Lo del Tour Championship fue bello mientras duró. La tabla de clasificación al comienzo de la ronda final era abrumadoramente europea. Cierto que un destacado Tiger Woods figuraba en cabeza. Pero de los representantes del Equipo de Estados Unidos para la Ryder Cup no había ninguno hasta el puesto sexto que ocupaba Tony Finau.
En medio, copando el Top 5, sólo jugadores del Equipo Europeo: Rory McIlroy y Justin Rose empatados en segundo puesto. En cuarto lugar Jon Rahm y en quinto Paul Casey.
Hay que hacer notar que se habían clasificado los doce componentes de americanos de la Ryder para el Tour Championship, última competición de la FedEx Cup, torneo de la regularidad del Circuito Americano. Del lado europeo, faltaban seis jugadores: Ian Poulter, Tyrrell Hatton, Thorbjørn Olesen, Alex Noren, Henrik Stenson y Sergio García.
Pero, de momento y antes de mirar a Atlanta, me he quedado con mis buenas sensaciones al comprobar dos rasgos de humanidad que reflejan la esencia de este el deporte. Uno es el homenaje tributado por los Cyclones de fútbol americano de la Iowa State University a su deportista del año, Celia Barquín Arozamena, asesinada el pasado lunes. Ha sido un homenaje con una masiva, hermosa y bien sentida puesta en escena. Qué bien honran los yanquis a sus muertos. Cómo hacen suyos a los que les han dado su confianza y trabajo. Qué envidia.
El otro rasgo conmovedor lo han protagonizado las golfistas que han competido en Sitges el Estrella Damm Ladies Open. Estas damas lucían lazo negro en la gorra en homenaje póstumo a Celia. Descanse en Paz. Sí en Paz con mayúscula como su corazón generoso roto a cuchilladas junto al lago del hoyo 9 de Cold Water Links Golf.
Y ya en Atlanta, capital Coca-Cola, la espuma la había puesto el sábado el juego de Tiger Woods que, lleno de burbujas de vida, entregó una tarjeta espectacular en la que en los ocho primeros hoyos había hecho siete birdies sin errores. Luego terminó ese día con 65 golpes.
Resistieron finalmente Justin Rose y Rory McIlroy que se quedaron a tres golpes. El norirlandés saldría con Tiger en el partido estelar en un aperitivo de lo que podremos consumir en París.
De los treinta profesionales que luchaban por la FedEx Cup y el fabuloso cheque que otorga al ganador – el de cifra más alta de todas las competiciones – la parte última de la tabla ofrecía situaciones muy malas: por ejemplo Phil Mickelson, con +2 en el día y un +13 en el total.
En la lucha de la cabeza, pronto se abrieron las hostilidades, los golpes geniales y la presión psicológica. Golf de muchos quilates. Caras de concentración. Miradas de púgiles envueltas en la buenas formas, good manners, de este bello juego. Pero como decíamos al principio, fue bello mientras duró.
Nada. Nadie pudo finalmente presentar oposición a Tiger Woods. No hizo el californiano un partido colosal, +1 en el día. Pero es que pronto debió ver que no lo necesitaba. Hizo su birdie al hoyo uno y el resto de los primeros nueve sólo pares para alejarse de todos; luego tres bogeys y un birdie más.
Eso era suficiente porque Justin Rose hizo +3, Jon Rahm +2 y Rory McIlroy +4.
¿Estaba todo el pescado vendido? Probablemente todo, sí. Todo menos el guión de una película de ensueño, la de un año en que Tiger Woods venía del abismo de cinco años y cuatro meses sin victorias y con muchos problemas de salud.
Salir como ha salido del pozo a volar por las alturas de sus mejores días es algo sorprendente, quizás reservado a los héroes de leyenda. Estaba descartado y ahora es él quien reparte juego. Desahuciado, es el amo del palacio. Con un espíritu abismado entonces y disfrutando de su mejor golf ahora. Sólo consigo mismo dando bolas en su club hace meses y arrastrando masas y medios en este domingo de Atlanta.
Es una historia inspiradora para quienes a veces no ven la salida del túnel, cualquiera que sea el camino. Hay salida en toda senda. Y Tiger que ya ganó la FedEx Cup en 2007 y 2009, no la gana este año, pero sí el Tour Championship 2018. La FedEx Cup se la lleva, no sin emoción el inglés Justin Rose.
Fue bella mientras duró y terminó hermosa la historia de una semana que nos había herido el alma. Viva el golf en el Cielo como en la tierra.






