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LOS IMPOSIBLES NO SON DEL GOLF

Cabrera Bello, único español que salva el corte que lideran dos estadounidenses

Zach Johnson (-6) y Kevin Kisner (-6) saldrán juntos en el partido estelar. No es suerte, es mérito. The Open es exigente y hay quien lo conquista. El campo de Marte era este viernes el campo de Carnoustie.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Viendo el desarrollo –a veces caótico, a veces tenso, a veces canalla – del segundo día de The Open uno puede tener tentaciones de pensar en el azar. Cierto es que en los dos días de este major hemos visto golpes de ejecución impecable que han merecido la penitencia de un doble o un triple bogey.

Cierto que hubo bolas que pudiendo acabar en la fosa (esto no son bunkers, son hoyas de enterramiento) se quedaron al borde del abismo. Cierto, finalmente, que putts cortos se fallaban por milímetros, por un brizna de hierba mal peinada. Pero eso no quita para que afirmemos con rotundidad que las condiciones generales del campo eran las mismas para todos.

Y, sencillamente unos las gestionaron bien, otros las gestionaron mal y otros no las gestionaron en absoluto.
Difícil, sí y mucho: después de dos días de golf en el Carnoustie Golf Club sólo 28 de los 156 jugadores que tomaron la salida han ganado al campo.

Podemos conceder que los que salieron primero sufrieron la lluvia y los de la tarde no. Pero en el cómputo de estos dos días la igualdad de trato es la regla general.

Con todo, muy pocos profesionales se han divertido. Sonrisas se vieron pocas. Tampoco lágrimas, excepto las de Sandy Lyle, pero estas de emoción: este era el último Open para el veterano escocés 60 Years Old, que deja la competición después haberlo jugado 42 veces seguidas.

Ni sonrisas, ni lágrimas, pero caras de funeral, cabeceos de impaciencia y gestos de frustración  en prácticamente en todos. Jon Rahm y Zander Lombard lo expresaron gráficamente arrojando sus respectivos palos al suelo con furia ante sendos errores.

El viernes podía entenderse lo mal que lo estaban pasando algunos con sólo ver su gesticulación. Personalmente jugué, con bastante acierto, a saber el resultado de los golpes de los jugadores quitando el sonido del televisor. Me puse, incluso, la limitación de ni siquiera mirar dónde terminaba la bola. La sola figura de esos profesionales era un elocuente discurso de lo que les ocurría.

Los hay más expresivos como Jon Rahm o Pat Pérez (¿quién vigila el vestuario de este señor). Pero también aquellos que habitualmente tienen la expresividad de Putin, manifestaban ademanes y gestos, breves, apenas apreciables para quien no les conozca, pero que delataban una presión interior insoportable. Por ejemplo Rickie Fowler que ante putts que no ha fallado en su vida y que ahora no entraban, musitaba agravios como rosario de jaculatorias distinguibles en su labios.

.- He asistido a funerales más festivos – exclamaba mi tía Alicia – Estos chicos, ¿Están ahí obligados o voluntarios?
.- ¡¡Voluntarios!! – saltó de gozo mi primo Gonzalo, como si hubiera resuelto la pregunta más difícil del concurso  “Saber y Ganar”.

Tía Alicia le miró con desdén por encima de las gafas y añadió:
.- Pues, chico, podrían poner mejor cara.-

Yo no estaba tan de acuerdo. Son voluntarios pero se juegan algo que para ellos, quizás no para nosotros, es importante. Lo veía yo más como al cirujano ante una operación delicada y con medios escasos. ¿Sonreiría el doctor? No: preparación, experiencia, concentración y buen pulso son las únicas cosas que le separa del chapucero para no matar al paciente.

En este panorama de un Carnoustie que enfrenta a los jugadores hasta la orilla de sus limites más hondos muchos no han podido más y han caído. Y hablo de primeras espadas del Golf mundial.

John Rahm, nº 5 del Mundo en estado de desorientación hizo +7 en el día; un desconocido Justin Thomas, nº 2 del Mundo, +6 en el día; El nº 1 del mundo, Dustin Johnson, +1 en el día, pero con +6 en el total no pasó el corte que quedó en +3. Sergio García (+4) tampoco lo pasó, ni Jorge Campillo (+5), debutante.

Antes de decir algo más de otro español, quiero llamar la atención sobre el hecho de que en el Top 10, antes del fin de semana,  hay seis de Estados Unidos,  por dos sólo de Europa, Rory McIlroy (-4) que derrotó a la lluvia y Tommy Fleetwood (-5) que presentó la mejor tarjeta del torneo con 65 golpes. Y estamos en año Ryder.

La frase del día es una frase para olvidar y la profirió Sergio García (+4): "No lo sé", respondió el castellonense al ser preguntado por si había perdido la ilusión y la alegría por jugar al golf. Y estamos en año Ryder.

Vamos a despedirnos con esperanza. Esperanza en golf se escribe Rafa Cabrera Bello. El canario, el que nunca se rinde, arañó un golpe al campo este viernes: iba al par en el día al enfrentarse al hoyo 14 y debió percibir que aquel era el momento para hacer un birdie y poder seguir el fin de semana. Y lo hizo.

Le separan dos día y ocho golpes de la cabeza. Y puede porque .os imposibles están en otros juegos: acaso en los de azar.

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