Siendo ambas afirmaciones rigurosas descripciones de un misma realidad, a las dos las matiza como a tantas frases la forma adverbial que las acompañan: “nuevamente” y “hasta”. ¡Los adverbios!: cuánto juego dan a la comunicación. Se parecen a esos interrogantes que no tienen respuesta universalmente satisfactoria.
En estos casos es recurrente aquella pregunta de un fiscal a un acusado: “Responda sí o no: ¿va a dejar ya de pegar de a su mujer?”. Si el inocente marido responde que sí, implícitamente reconoce que le pegaba hasta ese momento. Si por el contrario, responde que no, añade la contumacia al reconocimiento de culpabilidad.
Los titulares de los periódicos, sacrificadas víctimas, ellos sí, de los recortes por la escasez de espacio, son una fuente inagotable de adverbios que condicionan al lector cuando quiere acercarse a la actualidad. “La oposición reconoce ahora que el paro ha disminuido”: pero ¿acaso lo había negado antes?, o ¿es que ni siquiera se había dado cuenta? “El Gobierno sigue todavía sin candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid”. Pero ¿está fuera de plazo? ¿Hay riesgo de que no presente a nadie? “La actriz reconoce finalmente su romance” La pobre custodiaba para sí, en la intimidad de su almario, el amor por aquel hombre, pero según sea la voz del presentador la joven puede aparecer como una harpía que pretendía hurtar a la “gente” un pretendido sacrosanto derecho a meter la narices en la alcoba.
Estos ejemplo nos sirven para volver al juego y al resultado de Sergio García en el último torneo californiano en el hermoso recorrido del Riviera de Pacific Palisades, California. Me temo que entre quienes en las redes sociales se desahogaban con frases del tipo “Sergio García pierde nuevamente…vaya petardo” hay aborígenes de todo pelaje.
Están los indios envidiosos que desde el sofá de casa ven por televisión lo que nunca ellos podrán hacer: jugar en el mejor circuito de golf del mundo. También están los indios pesimistas, que auguran en la no victoria del español una imposibilidad de que gane nunca jamás, y menos un major. Y están los indios simplemente decepcionados, esos que, como el que esto escribe, habían puesto el Moët & Chandon a enfriar, dispuestos a celebrar por todo lo alto la primera victoria española de la temporada en el PGA Tour. De todos ellos, menos de los primeros, cabe predicar un buena voluntad, pero una dispar formación acerca de lo que uno debe esperar o desesperar.
Por otro lado los que se fijan en que Sergio García “se alza hasta…” ponen el énfasis en el hecho de que, de los 145 jugadores que se presentaron el jueves a jugar, el paisano – que quedó 4º empatado con otros 4 – tiene detrás de sí 140 profesionales que lo hicieron peor que él. Y, en efecto, el Top 5 de un torneo del PGA Tour no es precisamente una periferia de miseria, frío y de desolación. Ni en lo económico (263.812,50 dólares, en este caso); ni en lo deportivo. Si por tener una medida objetiva echamos una ojeada al Ranking Mundial (OWGR), la mejor posición al terminar un año la obtuvo Sergio García el año 2008 que llegó a estar 2º. En el año 2010 acabó 78º; el 2011, 17º; el 2012, 16º; el 2013, 10º y el año pasado 5º tras 26 torneos. Esa es la serie sin adornos ni adjetivos.
De esta temporada lleva 3 competiciones y está 6º del Ranking Mundial. Pero no obstante lo anterior la cuestión sigue en pie para muchos aficionados, sobre todo en lo que se refiere rematar los partidos cuando va ganando o está entre los mejores.
¿Qué le pasa en los últimos hoyos? Probablemente nada que no le ocurra a los demás. Dejando aparte el azar; dando de lado el hecho de que hubo otros con más acierto en esos momentos, lo que nos queda es un cuestión de actitud.
Cuando nada más terminar su vuelta, le cogió por banda el reportero de la CBS, Sergio García con un verbo desenvuelto desveló, quizás involuntariamente, una fisura en su mentalidad de deportista: en sus declaraciones reconoció que tal y como estaba jugando no merecía ganar. Es de resaltar que aún estaba en el green del hoyo 18 el último partido y que él había fallado hacía pocos minutos el putt de la victoria.
"Es decir, no fue algo pensado ex post, sino que estuvo jugando varios hoyos mientras su cerebro susurraba a su ánimo que no estaba jugando bien, que no merecía la victoria, que éste no es para ti. Y si uno aspira a algo pensando que no lo merece, lo más probable es que termine haciendo todo lo necesario para no obtenerlo.
Los bogeys de los dos últimos años cuando iba primero no son algo sobrevenido, sino algo que venía elaborándose en su mente durante todo el domingo ¿No les parece que ya está bien?"






