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MUERTE EN EL HOYO 9

Celia Barquín, la jugadora de golf asesinada mientras entrenaba en Iowa

Nos hemos enterado de tu muerte, Celia, en pleno comienzo del curso. La prensa y las redes se han hecho eco de tu asesinato. Cruel, sin sentido, absurdo como toda muerte inocente a manos de otro.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Te mató a cuchilladas en el hoyo 9 del Colfwater Golf Links (Iowa) y luego arrojó tu joven cuerpo al lago de ese mismo hoyo. Sola y trabajando. Sola y en el golf al que jugabas ya como una profesional aún sin el carnet. Sola, como se quedan los que triunfan cuando se retiran las cámaras y silencian los aplausos.

Tu corta, ahora más bien cortada biografía nos llegaba a retazos, a flashes de noticiero, como golpes de approach en el green de tu vida: joven de 22 años, nacida en Torrelavega, en Cantabria tierra de campeones; tus estudios y horas de entrenamiento; tus competiciones de amateur poderosa; tu paso por la Blume; tu traslado a Estados Unidos, como tantas jóvenes españolas del golf para graduarse y crecer en golf. Y te matriculas en la Universidad Estatal de Iowa; a punto ya de terminar Ingeniería Civil, nada menos.

Celia, ¿por qué amabas los retos? Ingeniería Civil y golf a la vez. Superando asignaturas exigentes como hoyos de campos imposibles. Triunfando hace dos meses en Eslovaquia en el Campeonato Individual Femenino de Europa.

No descansabas y este lunes, como tantos otros, fuiste pronto por la mañana a entrenar a tu campo de Iowa. Allí tres madrugadores seniors muy generosos – sabían que su juego más lento que el tuyo te frenaría – te cedieron el paso. Como mandan los cánones del golf y de la caballerosidad.

Y ahí te fuiste tú, swing y sonrisa, a repetir lo que siempre es irrepetible: dar golpes de golf uno tras otro hasta completar la vuelta de los 18 hoyos. Es un juego, Celia, lo sabes y, para ti, un trabajo. Es el entrenamiento que con las competiciones te preparaba para saltar a los circuitos profesionales y de ahí alcanzar las cimas más altas  como tantos compatriotas tuyos: Seve, tu paisano; Sergio, tu referente; Rafa, Miguel Ángel; Azahara; Carlota; y Chema y tantos. Y tantas.

Tenías 18 hoyos por delante atenta siempre a los detalles; 18 hoyos que fueron abortados por un criminal de cobarde cuchillo en mano. No completaste ni la mitad del recorrido, cuando tu asesino te asaltaba. Pero no te rendiste: el mal bicho, ya detenido, llevaba las marcas de tu resistencia. Hiciste potente tu defensa porque eres “la que más ha luchado, la que más ha trabajado, la que más ha entrenado”, como decía una conocido tuyo.

La vida imita al golf. Y la muerte. Nada se puede hacer cuando el recorrido ha terminado y has entregado la tarjeta. Y nada se puede acometer para merecer cuando acaba el tiempo, Celia. Debes estar ya en el único Salón de Fama que importa. Imagino a Emma Villacieros dándote el discurso de bienvenida.

Te imagino a ti respondiendo segura y con tu proverbial sonrisa con una cita de la paulina Carta a Timoteo: “he peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe”. Estabas en lo que tenías que estar: el deber. Otro, tu asesino, cruzaba frente a ti el umbral del mal.

Pero tú ya has crecido a lo más alto; has dado el último estirón. Lo has hecho, Celia y los Iowa State Cyclones, los titanes de tu Universidad van a rendirte un homenaje llevando tus iniciales en el pecho sobre el escudo: CB. A fuego podríamos nosotros grabarlas en tu recuerdo entre el corazón y los ideales, allí donde anidan los valores.

Te aseguro Celia que no voy a guardar un minuto de silencio por ti. ¿Guardar? ¿Un minuto? ¿Un silencio? Custodiaré horas calladas por el fairway intentando comprender la muertes absurdas. Y las vidas entregadas. Horas de silentes plegarias entre el tee y el green por ti y los compañeros. Horas de silencio de hoyo en hoyo del campo, de persona en persona hasta completar el recorrido de la vida sellando sonrisas perennes como la tuya Celia Barquín. Nunca un minuto.

Barquín. Dice el diccionario de la RAE que “barquín” es un término en desuso tomado del diminutivo de “barca”, con el que se nombra al “fuelle grande usado en las ferrerías y fraguas”.

Pues, Celia, podrías desde Cielo ser barquín que insufle a las jugadoras de golf cálido aire de deportividad, ardor vital, afán de superación, respeto y tenacidad. Y a todos nosotros el tesón de imitarte en no rendirnos ante el trabajo, el estudio o el golf.

Con un nudo en la garganta pienso en tus valientes padres y en tu hermano Andrés, que declaraba hoy: “Era muy querida y a pesar de que estábamos en la distancia intentábamos hablar siempre que podíamos todos los días, nos queríamos un montón y es una cosa que nos va a costar mucho a partir de ahora, pero queremos mantener el gran recuerdo que teníamos de ella”.

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