1. Inicio
  2. Opinión
  3. Comunidad de blogueros
  4. Seniors Sin Fronteras una vasta población que prestigia el Golf

100 AÑOS SIN SOLEDAD

Seniors Sin Fronteras una vasta población que prestigia el Golf

Por crecimiento vegetativo, situación profesional y hábitos de relación social el segmento Senior ocupan cada vez más campos de golf enriqueciendo de dignidad y experiencia sus calles.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
fjrigjwwe9r1_articulos:cuerpo
A todos mis lectores les supongo un alto sentimiento de compasión, aunque sólo fuera por seguir leyéndome. Apelo a esta empatía personal para que se hagan cargo de lo devastado que me encontraba antes de participar ayer en la Liga de mi Club.
 
Todo comenzó la tarde anterior. Llegaba yo a Mulligan, mi tienda preferida para adquirir productos de golf (guantes, zapatos, bolas, bolas y más bolas para alimentar los voraces lagos de mi Club), cuando al cruzar el umbral casi tropiezo con mi tía Alicia que departía en entusiasta charla con Concha V., la propietaria del negocio.
 
Demasiado tarde para un repliegue táctico, comprobé las escasas posibilidades de hacerlo con éxito: lucía el sol, luminoso de claridad sevillana; al frente ambas mujeres blandían risueñas diversos modelos de maderas Cleveland con varillas Miyazaki; el flanco izquierdo era un infranqueable muro cubierto por bolas de golf a 1 euro en dos columnas tan altas como las Torres Petronas de Kuala Lumpur. El flanco derecho lo ocupaba en incontournable extensión de colección primavera-verano de bolsas Wilson. Por su parte, las dimensiones del exiguo zaguán donde me hallaba, hacían impracticable una maniobra distracción, máxime si se tiene en cuenta que llegué cantando a pleno pulmón la Marcha Triunfal de Aída.
 
La reacción de mi venerada tía Alicia, a quien un día heredaré, no se hizo esperar.
.- Sobrino, deja la berrea para los días de caza. Me has estropeado la sorpresa, pero da igual.
.- Hola, amada tía; hola, Concha, digna titular del negocio. ¿Y cuál es la sorpresa que ibas a darnos?
.- Pues mi buena – comenzó mi pariente con esa sonrisa suya que hace benigna la de una joven hiena antes de merendar -. Después de tratar a ese amigo tuyo gerontólogo que quiso envenenarme invitándome a comer en el Club…
.- No fue voluntario, el no sabía de tus alergias…
.- Deja de defender a ese pandillero – me cortó tía Alicia – y escucha. Lo único bueno de conocerle es que me he interesado por la longevidad.
.- Pero si estas como una rosa… – intenté pelotear.
.- Sobrino, una de dos: o te callas o te callas.
 
Guardé silencio. Mientras, Concha, más hábil, hacía mutis detrás del mostrador y se ponía a revisar un pedido. Mi tía Alicia continuó: – Resulta que he decidido dedicarme a fondo al golf y voy a comprar un juego nuevo de palos resistentes, de larga duración.
.- Y, ¿cómo así? – pregunté como quien no quiere la cosa mientras derribaba distraídamente una bolsa de palos de color negro que desencadenó un efecto domino hasta derribar la colección completa del flanco derecho.
.- Sobrino zoquete, deja de romper cosas. Pues, ¿por qué va a ser? Porque según fuentes científicas voy a vivir 120 años.
-. ¡Fantástico! – exclamé con mal disimulado gozo.
Luego, para sostener mi súbito desmayo me apoyé, con un elegante gesto, en una de la Torres Petronas de bolas. La atmósfera se llenó con el estrépito de toneladas de duras pelotas de golf chocando entre sí y contra el pavimento.
.- No es nada, no es nada – dijo Concha, siempre positiva, saliendo rauda en defensa del desvalido sobrino –: suelen caerse. Es más, he leído que eso da suerte al senior que se encuentre en el entorno de las bolas caídas.
 
Se explicarán mi terrible situación tras enterarme aterrado de la esperanza de vida de mi pariente: tan oscuro horizonte me dejó cara de príncipe Carlos de Inglaterra.
 
El solo pensamiento de tener que acompañar un siglo a mi tía Alicia por esos campos de golf llevándole la cuenta de golpes, dejó mi pulso en su nivel más bajo y mi número de golpes en lo más alto en el torneo de ayer. Un horizonte sin esperanza: décadas y décadas buscando bolas de mi ancestral pariente.
Luego, terminados los 18 hoyos, durante el almuerzo en la Terraza Oeste de la Casa Club andaba yo más taciturno de lo normal, hasta que, sin que yo sacara el tema, Rafael I. que compartía mesa dijo:
.- ¿Habéis leído la noticia?: según un estudio serio, el 50 por ciento de los que nazcan en este año vivirán 100 años.
Pegué un respingo y le hice precisar.
.- ¿De los que nazcan cuando?
.- En este año, compañero,  así que a ti no te coge. Jajajajaja.
Reímos todos, pero sobre todo yo reí por dentro.
 
Por la tarde busqué y me hice con el documento publicado por El Meridiano de Sucre que titulaba sin margen para interpretaciones extensivas: “Los nacidos en 2014 vivirían más de 100 años”.
 
Una vez en casa, releí paladeándolo el artículo, subrayé el año 2014, lo fotocopié, lo escaneé y remití al correo de mi prima Margarita, con precisas instrucciones de que lo leyera y glosara a mi querida tía Alicia. Cumplida esta humanitaria gestión, descorche una botella de champán Gobillard en honor de Seniors Sin Fronteras, todos esos jugadores mayores de 55 años que, según mi tía, transitan por la segunda mitad de una larga vida deportiva.

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Fill out this field
Fill out this field
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.
You need to agree with the terms to proceed

twitter facebook smarthphone

ARCHIVO DEL AUTOR

Menú