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EN LA CHISPA DE LA VIDA

Jon Rahm combate con éxito en el Tour Championship

Europa juega en Portugal. El PGA Tour termina este fin de semana los playoff de la FedEx Cup. Tenemos ahí a los mejores del circuito y entre ellos destacan Justin Rose, Tiger Woods, Rickie Fowler y un potente Jon Rahm.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Había hoy tema europeo para escribir. Se celebraba el Portugal Masters con amplia presencia española. El campo era el del Victoria Dom Pedro Golf Course. ¡Que buenos recuerdos del verano!

Es un Club que está a un tiro de piedra del Hotel Tivoli Marina, Vilamoura, donde estuvimos mi prima Margarita, tía Alicia y yo en julio. No les voy a poner los dientes largos, pero fueron días de gran nivel. Excepto la vueltecita en yate por la costa del Algarve. Miren ustedes, el mar me encanta. Me encanta como los pajarillos, la ardillas y las serpientes cascabel: ellos allí y yo aquí.

No sé si me entienden: la Creación es admirable, pero en la Biblia no dice que tengamos que estar arriba y abajo en un cascarón sobre las olas, ni compartiendo el Martini y las aceitunas con los armadillos, los petirrojos y las gaviotas. “Cada uno en su casa y Dios en la de todos”. Por cierto, se habrán fijado que he entrecomillado el texto.

Bueno, pues además del placer portugués, la presencia de un nutrido grupo de españoles y los recuerdos de la sonrisa triste de Margarita a los sones de un fado,  el día daba para hablar de Europa. Pero entre todos los detalles, merecía la pena estar atento a Sergio García, cuya reaparición, justo la semana posterior a ser elegido por el Capitán del Equipo Europeo, despertaba interés por ver cómo andaba de juego.

Pues el de Borriol entre el hoyo 8 del  jueves y el hoyo 15 del viernes había hilado ocho birdies sin fallos. Llegó a estar en el top 10. Pero en el hoyo 16 se equivocó. Más se equivocó en el hoyo 17, un asequible par 5 donde hizo otro bogey. Y sobre todo se equivocó en el último hoyo enviando la bola al agua de salida. Y ahí yace ahora, en el puesto 25º. Pero más que nada está postrado anímicamente, en una apreciable falta de autocontrol ante el fallo. Palabras que riman con “gruta” salían de su boca y aún más de sus gestos.

Pero, qué quieren,  todo se lo perdonamos, porque era el único jugador con un lazo negro en luctuoso homenaje a Celia Barquín, la golfista apuñalada hasta muerte en su campo de Iowa. ¿Y los demás? Pues cada uno a lo suyo, nada de crespones. ¡Sí hasta el equipo infantil de mi Club va a Huelva a jugar el Pentaclub y cada una y cada uno lucirá un lazo negro!

¿Negro? Negro el mundo de indiferencia. Negro el telediario, el minutito de silencio y negro el olvido. Que su alma blanca nos ilumine, por Dios.

Así que ahora mismo me marcho de Europa y me quedo viendo la segunda jornada del Tour Championship, donde se dilucida el campeón de la regularidad, el campeón de la FedEx Cup.

Allí, en Atlanta, capital de la Coca-Cola, a diferencia de en Vilamoura, no hay un nutrido grupo de españoles, ni la Escuadra, ni una manifestación de patriotas. Que va. Pero está Jon Rahm que, bien mirado, sí está lleno de nutrientes, él solo es una escuadra o una división acorazada y cuando sale por el tee del hoyo 1, alguno quiere llamar a los antidisturbios pues tiene las dimensiones, el porte sereno y la determinación  de una manifestación de mineros.

Cuando empecé a ver la transmisión el vasco estaba tercero, pero a los pocos minutos estaba primero. Y es que en los nueve primeros hoyos se hizo seis birdies por sólo un bogey. Los otros nueve los empezó con mal pie, bogey en el hoyo 10 y en el hoyo 14. El birdie del hoyo 18 lo redimió reponiéndolo por los puestos principales.

Traía el vasco gestos de ganador, swing de ganador y un aire de capitán de navío enfadado con la marea, pero dispuesto a vencer a los elementos.

Los elementos en este caso eran 29 jugadores que, con él son los que han quedado de la criba de los tres torneos “playoff” jugados con anterioridad. Y entre estos sujetos estaban gente deportivamente intratable como Tiger Woods y Rickie Fowler. Algo de ellos, de su combatividad debió afectarle al cortex prefrontal o a la parte del cerebro que se encargue de la función “no tirar bolas al agua”, porque en el hoyo 15, par tres de amplio green, el de Barrrica envió con poderío inigualable su bola al agua para hundir junto con esa esfera sus posibilidades inmediatas de alzarse con el triunfo.

El mundo da muchas vueltas y quedan dos días de apasionante golf de mucho quilates o, estando como estamos en  Atlanta, capital Coca-Cola, un millón de burbujas para encender “la chispa de la vida”, “el sabor de la vida” y para un estelar Tiger Woods, un brillante Rickie Fowler, un flemático Justin Rose y un luchador del norte Jon Rahm algo, quizás el golf que “destapa la felicidad”. Todo entrecomillado, al menos para uno de ellos.
 


– José Ángel Domínguez Calatayud está persuadido de que la vida imita al Golf.  Pertenece a la Comunidad de blogueros de Hechos de Hoy.

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