Encarnizada lucha en la Presidents Cup, en tierra de Sangmoon Bae
El equipo Internacional (Australia, Sudáfrica, Japón, Corea, Tailandia, India) y el Equipo USA dejaron para el último día, jornada de individuales, conocer al vencedor en Corea.
En la última actualización de su blog el profesor Alfonso Méndiz incluye un anuncio que ha sido epidémico más que viral. Con más de 10 millones de visitas se trata de una maravillosa story telling que no voy a desvelar, pero que termina con una de esas frases muy de pensamiento oriental que te dejan tocado: “Hay mucha más verdad de la que tu puedes ver”.
Es cierto, ¿no creen? ¿No se han tropezado nunca con gente con una gran bondad en un corazón que escondían entre brumas de frivolidad? ¿No han visto esos grupos de personas – anónimas para los que sólo se ocupan de sí mismos – que se pasan horas sirviendo a los demás olvidados de sí?
En la vida, como en el golf, no siempre lo más popular es lo más excelso. Bueno, para mi tía Alicia es justo lo contrario: Dígale usted que algo es popular, que se lleva muchísimo y que es muy “democrático” por que la gente toda lo sigue y te suelta que abomina de los eslóganes y las frases hechas.
.- Yo tengo para ellos mi propio eslogan – añade -: “un millón de moscas no pueden equivocarse: coma usted excrementos”. Bueno, ella acaba con una palabra sinónima más contundente, diríamos.
Con todo, en ese exabrupto encierra un denuncia sobre un tipo de censura que padece la ciudadanía: los lugares comunes. Esa es la peste. Ese es el prejuicio. Esa es la trampa para masas y perezosos mentales: se instala un tic en el proceso de elaboración del pensamiento y éste se encarga de vaciar y de viciar: de vaciar la mente de todo indicio de espíritu crítico y creativo; de viciar la búsqueda de lo que vale la pena. “Lejos de nosotros la funesta manía de pensar” es una frase atribuida al rector de la Universidad de Cervera, proferida para alagar el oído de Fernando VII y proclamar la fe absolutista.
Pero sin tan pomposa declaración vemos comportamientos, escuchamos frases y nos rodean persona que son la perfecta encarnación de lo políticamente correcto, de la frase manida – “esto tiene que salir sí o sí”, “malo, no: lo siguiente” -, y del pensamiento único.
El golf es uno de esos espacios donde no ha llegado de modo invasivo la vulgaridad, pero donde ya se sufre la inclemencia de la vagancia del entendimiento. Por no alargarme con una lista de zafiedades y engañifas me detendré en dos: la supuesta altísima superioridad norteamericana en golf y el presunto individualismo del golfista.
Sin tener que acudir a las últimas Ryder Cups que enfrentaron a Estados Unidos con Europa, basta haber visto estos días la Presidents Cup que se juega en Incheon, Corea para desmentir esas afirmaciones.
Al término de la tercera jornada, después del juego por parejas, el marcador arrojaba un ajustado 9,5 a 8,5 a favor del Equipo USA frente al Equipo Internacional donde se agrupan golfistas no europeos (Japón, Tailandia, Australia, Sudáfrica y Corea). Estados Unidos: el poderío aquí es cuestión de volumen. Es un gran país con cientos de campos de golf y millones de licencias, de donde salen el porcentaje razonable de estrellas.
Pero, de pronto, a miles de millas de allí, aparece un paisano llamado Sangmoon Bae, que juega por primera vez la Presidents Cup y hace un memorable recorrido haciendo pareja con Hideki Matsuyama para mojar la oreja a todo un par de renombrados jugadores: Jimmy Walker y Chris Kirk. Les propinaron un colosal 6&5. El parangón en tenis sería un escándalo, por eso en golf las se esfuman en una tarde cualquiera, camino de cualquier hoyo.
La otra historieta tópica, no pensada y repetida mil veces, es la de que el golf es de individualistas. Vamos a ver: un partido de golf no es, efectivamente, una ONG de atención a la tercera edad. Quien compite contigo es un compañero contrincante y si puedes ganarle debes ganarle. Pero todo lo que rodea el juego está lleno de normas, reglas y hábitos de cortesía y deportividad desgranados a lo largo de siglos para que el “otro” se sienta confortable mientras juega contra ti.
Por eso se guarda silencio cuando el compañero va a golpear la bola; por eso se practica la cortesía de evitar pisar la línea por donde en el green va a ir la bola del otro; por eso, en fin, se procura dejar el green sin marcas que dificulten el juego a los que vienen detrás.
Pero además en el juego por parejas se piensa en el compañero, se colabora con él y se le presta todo tipo de ayuda para que pueda ejecutar su golpe de perfección. Y en casos como este trofeo, la Presidents Cup, en lo que se piensa es en el conjunto, en la propia nación o en el continente.
Lejos de los clichés, también en el golf “hay mucha más verdad de la que tu puedes ver”. Claro que para verlo hay unas gafas llamadas “ponerse en la piel”. Ponerse bajo la epidermis de otro hace el milagro de ver y sentir el corazón herido o el corazón alegre. ¿Deportividad? No: humanidad.