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NO JUGAR PARA UNO MISMO

Tú, ¿para quién juegas a golf? Rafael Cabrera Bello resplandece en Catar

Empecemos, comme il faut, felicitando a Cabrera Bello, que encabeza la clasificación al término de la segunda jornada del Commercial Bank Qatar Masters.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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El canario Rafael Cabrera Bello ha hechos dos rondas de 66 y 65 golpes en el Doha Golf Club. Dos recorridos, prácticamente sin errores: en 36 hoyos lleva hechos 1 bogey solitario y 14 birdies. Además, 33 hoyos en regulación (el par de cada hoyo menos dos) y, por no aburrir con más datos, un media de 26 putts por green en regulación. Estamos junto al desierto caminando sobre hierba y no sobre arena, pero Rafael parece estar volando sobre las nubes, con swing de rayo envuelto en cadencia de algodón.
 
Ese tipo de juego no es habitual y mantenerlo requiere un entrenamiento más mental que físico. El asunto es así porque la vida – ¿lo he dicho alguna vez? – imita al golf: tendríamos que convencernos de que el resultado es sólo una consecuencia del proceso. Lo que hay que conseguir no es el resultado, sino la perfección en el proceso, cualquiera que sea su consecuencia. Vida y golf enseñan dos cosas básicas: una, que no hay resultados exitosos con procedimientos defectuosos. Y otra, que si uno hace las cosas del modo mejor, la tendencia apunta a que todo saldrá mejor. A veces no ocurre a la primera, ni a la segunda, pero los buenos finales no tienen demasiados atajos: dependen como causa-efecto de hacer lo que hay que hacer de modo perfecto.
Y ¿cuál es la imperfección más peligrosa? También en la vida diaria, pero sobre todo en golf: hacer las cosas para uno mismo. La sana ambición está bien y para un líder es imprescindible. Querer que la cosas terminen de cine es positivo, siempre que no pongamos los ojos en “mi-cine-para-mí-conmigo-mismo”. Si uno quiere hacer bajo par (o cerrar un negocio, u obtener el sí de la chica, o la sonrisa de una hija) sólo cabe que la mente cante aquella canción – For your eyes only– de la duodécima película del mismo título de James Bond con Roger Moore como protagonista.
 
Un poner, que dicen en Sevilla: hoy mi Club ha jugado un Torneo Interclub contra el Real Club Pineda, por parejas. Sí: ha ganado mi Club. Pero a lo que voy: yo no jugaba con mi prima Margarita que está en Doha, con su amiga la catarí que te vi, sino con Juan L. “El Persistente”, que juega magníficamente y “obliga” a jugar igual a su acompañante, en este caso yo mismo. Hasta el último hoyo íbamos superbién.com: -4. En el último hoyo – par 4 – Juan, contra su hábito, ha salido mal, a la izquierda, a los pies de un ciruelo o lo que fuera aquello. Yo, siguiendo no su ejemplo, sino sus pertinaces instrucciones he realizado una buena salida centrada un poco a la derecha sin llegar al amenazador obstáculo de agua de esa margen.
 
Cuando ya tenía entre mis manos la madera 3 para atizar un soberbio golpe que superase los dos bunkers frontales y dejar la bola junto a la bandera, “El Persistente” me ha frenado en seco y me ha hecho que el riesgo era hundir mi bola en la arena de una de las trampas, por lo que – según su criterio – era más acertado no tirar directamente a green y soñar con irrealizables golpes del séptimo cielo y, por el contrario, hacer una prudente aproximación al frente del green para atacar éste con un approach.
 
Contra mi espíritu bilbaíno, y conocedor de que nadie de mi estirpe vería tan vergonzoso repliegue, he metido en la bolsa mi madera 3 y he tomado el híbrido para ejecutar un golpe de salón que ha dejado la bola a dos metros del bunker frontal. A poco le da un infarto a Juan L., pero tras recuperarse me ha dicho:
.- Te basta con coger green. Hazlo bien, no caigas en el bunker. No importa que te pases, pues con dos putts haces 5 golpes (dos puntos stableford) y terminamos -4.
 
Lo he hecho por él. ¿Quién es el guapo que no quiere ver sonreír a tan esforzado compañero? ¡Qué poco cuesta hacer feliz a un necesitado! Con mi wedge 58 grados, he hecho un cortos swing de prueba y, con mi aristocrática nariz apuntando al suelo, he ejecutado un golpe que ha frenado la bola suavemente a escasos cinco pies del hoyo. Un solo putt ha bastado para hacer el par (un golpe menos de los que por mi hándicap tenía que hacer) y terminar el recorrido con -5 (41 puntos stableford). Hemos quedado segundos y hemos contribuido significativamente a la victoria de mi Club.
 
En la comida, previa a la entrega de premios, José Manuel R. ha contado que en Marruecos tenía un caddie que le decía que si quería jugar bien, jugase para alegrar sus ojos – los del caddie: “Monsieur doit fair le swing pour la joie de mes yeux”. ¡Por la alegría de mis ojos!: bello, exigente y fecundo, ¿verdad?
 
Persistente como mi amigo Juan, el caddie del Royal Golf Mohammedia le negaba un palo agresivo y sólo para el lucimiento: ese fue su éxito.
 
Centrado en el proceso correcto y no en lo brillante, pudo resplandecer el juego de José Manuel, como el de Juan, como el de Rafael Cabrera Bello y, of course, como el mío.
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