En este Día de la Madre en su país la expresión Webb de hace unos años sobre su vida familiar es gráfica de todo un carácter: “quiero decir, que creo tener una gran familia como es la mía. Sabes, aspiro a dar todo lo que tengo cuando estoy en el campo de golf, y cuando me voy no quiero pensar en el golf. Y me acuerdo casi a diario de que el golf es sólo mi trabajo, no es lo que soy”.
Efectivamente, los norteamericanos celebraban este domingo el Día de la Madre. Era una jornada en rosa. También en el recorrido de golf del TPC Sawgrass. Organización, público y jugadores se volcaron en gestos, guiños y referencias a la celebración. El color rosa teñía las suaves praderas junto a los greens y las carpas de hospitalidad. Los vídeos de relleno rotulaban con fuentes más o menos cursis sus proclamas con el Happy Day, Mom!
Pero, qué quieren, es un país que no se arruga cuando hay que hacer homenajes a personas con valores. Es habitual su fortaleza para honrar a sus soldados. Resulta envidiable su devoción a la Patria – sí, he escrito patria – centrada en la bandera. Y el otro pie de este trípode de honda admiración es la Familia, singularizado en el amor a la madre.
Que el golf se sume a este canto a la madre es lo normal, pero no por ello menos admirable. Lo asombroso es lo contrario. Lo que puede repugnar a la razón y al sentido común es que haya países, públicos y hasta jueces que no den el alto lugar debido a las Fuerzas Armadas que los defienden, a los signos de la Patria que los ponen en la Historia y a la Maternidad a la que adeudan la vida.
Bueno pues ¡feliz Día de la Madre! queridos amigos del otro lado del Charco.
Y a tan señalada efeméride llegó en The Players Championship tremendamente eficaz un sólo hombre: Webb Simpson. Cuando a las 14:45 hora local de Ponte Vedra (Florida) salía por el tee del hoyo 1 ya sacaba siete golpes al segundo y compañero de partido estelar, Danny Lee y ocho a otra pequeña tropa de competidores.
Todo eso era así porque Webb Simpson había presentado en las tres jornadas anteriores tarjetas de 66-63-68 golpes. Ese 63 del viernes le valía para empatar en el récord del campo. Y a punto estuvo de mejorarlo. Lo habría hecho si no hubiese ajustado su golpe tanto en el mítico hoyo 17 que se fue al agua y cometió doble bogey.
El jugador líder, nacido en Carolina del Norte, tiene fijada ahí su residencia junto su esposa, Taylor Dowd, y sus hijos James, Willow Grace, Wyndham Rose y Mercy Dowd; ya se ve, los nombre serán familiares pero suenan a golf con potencia. Por ejemplo, Wyndham Rose es un manifiesto homenaje a su primera victoria en el PGA Tour; corría el mes de agosto de 2011, fue en Greensboro cuando ganaba el Wyndham Championship.
Supo Webb administrar la diferencia a favor con la que había salido a jugar. En este domingo todo sonaba a golf para este joven que no ganaba desde 2013, cuando en el Shirners Hosopitals for Children triunfaba en su último torneo.
Su vuelta del domingo se vio favorecida menos por su juego, conservador hasta el aburrimiento, que por los errores de unos rivales que nunca atemorizaron al líder de Carolina del Norte.
Sí, nos gustaron los doce primeros hoyos de Tiger Woods, que se ponía -6 en el día y recortaba cinco de los once golpes que le llevaba Webb. Pero un fallo con su approach de apenas 60 metros primero, y el bogey de hoyo 14 truncaron cualquier posibilidad. La bola al agua del hoyo 17 y el consiguiente doble bogey apuntilló al californiano.
Y lo mismo que él Danny Lee y otros pocos acabaron sin motivación para cualquier asedio al líder. Hemos asistido a una gran y merecida victoria de Webb Simpson quien una vez dijo: “Para ser honesto, nunca me preocupé por ganar”.
Pues a lo mejor es un bueno que los demás repliquemos esta actitud en nuestro juego. Ganaremos o no, pero seremos triunfadores sobre nuestra mente y en la cercanía a los amigos.






