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PARA CONFIRMARLE COMO NUEVO Nº 1

Jason Day (-15) gana The Players 2016: oficio, determinación y putter

Cuando un jugador está en la cumbre del golf mundial y en la última jornada no hay nadie del Top 10 mundial entre los perseguidores, a los que saca 5 golpes, la victoria no suele necesitar padrinos.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Muchos de mis lectores estarán alarmados por el elevado número de estrellas que no pasaron el corte y que no veremos este domingo. Una pena no ver a cuatro de ellos del Top 10 Mundial. Y, una de las figuras que más están echando en falta mis queridos lectores es el campeón defensor, Rickie Fowler.

Cuando he mencionado esta desazón a las más bella de mis primas, la inigualable Margarita, ha enarcado su fina cejas e inundado de luz la Terraza Oeste de la Casa Club con la mirada de sus ojos, y me ha soltado admirada.
 
.- ¿Rickie Fowler? Pero ¡¿de que se extrañan?!
.- No te entiendo, querida prima; ilústrame, porque llevaba una tendencia maravillosa  como ya escribí  – y sin más complejo me cité a mí mismo -. “Es 5º del Ranking Mundial. Esta temporada ha acreditado 6 Top 10 en 12 apariciones, entre ellas un 2º puesto en el Waste Management Phoenix Open. La semana pasada con su 4º puesto en el Wells Fargo, dio un aviso. Y  le va, le va este campo”.
.- Querido, primo, aparte de que ese párrafo parece escrito por un gacetillero del The Florida News Journal – dice sin saber lo que dice –, tú sabes que de nada valen éxitos pasados si te dejas llevar por malas influencias actuales.
 
.- ¿A qué te refieres? Porque su entrenador y su caddie son de los mejores.
.- ¡Ah!, hombres – suspira Margarita. Después de sorber un poco de cerveza, añade -; los hombres os perdéis en estadísticas, facultades físicas y otras tonterías, pero se os escapan las mejores.
.- Pues, prima, tú dirás  cuales esas “mejores” – le digo, con pocas ganas de adivinanzas. Y mientras me tomo un poco de Alfonso y consumo un par de aceitunas le dejo que se explaye:
.- Primo, en este caso no son las mejores, sino los peores. Rickie Fowler no pasó el corte por una desconcentración masiva y acelerada con pérdida generalizada del sentido de la orientación y del ridículo, provocada por el impacto visual del calzado deportivo usado jueves y viernes.
.- ¿De verás?, prima.
 
.- No admite duda, querido: calzaba un par de zapatos destellante y de diferente color en cada pie: el derecho, en la zona más visible, era de un brillante color amarillo, que desleía gradualmente en azules y rojos hacia el empeine y al talón. El izquierdo a la inversa: deslumbraba de un rojo semáforo de leds desde la punta al empeine para ir desdibujándose en azules verdosos y amarrillo warning hasta la parte trasera.
.- Hmm… si que parece grave – concedo sorbiendo un poco más de vino oloroso.
 
.- Grave es poco –sentencia la más hermosa criatura-: es casi criminal y, desde luego, tales calzos le imposibilitaron cualquier visión serena del putt, de las caídas y si me apuras de la propia existencia. ¡Menuda facha!
Debo de coincidir con su diagnóstico: esos zapatos y más arriba unos pantalones que se estrechaban en el tobillo con elástica tipo esquijama pueden ser una apuesta perturbadora y un mal ejemplo para los jóvenes que se inician en el golf.
 
Me apuesto la paga de navidad de tía Alicia a que los de Puma que le patrocinan se han visto en secreto con el estilista de Ian Poulter: es difícil si no hacer tanto daño a la estética del golf.
 
Un golf que tras la hecatombe del sábado se presentaba en el TPC Sawgrass más apaciguado en la ronda final.
Y así fue. Jason Day no vio peligrar su liderato, que era de cinco golpes al comienzo de la jornada, y que nunca  bajó de dos. Y eso que el golf del australiano era un ejercicio trabado, quejumbroso en los músculos y tirando de oficio – y de putter – para que no se fuera de las manos.

Y hubo mucho de oficio y alta calidad de esos putts de entre dos y seis metros que entraban como teledirigidos.  En los primeros nueve hoyos el nº 1 del Mundo no hizo un sólo birdie y cometió dos bogeys. La circunstancia favoreció que el veterano Ken Duke se acercara al líder. Pero cuando el mejor, el que lleva ya ganados dos torneos en lo que va e año, se pone a jugar no hay nada que hacer.
 

El largo recorrido de varias horas recordaba esa goma del ciclismo o de las carreras de fondo donde algún valiente se acerca al keniata de turno, quien sin despeinarse, sin la menor mueca de especial agonía, mete otra marcha, y se despega del perseguidor dejándolo varias decenas de metros atrás.
 
A Jason Day nadie podía alcanzarle hoy. Y nada le distraía de su meta, de la victoria de The Players. Ni siquiera los pantalones turquesa o agua viva – ¡vaya usted a saber el verdadero color! – de Ian Pouter que ya ni estaba en el campo.
 
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