Tercer día en el Qatar Masters con Lawrie arriba y Cabrera Bello a tres golpes
En el noreste de Escocia se alza fría y dura, Ciudad del Granito le llaman, Aberdeen donde un frío y duro día de enero de 1969 nació un frío y duro jugador de golf: Paul Stewart Lawrie.
Paul Lawrie pisa estos días la cálida y suave hierba de Doha (Catar) donde se juega el Commercial Bank Qatar Masters. Ya ha estado aquí antes. De hecho, es el único que lo ha ganado dos veces: 1999 y 2012.
Este torneo se juega de miércoles a sábado. En la tercer jornada, la del viernes, Paul Lawrie lideró la tabla de principio a fin. Por muy poco es cierto: uno o dos golpes. Pero su figura por el campo inspiraba confianza. En los green emitía signos de autoridad, de saber de sobra lo que hay que hacer, y hacerlo efectivamente. Podría llamarse el Escocés de Granito o el Escocés Tranquilo.
Y el asunto hoy tenía un valor especial a causa del viento que, sobre todo durante la tarde con rachas de 20 kms./H, congelaba cualquier aspiración de grandes resultados. Un dato de los 72 jugadores que pasaron el corte, sólo 26 han hecho resultado bajo par; el mejor del día fue Richard Bland que entregó una tarjeta de -5.
Los demás se pegaban contra el vendaval; el comentarista debía de ser de un lugar cercano a Bilbao, pues se empeñaba en llamar “brisa” a la recia recia galerna del Golf Pérsico. Esto se tradujo en un juego de supervivencia, donde lo importante no era ya hacer pocas, sino no perder la bola por las arenas, abrojos, cactus y otras delicias ornamentales del lugar.
.- En tiempos de mi amiga la jequesa catarí Mozah bint Nasser al-Missned todo estaba mejor preparado y no hacía este viento – protesta mi prima Margarita.
.- Cierto, bella prima, entonces lo más fresco no era el aire sino los europeos que se arrimaban a Catar a ver la princesa.
.- Muy gracioso, primo: pues era muy buena y muy fiel.
.- No lo dudo, Margarita, no lo dudo.
Algo de razón lleva la más hermosa de las socias de mi Club. El tono de elegancia del Hospitality ha descendido varios peldaños. Los europeos que acuden siguen tan mal vestidos como siempre y como en todas partes desde que ropa cómoda se traduce por ropa fea. Pero para rústicos algunos de los aborígenes presentes en los palcos.
Tendrán pasta gansa sacada del petróleo, pero o sea porque ha bajado el precio del barril o sea porque los jeques de verdad están en sus palacios, el caso es que, en aquellos sillones de la carpa del hoyo 18, unos indígenas con cara de aburrimiento bajo su turbante hecho con la tela de mantel de cocina que sobró de la sastrería de Ian Poulter, vestían unas a modo de cazadoras de pandillero sobre su túnica. ¡un horror! Un horror abrigado, pero horror.
Pero volvamos al torneo. Y ahí lo que hay que subrayar es el estupendo trabajo de la participación española. Solo tres no pasaron el corte, por poco: Borja Virto Estudillo, Nacho Elvira y Eduardo de la Riva. ¡Lástima!
Del resto de españoles estás eran las posiciones al término del penúltimo día: Álvaro Quirós (+3) 72º; Alejandro Cañizares (-3) 37º; en el puesto 19, con -6, Jorge Campillo y Sergio García; Pablo Larrazábal (-6) 16º y un enorme Rafael Cabrera Bello que con su -10 acabó 4º a sólo tres golpes del líder.
Volviendo a este líder, Paul Lawrie, tenemos que alabar ese temple que le mantuvo inconmovible, confiable, soplara el viento de donde soplara. Sin hacer nada espectacular negoció los hoyos como venían.
Esa adaptabilidad a las circunstancias – aceptación del error, de la contrariedad, vino a definirla con acierto el comentarista Javier Pinedo – es una de esas cosas que la impaciencia de los amateurs no nos deja administrar.
La paciencia, que nace de la fortaleza, te lleva a resistir en lo que haces, a elaborar la tarea como tiene que ser hecha de acuerdo con la realidad y no con la imaginación. Y este viernes Aberdeen no era Disney World. Una de la formas de cometer estupideces – hay millares – es querer vencer a la realidad con ensoñaciones, con frases del tipo “esto yo me lo salto”, “bah!, el viento… tontería yo pego el golpe de mi vida…”
El golpe de la vida en el vendaval es bajarse al terreno y hacer un juego artesanal, poco lucido pero que te permite estar arriba para el día decisivo. Y estar preparado – el Be Prepared de los Scouts – te permite acudir en condiciones en el momento preciso, poseer las capacidades intactas y gestionar el campo como un buen acuerdo entre el propio juego y la naturaleza que te rodea.
Precisamente “Bon accord”, así, en francés Buen Acuerdo, es el lema de Aberdeen, la ciudad de ese hombre tranquilo, Paul Lawrie.