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GANA EL DEFENSOR DEL TITULO

La sonrisa de Rafael Cabrera Bello, recorre el último hoyo en Doha

La sonrisa apareció en la calle del hoyo 18. Ese último que hacía el número 72 de los jugados en la semana fue la última vuelta de llave. Rafael Cabrera Bello sonreía y la cámara lo captaba.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Acababa de dar un segundo golpe con su madera de calle y la bola alcanzaba el green rodando algo para detenerse no muy lejos de la bandera. Era un par 5, con lo que el siguiente golpe sería un intento de eagle.
 
¿Qué clave encierra esta postrer sonrisa? Para él en primer lugar la satisfacción por completar un vuelta de 70 golpes, 2 bajo Par para un total de -12, lo que le aseguraba la 2ª plaza en el Commercial Bank Qatar Masters; también respiro por el salto en el ranking mundial. Pero sobre todo él y nosotros hemos visto salir volando el Fantasma de la Temporadas Pasadas que escribiría Dickens si en vez de escribir sobre pobres londinenses hubiera escrito de profesionales de golf.
 
La pasada temporada presenciamos torneos en los que Rafa estaba primero al acabar la ronda del viernes o el sábado, para verlo después vulnerable al Fantasma de la Temporadas Pasadas que le acorchaba la mente y le atenazaba el swing impidiéndole armonizar el plano y acogotando el temple torero de ganador-matador.
 
Porque, no lo olvidemos, para ganar, para que el último día un torneo de cuatro rondas sea un éxito hay que tener algo de killer; vamos, poseer el carácter, la determinación y la limitación de escrúpulos de un Anton Chigurh (Javier Bardem) en No es país para viejos; eso sí, con diferentes herramientas: en vez de una escopeta de cañones recortados una bolsa con catorce palos.
 
Pero claro, lo de Anton Chigurh era de una patología social difícil de conciliar con la etiqueta del golf. Y nuestro jugador canario, un caballero cabal, sufría el domingo ese mal de altura, llevándolo, eso sí con la gallardía de un protagonista de libro de Caballería. Triste figura, silencio y mirada larga de una gran caballero del deporte.
 
Y así, llega el día, este día en que terminó en Doha el Qatar Masters en el que nuestro caballero andante ha lanceado a los fantasmas todos. No es poca cosa, es una hazaña que tarde o temprano en la vida que imita al golf a todos nos toca afrontar.
 
Porque lo más difícil del golf no es vencer a los molinos de viento  del recorrido (“–bien parece –respondió don Quijote– que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla”), sino los verdaderos “desaforados gigantes” que pugnan por arrebatar todo espacio de serenidad del interior del aguerrido espíritu del caballero.
 
Siempre, pero sobre todo el domingo, el enemigo no está fuera, está dentro. Mas lo curioso de este Qatar Masters es que se trata del único torneo del calendario europeo que termina en sábado y no en domingo. El encantamiento que algún mago malvado dirigió a nuestro caballero canario ha quedado conjurado.

En esta última jornada, todo ha ido a pedir de boca para Rafael  Cabrera Bello que a un sólo  tropiezo, doble bogey en el hoyo 8, respondió con cuatro birdies en los hoyos 2, 16, 17 y 18.
 

.- Entonces – me pregunta mi primo Gonzalo cuando le cuento el argumento –  ¿ha ganado Rafael Cabrera Bello?
.- No, ha ganado el defensor del título, el sudafricano Branden Grace con -14- le respondo.
.- ¡Buah! – relincha mi primo cuya oratoria se parece cada vez más a la de sus caballos -; ¡buah! Pues si no ha ganado el torneo de la gran ostra con la perla dentro, no ha hecho nada digno de mención.
 
.- Has de saber, burro primo, dos cosas: primero que el trofeo de la gran ostra con la perla y todo dentro no es más hortera porque el orfebre dejó pronto de tomar el té infectado de aceite rústico o lo que quiera que le dieran a beber para tallarlo. Y, lo segundo y más importante tiene más que ver más con la grandeza que todos los trofeos del mundo.
.- ¿Grandeza? – inquiere con cara de equino asombrado mi joven primo.
 
.- Sí: hay más grandeza en conquistar el propio carácter que en dominar el mundo. Éste carece de alma y no puedes embarcarlo en la nave de Caronte. Pero el carácter de un jugador de golf, aquilatado en el yunque del deporte, perdiendo y ganando, adquiere un peso que no pesa, sino un peso que eleva. Y ahí veo yo a Rafael Cabrera Bello: más fuerte, mas lejos, más alto… hasta dar nombre a una estrella que ilumine su Gran Canaria.

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