Una vez mi abuelo me contó sobre un tren muy raro que pasó por el Paradero de Camarones. Un día antes de su llegada, un hombre que jamás le dirigió la palabra se le sentó al lado, con los codos apoyados en la mesa del Jefe de Estación, a medio metro de los teléfonos.
En los puentes, alcantarillas y cruces a nivel también se apostaron individuos igual de silentes. Los niños que entonces tenía mi pueblo, le dijeron adiós al convoy como si fuera cargado de misteriosos juguetes. En verdad eso parecían aquellas cosas alargadas, cubiertas como esculturas sin desvelar.
Luego se supo, por una crisis que estuvo a punto de provocar el fin del mundo, que eran cohetes nucleares. Estoy convencido de que ni el maquinista sabía lo que llevaba su tren. Debió atar los cabos al ver a Kennedy, con tono amenazante, en la televisión.
Aún cuando ninguno había participado en la decisión de convertir a su país en un arsenal atómico, la mayoría de los cubanos salieron a las calles a insultar a Jruschov por haber decidió llevarse los cohetes de regreso a Moscú.
-¡Nikita, mariquita, lo que se da no se quita! -gritaban con una explosiva mezcla de euforia con ignorancia.
La situación actual de Venezuela y la manera en que se ha manejado desde La Habana la situación del paciente Hugo Chávez, me recordó aquella historia de mi abuelo en la que el secreto era la parte más importante de la estrategia.
Esta vez el mundo está fuera de peligro, pero Cuba vuelve a situarse en la misma encrucijada. Los niños que le dijeron adiós al tren con los cohetes velados, se han convertido en prematuros ancianos. El exceso de esperanza les hizo perder hasta la más mínima ilusión.
Aunque la mezcla de su estado de ánimo ya no es explosiva, tendrá las mismas consecuencias. Al final se verán obligados a salir a las calles a gritar contra alguien, que acabará siendo el culpable de la nueva crisis que les espera si Chávez no responde a los antibióticos.
– Camilo Venegas, escritor y periodista cubano, reside en la actualidad en República Dominicana.
– Según informaciones de Hechos de Hoy, Raúl Castro visitará Chile entre el 26 y 28 de enero para asistir a la cumbre Celac-UE. En Santiago coincidirá con Mariano Rajoy, François Hollande, y Angela Merkel.







