Poco a poco, silenciosamente, se están creando las bases para lo que será el próximo gran salto de Internet, llegar a muchos de los dispositivos que nos rodean en el día a día. Los smartwatch están acelerando esta pequeña revolución con aplicaciones en campos tan sorprendentes como la protección de nuestro patrimonio histórico.
Los operadores de telecomunicaciones y los desarrolladores de software y hardware están apostando claramente por el boom inminente de Internet de las Cosas. La rentabilidad parece más que importante, llevar Internet a millones de dispositivos generará un enorme flujo de información con cientos de aplicaciones prácticas, muchas seguramente no inventadas y otras que sorprenden, como el cuidado y la protección del patrimonio.
Con todo ello, es lógico que en España, uno de los países con un patrimonio histórico y cultural más rico ya se haya decidido poner en práctica esta iniciativa, en este caso, con el apoyo de Telefónica. La solución, denominada Smart Patrimonio que ya está operativo en las murallas de Ávila y en el Real Monasterio de Santa Clara en Tordesillas, busca dar un giro al modelo actual de gestión y conservación.
Hasta ahora, en la mayoría de los casos las actuaciones son correctivas, se realizan restauraciones cuando ya se ha producido el deterioro. Ahora se busca que sea más preventiva, eficiente y sostenible detectando los problemas antes de que se produzca el daño, cuando haya síntomas que así lo indiquen.
Para conseguirlo se instalan una red de sensores inalámbricos que registran y transmiten a un servidor central los valores de parámetros ambientales, estructurales y de acceso-seguridad, todos ellos decisivos en la conservación del patrimonio histórico inmueble.
Los sensores monitorizan los valores que se consideran relevantes, por ejemplo, en las murallas de Ávila son la temperatura, humedad, luminosidad, vibraciones, accesos, etc., o el Real Monasterio de Santa Clara la temperatura, humedad y luminosidad, termitas, carcoma u hongos. Todos los datos se analizan en tiempo real y de forma continua por los conservadores. A través de la monitorización ambiental y estructural, la solución permite analizar el comportamiento del inmueble y anticiparse en la toma de decisiones sobre su conservación.
La extensión práctica es enorme y no sólo aplicable al patrimonio que se encuentra al aire libre, si no también a museos, bibliotecas en los que poder determinar volúmenes de visitantes óptimos para salvaguardar un patrimonio que en la mayoría de las ocasiones, no tiene precio.




