La última visita que he hecho a mi padre me ha dejado muy apenada. No por él, -afortunadamente estamos pasando una buena racha y se encuentra tranquilo y estable-, no. Mi pena fue producida por algo que escuché sin querer mientras estaba con él.
Dos hermanas que tienen a su madre ingresada en el mismo centro que está mi padre hablaban de comprar ropa nueva para ella. Una de las hijas quería hacerlo y la otra no, y el comentario que me dolió en los oídos fue: – ¿Para que vamos a gastar en eso? Si total está hecha una pena y no se entera de nada. Ignoro en que quedó la cosa. Pero salí de allí pensando en la fácilmente que caemos en la insensibilidad más absoluta en algunas ocasiones.
Este asunto de la indumentaria en personas ancianas parece que, con cierta frecuencia, se presta a actitudes parecidas a las de la hija “ahorradora”. Damos por sentado que a cierta edad da igual ir hechos una facha, poco arreglados o mal conjuntados.
Pues estoy completamente en desacuerdo con ese punto de vista. Creo que la vejez,- y mucho más si hay una enfermedad como el Alzheimer por medio-, ya nos quita suficientes cosas.
No es que vea el hecho de envejecer como algo negativo, es estupendo llegar a una edad avanzada por lo que significa de vivencias, trayectoria y proyecto vital realizado.
Pero los años, que nos dan una visión más sabia y comprensiva de la vida y sus circunstancias, nos piden a cambio toda una serie de contraprestaciones que se va llevando por delante capacidades físicas, habilidades, incluso estados de ánimo optimistas,- todos conocemos a algún anciano de los que tiene la muletilla de “yo ya no quiero vivir”-.
Por todo ello a mi me parece que es importante ayudar a mejorar la percepción de si mismo de las personas mayores, sanas o enfermas. El disponer de un vestuario que, sin ser muy amplio, permita ir arreglado; el no perder las pequeñas costumbres como un lápiz labial o un colonia favorita; el decirles “guapo o guapa” con toda sinceridad (no son tontos, ya saben que hay arrugas y la Ley de la Gravedad ha operado en sus cuerpos, pero cuanta belleza hay en ocasiones en ese gesto suave o esa sonrisa llena de benevolencia); el no permitir que vayan descuidados: con uñas sin cortar, o sin afeitar…todo esto ayuda a sentirse mejor, a percibirse mas como persona que como objeto.
La vejez no suele ser alegre, las cargas físicas y mentales que produce hacen perder el buen humor a muchos que lo tuvieron y a todos los que anduvieron escasos. No es necesario empeorar las cosas por nuestra poca empatía con quien está pasando por esa etapa de la Vida..por la que, casi todos, vamos a pasar.
Hacerse viejo no debe de significar perder el gusto, la elegancia o el interés hacía uno mismo. Y si la persona en cuestión no puede hacerlo sola yo creo que es algo que podemos hacer por ella los familiares. Me espanta la unión de vejez y desidia.
Y estoy convencida de que los enfermos de Alzheimer se enteran de mucho más de lo que creemos. Tal vez no puedan verbalizar o ya no tengan memoria, pero la percepción del cariño, de las atenciones, de los cuidados y los mimos, la mantienen mucho tiempo…y es tan fácil mejorar un poquito su situación con pequeños detalles.





