Al cierre del torneo, la organización del Dubai Duty Free Irish Open ha anunciado que en toda la semana habían acudido 94.239 espectadores. No está nada mal.
El esfuerzo de Rory McIlroy y de otros lugareños para atraer estrellas del golf no ha resultado baldío. En el Ballyliffin Golf Club salieron el jueves seis de los 50 mejores del Ranking Mundial, entre ellos dos españoles: Rafa Cabrera Bello, que no pasó el corte y Jon Rahm. También dieciséis de los 25 mejores de la Carrera a Dubái.
Pero lo importante para patrocinadores y para la misma supervivencia de los torneos es que acuda público. Y en este deporte eso no es tan común. Las figuras que sirven de llamada a los fans tienen un calendario muy medido y, en su mayoría van más donde más les pagan, esto es a Estados Unidos.
Los jerarcas del golf europeo se las ven y se las desean para encontrar empresas que paguen lo suficiente para retener a los propios jugadores del Viejo Continente dentro de su perímetro deportivo.
El Irish Open está dotado con una bolsa en premios de 7.000.000 de dólares. Pero esto es porque es uno de los ocho torneos que se ha incluido en la Rolex Series. Para el resto podemos fijarnos en el Porsche European Open, que se juega a final de mes en Hamburgo y reparte 2.000.000 de dólares.
De otro lado, confirmando la penuria local, no hay más que caer en la cuenta del nombre – Dubai Duty Free – que precede al del Irish Open: muy lejos hubieron de viajar para buscar al que paga la nómina.
Y, en lo deportivo, de más lejos, de África del Sur, voló hasta Irlanda del Norte el líder del último día. Erik Van Rooyen, nacido hace 28 años en Belville, cerca de Ciudad del Cabo había puesto entre él y su más próximos seguidores – el neozelandés Fox Ryan y el sueco Joakim Lagergren – cuatro golpes. Al acecho el recuperado campeón del Masters 2016 Danny Willett, le miraba a cinco golpes.
Más abajo en la tabla los dos españoles mejor situados estaban bastante lejos: Jorge Campillo a ocho golpes. Pero como decía Atahualpa Yupanqui: “sólo están lejos las cosas que no sabemos mirar”.
Jorge Campillo, parecía haberse preguntado lo mismo que el cantautor argentino en esa su canción – “¿A qué le llaman distancia?”-, y se hizo birdie al hoyo 1 y al 2 para escalar de salida hasta el quinto puesto.
Escueto, callado, ni una sonrisa de más, ni lágrima sobre el esfuerzo, caminante de su camino, Jorge Campillo en su trabajado silencio de este domingo honró al refranero de su tierra – “la salud no esta en el plato, sino en la suela de los zapatos” – y metió en ellos la aspirina de la determinación y la cirugía de la seguridad.
De este modo, con su segundo golpe en el hoyo 4, la bola se quedó a pocos metros de la bandera; era par cinco y le hizo eagle para empatar en segunda posición. Quedaba, sí, mucho por jugar. De acuerdo. Y quedaba mucho coraje en el corazón del español. Cuando acierto y coraje se juntan cabe esperar lo mejor.
Y lo mejor fue que Campillo hizo un prodigioso recorrido de -6 en los nueve primeros hoyos. Golpes de calle que parecían calculados al milímetro para acertar la difícil rodadura de los links. Putts de jugador de billar con la fuerza justa y la dirección exacta. Todo salía bien porque todo lo hacía bien.
Los segundos nueve hoyos son harina de otro costal en Ballyliffin. Difícil para todos, también para el líder sudafricano al que Jorge le recortó enseguida los ocho golpes que le llevaba de ventaja. Lo hizo del modo callado y sencillo con el que siempre juega. “Quien pájaros quiera cazar, no ha de vocear”, dicen en su tierra.
Fue líder durante muchos hoyos, compartiendo este honor con otros. Al acabar el hoyo 18, era líder en la pizarra y en Casa Club.
Su tarjeta de 65 golpes fue la mejor del día, -7, para un total de -13 a solamente un golpe del guarismo ganador.
Probablemente había sido el suyo el mejor golf de la jornada también con recuperaciones como, por ejemplo, la de ese último hoyo para hacer el par.
Pero nada de eso quita mérito, lo supone, a la soberbia victoria del escocés Russell Knox (-14) quien se batió en desempate con un luchador Ryan Fox (-14).
Tampoco resta valor al sobreponerse de Jon Rahm (-12) quien, con un triple bogey en el hoyo dos, recibió una precoz puñalada a sus aspiraciones; sin embargo, el vasco se remangó y fue creciéndose paso a paso, para terminar quinto tras hacer cinco birdies en lo seis últimos hoyos, cuatro de ellos seguidos en los cuatro de cierre.
Se acerca el Open. Open sólo es uno. Este año se juega en Carnoustie, Escocia, dentro de diez días y lo de esta semana en la costa irlandesa de Donegal tenía los sones de un ensayo general.






