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CORAZÓN PARA VALIENTES

Ricardo González (-6) es otro argentino en cabeza en la tierra de Braveheart

Empatados también en primer lugar el sueco Kristoffer Brogberg y el escocés Marc Warren. En el Top 10 de cara al fin de semana están el inglés Justin Rose (-3) y dos españoles, Adrián Otaegui y Rafael Cabrera Bello (-2).

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Una de las virtualidades del golf que lo hace más adictivo es su variedad. También es una de las causas de que haya tanta gente dedicada a la tarea. En el golf son diversísimas las circunstancias de juego, el instrumental para afrontarlas, el talante con el que empezar y, por supuesto, con el que concluirlo.

Gracias a la diversidad tenemos amateurs que lo juegan por pasar el rato con los amigos y les importa un pito el resultado; otros, de espíritu competitivo, no quieren perder ni en el campo de prácticas: son fáciles de reconocer por el número de horas que pasan dando bolas o entrenando en el putting green y que juegan concentrados hasta tal punto que no escucharían ni las trompetas que anuncian el Apocalipsis.

Jugadores hay que van al campo por evasión y son capaces cualquier cosa por jugar un partido y olvidarse, es un poner, de la suegra, del jefe, del Gobierno o del mercado alternativo. También se ve esa gente que juega porque siempre lo ha hecho y que el fin de semana no se preocupa de otra cosa que de dar buenos golpes y ganar la cerveza a sus compañeros competidores; personas que se abstraen hasta tal punto que, informados de que se ha incendiado su fábrica, responden al mensajero con un “¡vaya!: menudo disgusto me voy a llevar el lunes”.

Y es que el golf a diferencia de otras actividades humanas es muy elástico y se adapta a todo tipo de individuos. Los hay hombres y las hay mujeres; tenemos tristes y alegres, pesimistas y optimistas, jóvenes y experimentados, de nueve hoyos, de dieciocho hoyos y hasta de treinta y seis. Nos encontramos madrugadores como el Abominable Hombre de las Nueve y jugadores de hora de comer para aprovechar el tiempo y perder kilos; otros llegan tan tarde al tee del hoyo 1 que, por falta de luz, apenas pueden llegar al tee del 18.

En fin, salvo por la ineludible necesidad de espacio natural abundante y claridad suficiente, el golf es versátil como una navaja suiza y se practica en todos los continentes y países: incluso en Escocia.

Ahora está jugándose el Scottish Open en Aberdeen, preciosa ciudad al este de Escocia. Lideraba la tabla cómodamente el argentino Ricardo González, que en su stance, en su swing y en su lenguaje es como un calco de su compatriota Ángel Cabrera que había ganado justo la semana anterior en Estados Unidos.

Pues el bueno de Ricardo se comió su ventaja en dos hoyos: el 8 y el 18. Iba con tres golpes de ventaja hasta el hoyo 7 y sus más cercanos rivales ya habían terminado su vuelta, por lo que la diferencia final para encarar el fin de semana sólo dependía de él; hizo bogey en el hoyo 8, todo pares hasta el último de los hoyos en que se hizo un doble bogey, es decir dos golpes más que el par del hoyo, con lo que quedaba empatado con el sueco Kristoffer Brogberg y el escocés Marc Warren.

Así que para el fin de semana le queda trabajo a Ricardo González si quiere ser el segundo argentino en triunfar en este mes, todo sea dicho con el debido respeto a la Selección de Fútbol de Argentina, que también puede vencer el domingo a Alemania, aunque vaya usted a saber que pasa después de que ha circulado por Whatsapp es imagen de Francisco y Benedicto rezando juntos en el Roma.

Porque el fútbol no tiene esa aleatoriedad del golf, en el que en el viernes escocés, por ejemplo, ha intervenido como factor muy condicionante el viento. Vistos los paisajes, el frío mar, la costa y el recorrido parece explicable el afán reivindicativo de William Wallace en defender un territorios donde apareció el golf como una aventura, y la trayectoria de la bola un enigma indescifrable y un arte de adivinación el resultado en una tarde de verano, donde hasta Rory McIlroy abrigado y con manga larga y se hace un 78.

Aún con eso pasó el norirlandés el corte, como lo hicieron cinco de los diez españoles y, entre ellos Adrián Otaegui y Rafael Cabrera Bello empatados en la octava posición. Algo más atrás iban Álvaro Quirós, Miguel Ángel Jiménez y Pablo Larrazábal.

Queda, pues batalla, quizás no tanta como para pintarse la cara de azul como los pictos que Mel Gibson imitó para su William Wallace y la batalla de Stirling. Quizás tampoco tanto como proferir la famosa arenga de la película Braveheart:

"Luchad, y puede que muráis. Huid y viviréis… un tiempo al menos. Y al morir en vuestro lecho de muerte, dentro de muchos años, ¿no estaréis dispuestos a cambiar todos los días desde hoy hasta entonces por una oportunidad, ¡sólo una oportunidad!, de volver aquí a matar a nuestros enemigos? Puede que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán…¡¡la libertad!”

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