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HAY POTENCIAL

Revitalizar el golf español después del Open de España 2015

Recién terminado el Open de España, que ganó James Morrison (-10) en el campo del Real Club de Golf de El Prat, Badalona, es buen momento para sacar importantes conclusiones.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Lo primero a destacar es el buen final de los españoles en el Open de España 2015, tras quedar segundo empatado Miguel Ángel Jiménez (-6), séptimos José Manuel Lara y Jorge Campillo (-4) y noveno empatado Eduardo de la Riva (-3). En total cuatro españoles en el Top 10.

Sergio García (-1) quedó en el puesto 22 con lo que tenemos cinco en el Top 25. Sin reservas: es un muy digno resultado. Más si tenemos en cuenta las condiciones de campo y meteorológicas – sobre todos de los tres primeros días – que asimilaban el recorrido a algunos links escoceses, en los que alguna ventaja tendrían, digo yo, los jugadores más septentrionales.
 

Dicho esto, lo segundo que llama la atención es la exigua presencia de jugadores de los primeros puestos del ranking mundial. Una noche sin estrellas. Eso está bien porque permite jugar a quienes ocupan posiciones más discretas en las listas. La contrapartida es que esto sucede a costa de restar algo del oxígeno de buena imagen y prestigio al golf nacional, lo que retroalimenta la crisis.
 
Veamos algunos datos: sólo vino a El Prat (Badalona) un jugador del Top 10 del Ranking Mundial: el nº 7, Sergio García; con él y para completar la insignificante cifra de 2 del Top 25, sólo vino el nº 24 del ranking mundial, Victor Dubuisson, quien además sólo jugó dos días, pues con +7, no superó el corte. Nadie más del Top 50 y únicamente 9 más del Top 100; total: un 7% de los inscritos.
 
Hay que entender que para los líderes profesionales del golf mundial, un premio de 250.000 euros para el ganador no es tan atractivo como, por ejemplo, el cheque de 1.278.000 de dólares que se ha embolsado el nº 1 del mundo, Rory McIlroy por vencer en el Quail Hollow Club del Wells Fargo. Lo que aquí se pagaba al vencedor, allí se conseguía con un sexto puesto.
También son comprensibles las dificultades que deben tener el European Tour y la propia Real Federación Española de Golf para reunir siquiera la mitad de los 7.100.000 dólares que sumaba la bolsa total del Wells Fargo. Pero si queremos los mejores en nuestros campos, algo habrá que hacer.
 
Las cosas difíciles pueden convertirse en retos. Eso es lo deportivo: la superación. La tristeza, la frustración no pueden tener alojamiento en el ánimo de profesionales, federaciones y la afición. Tampoco el conformismo, el pensar que “esto es lo que hay”. No puedo imaginarme a un deportista que tiene dificultades con los golpes de approach decirse a si mismo: “¡ea! Pues esto es lo que hay”.
 
Deportivamente el comentario tendría que ser el inverso: “esto es lo que había y no volverá a suceder”. Recuerdo que un día en las clases de golf que me daba Pablo Menjíbar, me empleaba yo con entusiasmo en el campo de prácticas lanzando estupendos golpes con el hierro 9 a la izquierda del objetivo. Uno, y otro, y otro: no sé cuántos, todos por la izquierda.

Pablo, con la paciencia que le caracteriza, se me puso delante y me hizo ver que mi postura, la postura mental me refiero, era parecida a la del niño consentido y frívolo que no le importa el resultado, que no se compromete con lo que está haciendo. Y concluyó con una afirmación categórica: “mira, tus golpes a partir de ahora podrán ir a cualquier parte, pero nunca hacia la izquierda; toma tu compromiso con el golpe que vas a hacer, porque eso que vas a hacer llevará la bola a su destino”.

Estas fueron más o menos las ideas, basadas en un principio claro, el de que repitiendo el mismo error las cosas no sólo no mejoran hacia fuera (cada vez más bolas irán más al lugar equivocado), sino que empeoran de modo mayúsculo hacia adentro, ahí donde se construye el carácter. La palabra clave es “transformación”. Y vale lo mismo para el swing personal que para los procesos de una organización. Lo mismo para mejorar el Open de España que para optimizar una amistad o la familia.
 

Las “zonas de confort” pueden ser refugio en el corto plazo y en los tiempos de bonanza económica o sentimental. Pensamos que fuera hace mucho frío y demasiados portazos en nuestras narices. Pero las zonas de confort consumen los recursos y devoran la capacidad de ganar el futuro.
 
El Open de España, que se ha organizado muy bien este año, tendrá que aguzar la mirada creativa; tendrá que empezar desde ya un proceso de transformación para alcanzar las oportunidades de mejora. Y no parece lógico quedarse sólo en ver qué hacen la Federación, el Club…los otros.
 

Quedan muchos temas de Comunicación, de emprendimiento, de foundrising y de implicación de empresas grandes, porque las posibilidades de sugerir desde la élite son inmensas. Muchos prescriptores de marca practican y ven golf. Emerge Europa y es el momento de invitar a abrir los ojos. Es el momento de activar la transformación del golf de competición para hacer evidentes sus posibilidades de impulsar crecimiento en muchos órdenes: deportivo, social y económico.

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