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Empecé a ver por televisión la primera jornada del PGA Champions acompañado de mi prima Margarita y de la carabina: mi primo Gonzalo. No era mala compañía. Incluso la labor de carabina de mi primo es llevadera. Bastante más llevadera que su colección de opiniones sobre golf, actividad a la que llegó desde la hípica por amor a su actual esposa que lo practicaba. Vamos, que sabe lo mismo de golf que yo de astrofísica.
.- ¿Esto es un recorrido, primo? – dijo al ver una panorámica de Whistling Straits. – Pero, si parece el campo de entrenamiento de las Fuerzas Especiales después de unas maniobra con fuego real. Primo, ahí hay más boquetes que después de un bombardeo.
.- Gonzalo, tanto salto con caballo, debió golpearte las meninges con secuelas irrecuperables – intervino Margarita -: lo que tu llamas boquetes son conocidos en el mundo del golf como bunkers. Y la verdad es que hay muchos.
.- Concretamente 1.000 – informé orgulloso de tener datos desconocidos para mis parientes – es una de las ideas originales del arquitecto Pete Day que dan su personalidad a este recorrido.
.- Un despilfarro, primo, un despilfarro – se rió Gonzalo -, pues de es millar no entran en juego ni el diez por ciento.
En eso acertaba. Pero con el viento que hacía en la tarde de la primera jornada y la cercanía de la vasta extensión del Lago Michigan, no dejaban de imprimir un acento intimidatorio a los jugadores.
En Casa Club, era líder Dustin Johnson (-6) desde el final del turno de mañana. Y en la ventosa etapa vespertina todo el interés estaba en el partido de los “winners”, de los que habían ganado los grandes del año y el que defendía título. Jordan Spieth, Zach Johnson y Rory McIlroy.
Margarita sorbió un trago de su Martini Bianco y comentó.
.- Parece que el norirlandés nos ha engañado a todos con lo de la rotura de tobillo. ¡Pero cómo va a ser rotura si lo mismo golpea una bola con los pies en el agua que trisca como un rebeco por las dunas y montañas! Para mí que todo es un truco publicitario.
.- No sé, prima – le dije y bebí un poco de mi Martini Bianco con Casera, lo más “it” – estos jóvenes deportistas se recuperan pronto. Si hasta Gonzalo,aquí presente, está harto de caerse y levantarse como un resorte.
Durante lo que quedaba de tarde, pudimos ver cómo los greenes, secados por el viento y el sol se iban volviendo más rápidos: parar una bola cerca de bandera era más difícil que hacer sonreír a mi tía Alicia con un chiste.
Mientras la situación en cabeza parecía inamovible, el partido de los ganadores de majors alcanzaba a terminar los primeros nueve hoyos sin novedades: Jordan Spieth, Zach Johnson y Rory McIlroy, los tres, iban al par del campo.
Si en la película Yo Robot el sueño del robot Sonny revela al detective Spooner (Will Smith) que junto al Lago Michigan se halla el lugar del almacenamiento de todo un ejercito de robots preparados para hacerse con el poder, en el PGA se demuestra el principio opuesto, es decir, en golf no hay automatismo: las dificultades del campo a orillas del mismo lago estabán siendo un test para la imaginación, la creatividad y el talento de los jugadores.
Y creatividad, imaginación y talento había que tener para jugar por la tarde, al menos en la primera parte. Un dato: sólo dos jugadores del turno de tarde estaban en el top 10 y no más de cinco en el top 20. Hay que recrear las funciones de la naturaleza para hacer proezas y cosas diferentes.
Por eso tiene una digna y atractiva belleza esa particularidad del juego que consiste en que no hay dos golpes iguales; ni, si de diesen dos golpes iguales, nunca se producirían idénticos resultados. Esta será sin duda una de las condiciones que inocula adicción entre los jugadores de golf. Volvemos porque nada es igual y todo puede ser mejor.
Los españoles tuvieron una presencia desigual: mientras Pablo Larrazábal se hundía en un +7, Miguel Ángel Jiménez hacía una vuelta de +4. Por su parte Sergio García ya había terminado al par y Rafael “SiempreMeLevanto” Cabrera Bello, que había terminado sus primeros nueve hoyos con +2, salía cuatro hoyos después a la superficie y se ponía al par del campo. Algo de infortunio en su último hoyo le llevó terminar +1. El viernes a ver en que se queda el corte de este muy difícil PGA Championship.
Al final, apurando los martinis, me decía mi prima Margarita al oído.
.- Lo que yo te diga, en este deporte los operados, lisiados y lesionados como Rory juegan mejor porque se vuelven más listos y cautos.
Y yo me acordé de algunos socios seniors de mi Club.