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EN EL PAÍS DEL ORANGUTÁN

Alejandro Cañizares sale en el partido estelar en el Maybank Malaysian Open

El madrileño Alejandro Cañizares parte con -15 y comparte partido con el líder austriaco Bernd Wiesberger (-17) a la conquista de su tercer título.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Justo detrás del austriaco Bernd Wiesberger y del español Alejandro Cañizares se juega un partido también luminoso, quizás con luz lunar; es el que enfrenta al veterano Lee Westwood y al también inglés Paul Waring.
 
Antes de ese día decisivo en el top 10 figuran el austriaco, dos españoles con Álvaro Quirós en 9ª posición, los dos citados ingleses, el indio Anirban Lahiri, el estadounidense Paul Peterson, el canadiense Richard T. Lee, el australiano Jake Higgingbottom y, cerrando la decena, el francés Grégory Bourdy.
 
Para llegar al partido estelar, Wiesberger entregó en le tercer día una tarjeta de -9 y Alejandro Cañizares se sacó de la bolsa de palos o de su ingenio – quién sabe – un eagle en el hoyo 16, un par 4 de 291 metros: su golpe de approach se metió con su segundo bote en lo profundo del hoyo. No sonríe el mucho el enjuto español pero sus dientes blancos fueron por un momento más visibles que esa aguda barba que le da “un aire entre tierno y triste” que cantaba Serrat.
 
Para estar luchando en los puestos de privilegio por ganar un torneo hay algunos datos que tienen que ser síntomas de excelencia: en golpes por vuelta (stroke average) ha pasado de 71,41 en 2008 a 69,42 en 2015; en precisión con el driver (driving accurancy), es decir drives que acaban en el fairway, no está tan bien, sólo un 61%, cuando llegó a estar en un 76,4%, pero, como dicen los golfistas profesionales, “drives for show and putt for dough” o aquello más conocido y tópico de que “el drive da la gloria y el putt la victoria”.
 
Y es precisamente con el putter, en los golpes en el green cerca de la bandera, donde el madrileño de la triste figura presenta el más espectacular avance: su media de putts por vuelta es ahora de 27,82. Ocupa el sexto puesto europeo en esta clasificación. Y, lo que es más importante, son 3 menos que hace siete años. Extrapolando esa diferencia a una competición regular de cuatro días significa 12 golpes menos por torneo. Es una cantidad algo más que respetable que, de consolidarla, pueden darle ese plus de confianza necesario para mantener la serena tensión, o la tensa calma de la que nace una victoria. Alejandro da una media de 1,7 putts en Green en Regulación (GIR).
 
El año pasado, Alejandro Cañizares ya ganó el Hassan II Golf Trophy. Tiene además otro trofeo ganado en 2006, The Imperial Collection Russian Open y este año se le ve en forma y con posibilidades: ha jugado tres torneos (cuatro con el actual), ha pasado en todos ellos el corte y tienen un top 10, al quedar hace quince días 8º en Catar.
 
Naturalmente no todo depende de él: sus inmediatos contrincantes son excelentes y respiran la mismo ansia de victoria, si no más. Mientras el madrileño es 35º en la Race to Dubai, Wiesberger es 11º y quedó segundo empatado aquí el año pasado.
 
Sin menospreciar a nadie – eso en golf es garantía de error – a quien hay que vigilar de verdad es al defensor del título: Lee Westwood. Ocupa el 29º puesto de ranking europeo, y lleva ya ganados 23 torneos en el Circuito Europeo; está en plan feroz porque aunque no vaya en el partido estelar, este torneo, lo tiene confesado, le gusta más que otros.
 
El torneo, que se juega en el Kuala Lumpur Golf and Country Club esta rodeado del verdor del bosque malasio. Es un lugar ideal para jugar al golf salvo por la humedad de la época de las lluvias. Pero ese esplendor de naturaleza, de agua y de vegetación no invita, sin embargo al trabajo duro de una jornada final de un match. Les voy a contar la anécdota de Pongo.
 
Pongo no es un nombre propio, ni la primera persona del presente de indicativo del verbo poner. Pongo es como se conoce al género de primates haplorrinos de la familia Hominidae, que entre nosotros llamamos orangutanes. Poca gente sabe – salvo mi prima Margarita que lee todo lo legible sobre los países a los que va a viajar – que la palabra orangután viene del malayo Orang Hutan, que se traduce como hombre de la selva.

Pues bien, entre los malasios se transmite de generación en generación la firme creencia de que los orangutanes son realmente como hombres e incluso más inteligentes que los hombres: dicen que si los orangutanes no hablan es para que no los pongan a trabajar.
 

Está claro que un orangután no va a ganar nunca en golf ni en nada. Y menos si, como esta confirmado, cada tarde se construye en los árboles un nido con hojas donde duerme más de diez horas, a las que hay que añadir su siesta diaria de dos o tres horas que no perdona ni para ir al campo de prácticas a dar bolas.
 
No así el golf malasio que anda muy despierto con figuras emergentes y con torneos como su Open que concita el entusiasmo internacional. ¡Aúpa, Alejandro!
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