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ES GOLF, SOY GOLF

Matthew Fitzpatrick pone el -9 en Casa Club en el St. Jude

Por el contrario, Jon Rahm lo pasa mal para encontrar los hoyos. No él solo, otros grandes jugadores se pelean con el campo para que les facilite algún birdie. Para el sábado todo está más apretado.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Seguimos con aromas irlandeses. Nos llegaba ayer la noticia de que la Ryder Cup 2026 se celebrará en “Adare Manor, en el Condado de Limerick (Irlanda), y ello supondrá el regreso de este torneo a tierras irlandesas después de 20 años”. Pues felicidades por este trébol de cuatro hojas que adornará el golf de la isla.

Mientras, en el TPC Southwind d Memphis, sigue el desarrollo del WGC-FedEx St. Jude Invitational.

El inicio del espectáculo estuvo a cargo de Matthew Fitzpatrick que hizo cuatro birdies a los cuatro primeros hoyos. Se colocaba segundo a dos golpes del líder Jon Rahm. Con sólo ocho hoyos jugados la diferencia era de un golpe. Tanto el español como el inglés cometieron sendos bogeys. La diferencia era de un golpe.

Y a esa diferencia mínima se iba sumando gente como si subastaran la cabeza del vasco. Ahí andaban Andrew Putnam, Patrick Cantlay, Cameron Smith y Hideki Matsuyama.

La ventaja de Jon Rahm se esfumó cuando en el hoyo 4 hizo su segundo bogey seguido y, viéndole, parecía increíble que la víspera hubiese estado con su -8 a un solo golpe de igualar. No salían las cosas al de Barrica cuando terminaba los primeros hoyos: era el único del top 15 que iba sobre par en el día; y para encontrar otro jugador que llevara +2 había que ir a buscarlo a puesto 20º.

Cuando esto nos ocurre, cuando ni hay lluvia, ni viento, ni ninguna otra causa y sin embargo las cañas se vuelven lanzas, solemos decir, con un encogimiento de hombros: “es golf”.

En sólo dos palabras resumimos una explicación, pero sin explicar nada. Queremos decirlo todo, pero no decimos nada. Al revés que los amigos o los enamorados que sin necesidad de decir nada están diciéndose lo máximo.

Es Golf. Como golf era que tras el demarrage de los primeros hoyos Matthew Fitzpatrick se detuviera como un vehículo averiado. Como era golf que todo un campeón del Masters, Sergio García cometiera dos dobles bogeys en los segundos nueve hoyos. O como que Rafa Cabrera Bello desde el bogey del primer día en el hoyo 17 jugase dieciséis hoyos sin hacer un birdie y cometiendo cinco bogeys.

Hay más de una clave en ese acento fatalista de conformidad. Puede ser el modo de transferir a otro ente – “el maldito golf” – la propia frustración. Pues el jugador tiene asumido que él es el mismo y, por tanto, hay algo fuera de él que no permite la exhibición de los propios talentos.

Pero hay otra forma de verlo verdaderamente realista. De acuerdo, podría decir el jugador, yo no estoy jugando como ayer o como mi mejor juego, pero soy consciente de que eso –yo mismo – forma parte del juego. Yo también, sino principalmente, “soy golf”.

La expresión “es golf” contiene la afirmación “soy golf”. El golf no es algo fuera de la persona que lo practica. Podríamos también decir parafraseando a Eduardo Marquina en su obra “En Flandes se ha puesto el sol”, sería correcto decir “el golf y yo somos así, señora”.

Bien, pues en Memphis no se había puesto el sol; en la segunda jornada no se hacían resultados espectaculares. Se podía constatar que el campo no regalaba nada y que los greens escamoteaban las caídas a los jugadores que hacían gestos si no de desesperación sí de impotencia.

Con todo, Matthew Fitzpatrick se ponía líder en Casa Club con su -9 a la espera de lo que hiciesen los que venían por detrás.

Ya están todos los que buscarán el fin de semana ese sentimiento que les dé disfrutar de una victoria o de un puesto de los de arriba. Sí, ya están todos añorando ir a la fiesta. Igual que Elvis cuando cantaba su Memphis. “She's the only one who'd phone me here from Memphis, Tennessee/Her home is on the southside, high upon a ridge”.

El sábado será otra historia.

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