Salvo durante el torneo que se juega de jueves a domingo, los jugadores profesionales podrán calzarse bermudas en lugar del preceptivo pantalón europeo de pata larga. ¿A qué obedece la obligatoriedad de pantalón largo para jugar al golf los profesionales? Es una regla de cortés convivencia y tiene, como tantos acuerdos sociales y hábitos de educación, un carácter relativo.
El pantalón largo en el golf se parece en esto a multitud de convenciones sociales como el traje de blanco en la novias, la especial casaca azul de un embajador en la presentación de credenciales o el uniforme de rayas en un preso. Es algo relativo, pero no superficial: hace referencia a la diferente consideración merecida por algo o alguien. Tiene un valor simbólico, que da un signo o significado. Fuera de ese referente el sentido de la regla se difumina o incluso desaparece.
Así, en los tres ejemplos citados, la vestimenta alba de la novia hace referencia a su virtud; las tres liras en la espalda de la casaca del embajador se relacionan con las necesidades morales del poder, esto es, el espíritu, el intelecto y la voluntad; y las rayas blancas y negras de la indumentaria de los presidarios se deben, como es obvio, a razones de pura eficiencia económica en el gasto de recursos para la caza y captura de los evadidos ya que los hace muy visibles. Cuando pureza, intelecto, voluntad o seguridad pública son palabras huecas da igual vestirse de marmota o de bermudas.
¿Y el pantalón porque ha de ser largo cuando en otros deportes son de pata corta e incluso ausencia total de pata, como en natación? El golf tiene una rica historia de cortesía y deferencia hacia todas las personas del entorno tales como compañeros de juego, incluso compañeros competidores, y caddies, con quienes se comparten por el campo un buen número de horas con paradas, conversación pacifica y algunos golpes con los hierros. Y no es cosa de hacer sufrir a esta digna gente con la exhibición del vello de las pantorrillas y menos la visión de los colgajos de los muslos. Como es sabido, elegancia es acomodar la ropa a la persona y el conjunto al evento: pantalón en el golf, gorro de baño en la piscina. Es sencillo. Es de caballeros.
Cuando coincidimos con John Henry Newman en su aproximación a la definición de caballero como “alguien que nunca inflige dolor”, vemos que no es compatible con el golf de damas y caballeros por la propia falta de elegancia o desaliño indumentario. Es cosa de sensibilidad.
A raíz de esta exclusiva decisión del Circuito Europeo – el PGA Tour ha publicado una nota en la que asegura que no contempla ninguna modificación a sus código cortesía – muchos se preguntan por qué esta cesión a la vulgaridad. Es largo de contar, pero hay pistas si recordamos la evolución de la equipación de deportes como el tenis y sus polos con cuellos y manga, todo de color blanco, a lo que se ve hoy en las canchas. Créanme que las cuentas de explotación de las grandes productoras de ropa deportiva, conjugada con las masa ingentes de personas con mal gusto, están en al base de esa evolución. Del fútbol, los maratones y otras disciplinas ni hablo.
En el caso del golf, ya hace unos tres años empezó la campaña de vulgarización. Pudimos visionar por entonces un “gracioso” video de promoción de Ashworth, (marca adquirida por el Grupo Taylor Made-Adidas en 2008), que esponsoriza entre otros al inglés Justin Rose, hablándonos de “tiempo de cambio” para ir a los “shorts”.
Pero para mí que el origen próximo está en el estilista de Ian Poulter, el más extravagante “fashioner” del Circuito Europeo: sólo dedicando horas de denodado esfuerzo a maltratar la estética puede uno llegar a vestir un polo fucsia con un pantalón verde pistacho, colapsando ambas prendas en devastadora colisión cromática. Seguro que el pobre Ian está abducido por su estilista que será marciano. Si no, no se explica como puede ir disfrazado para asustar a los de su partido y al público con tan chirriantes combinaciones y con esas gafas oscuras de blancas patillas.
Ian Poulter, ha sido, desde luego el primero en aplaudir el ataque al pantalón correcto: “me parece perfecto que sea así porque estamos en 2016 y tenemos que adaptarnos a los tiempos. Lo importante es que el jugador esté cómodo en el campo, no se hace daño a nadie por vestir de corto”.
Y ya tenemos en unas líneas los tres tópicos del postmodernismo:, adaptación a los tiempos, comodidad y ceguera ante lo que es daño a la gente. Si tuviera la dirección de este profesional le enviaría una cita de su paisana Virginia Woolf: “aunque parezca bagatela inútil, la ropa tiene una función más importante que la de simplemente mantenernos calientes. Ella cambia nuestra visión del mundo y la visión del mundo de nosotros”.
Porque relativa no es lo mismo que inerte. La elegancia o su ausencia produce efectos; como dice Carolina Herrera, “la elegancia no está exclusivamente definida por lo que llevas. Es la forma en que te comportas, tu forma de hablar, lo que lees”.
Pues, a ver que leen estos genios del Circuito Europeo hasta la próxima ocurrencia. Por lo menos esperamos que, si no leen, al menos tampoco vean cómo visten nuestras posmodernas señorías diputados del Congreso.