tranquilidad si tembló cuando con escasos  segundos de diferencia Jordan Spieth hacía birdie en el hoyo 16 mientras Patrick Reed empotraba la bola en la orilla del Rae’s Creek delante del hoyo 13. En ese momento Jordan empataba en cabeza con el tejano y llevaba 9 golpes por debajo del campo a falta de dos hoyos.

En esa situación no dura la alegría de los pobres. Y el pobre Spieth se enfrentaba la rico juego del tejano que no daba tregua.

Jordan Spieth en el hoyo 18 vio truncada la espectacular remontada cuando su salida golpeó una rama y no pudo recuperar para hacer par. Termino con -8 en el día y -13 en total: un sobresaliente juego con insuficiente resultado. Pero sus comparecencias en Augusta todas están en Top 5, incluida una victoria.

Las decepciones fueron dos: Rory McIlroy falló con el putter y eso en el Masters es el verbo de la frustración.

La otra decepción fue el final de Jon Rahm; desde el error del hoyo 15, con su bola al agua no recuperó ni el resultado, ni el ánimo, ni mucho menos la compostura deseable en un caballero del golf. La parte positiva para el vasco es que le queda tiempo para ganar un Masters, recomponer su ánimo y, con un poco de ayuda comportarse como un caballero, también cuando las cosas no salen.

Y todas las felicitaciones por el resultado tienen que ser para el  ganador, para el más combatiente y competidor, para Patrick Reed.

Me llega un mensaje de la ayudante de cocina de mi tía Alicia: “Ya se lo decía yo, señorito; esto lo ganaba ese gordito, Paquireed”.

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