El otoño romano es placentero y sereno, amable, a veces interrumpido por una lluvia, que le da a la ciudad un aire diferente. Los fogones romanos vuelven a sus platos contundentes; llegan las setas, tan apreciadas por los romanos, las alcachofas que preparan de manera singular y la pasta se abriga con salsas más adecuadas a la estación.
La eterna Roma es un crisol de gastronomías regionales. No parece que la nueva cocina haya penetrado con fuerza en la capital de Italia. Por el contrario, dominan los restaurantes, hosterías y trattorias con recio sabor popular y tradicional. La verdadera mesa romana se encuentra representada en algunos locales que conservan las antiguas recetas de la cocina judía, el único y viejo vestigio de la coquinaria de la ciudad.

Dentro de ese abanico de cocinas destaca este restaurante que practica al mismo tiempo una forma de cocinar heredada de la vieja tradición romana y de la contundente y singular que se practica en los Abruzzos.
Situada en el barrio residencial del Parioli, la Ambasciata d´Abruzzo es realmente sede diplomática de la gastronomía de esa tierra. Un local amplio, con varios comedores; uno de ellos con una hermoso celler, donde conviven variedad de vinos italianos entre ellos algunos abruceses. Abierto en 1964, el restaurante es la vida de Roberto Poggi, responsabilidad que comparte con su hija Roberta y su hijo Riccardo. Como en casi todos los restaurantes tradicionales de Roma el comedor es un escaparate.

En la entrada encontramos todo tipo de llamativas verduras en un abigarrado y colorista bodegón; a su lado una inmensa fuente cubierta de hielo muestra parte del festín marino proveniente de la cercana costa: desde las doradas a las cigalas; más allá varios tipos de setas- este es un país de micófagos- que llaman la atención por su tamaño, y al final unas hermosas cestas de mimbres llenas de todo tipo de embutidos, algunos por su forma desconocidos para nosotros. Forman parte de la riqueza de esa tierra, de la que el local se proclama embajador.

Lógicamente componen el primer plato obligado. El atento camarero sirve la cesta entera, pone a disposición del comensal una tabla y un cuchillo y le invita a disfrutar de esa variedad de chacinería de cerdo y jabalí que, todo hay, de primera categoría. Se pueden degustar diferentes tipos de salami, mortadella, prosciutto o el particular culatello, que es una variedad especial del salchichón. Después hay que probar alguno de los típicos antipasti, literalmente traducido significa platos que se sirven antes de la comida propiamente dicha.

No faltan las famosas alcachofas hervidas con su toque de menta, la mozarella de búfala, recién llegada y de gran tamaño que podemos degustar con un poco de aceite de oliva y sal, unas anchoas en aceite, hongos salteados y así un sinfín de pequeñas sorpresas. Hay fritos de verduras y pescado en la más rancia tradición romana, que tiene en el arte de la fritura raíces hebraicas.

Las pastas son excelentes. En línea con la cocina local los bucatini all´amatriciana, pasta con salsa de tomate, bacon y queso pecorino, un queso de oveja. Macceroni alla chitarra cacio e pepe, hechos en casa valiéndose de un aparato que corta la pasta denominado chitarra, por su parecido a las cuerdas del instrumento musical. Hay como decimos hermosas alcachofas, verdura muy querida por los romanos y que da pie a un plato de pasta; los linguini con alcachofas.

Más conocida es la receta de los spaghetti a la carbonara con yema de huevo, bacon, queso pecorino y pimienta negra.
Como remate los platos más contundentes, esos que han dado fama a la cocina del abruzo: cordero o cerdo con patatas, a elegir o la tagliata di manzo. Excelente carne roja, aromatizada con romero y que lleva aceto balsámico, tomates y esa verdura de sabor amargo conocida como rughetta.
Los postres van del tiramisú a la zuppa inglesa, pasando por la mousse de chocolate o los profiteroles.
En cuanto a los vinos los hay de toda Italia y algún foráneo pero en la casa le presentaran algunos del abruzzo que hacen un buen papel con el tipo de cocina que se práctica.
El local tiene una terraza cubierta y está ubicado dentro de un dédalo de calles del particular y aristocrático barrio del Parioli, donde uno parece olvidarse del bullicioso trajín del centro romano. Un local muy para esta estación.
FICHA
Ambasciata d´Abruzzo
Vía Pietro Tacchini,26 (Roma)
Tel : 068074964.
Abierto: todos los días.
Precio aprox: 45 euros
Tarjetas de crédito: todas







