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THE BIG HEART

Ian Poulter, un campeón de todo corazón para el Houston Open

Uno de los mejores últimos días de golf, puso emoción, épica, intensidad en la semana previa al Masters: los fuertes intereses deportivos pesaban en los jugadores.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Houston es célebre por varios motivos: el espacio exterior es uno de los principales. Sede de la NASA, es el centro de operaciones tripuladas fuera de nuestra atmósfera. De ahí  que su apodo oficial sea Space City. En su historia se han sucedido otros lemas: Magnolia City, fue uno de los primeros; usado ya en 1870 por los lugareños, podía leer en 1900 en el rotativo Texas World en 1900 y todavía hoy algunos medios la nombran así para referirse al pasado. A  aquel pasado anterior a 1920 cuando el crecimiento la población hizo olvidar el bosque de magnolias.

Como el marketing todo lo aprovecha, alguna conspicua autoridad hizo circular el lema “Houston, vale la pena”, al estilo “Porque yo lo valgo”, que hace 45 años idease una creativa de sólo 23 de la agencia McCann Erickson para L’Oreal. Ella se llamaba Ilon Specht y escribió aquel eslogan sin saber que iba a realzar y fortalecer durante casi medio siglo la presencia de la mujer, no por un rol adjudicado, sino por ser ella misma.

Desde luego que Houston vale la pena y a esos apodos se le unieron unos cuantos más: Capital of the Sunbelt, City of Lean, Ozone City o, también por el mercadeo del petróleo, su industria y distribución, Energy City.

Pero yo me quedo con otro más humano o, si quieren, más entrañable: The Big Heart. Si Nueva York es la Gran Manzana, Houston es desde 2006 el Gran Corazón. Tras el paso devastador del Katrina por la vecina Luisiana, cientos de pequeños corazones houstinianos latieron juntos en uno solo y de gran solidaridad.

Prestaron ayuda muy generosa y altruista para asistir a la desolación de las víctimas del huracán más terrible de los últimos años. Angelo Edwards, vicepresidente de ACORN Katrina Survivors Association, llegó a decir: “ninguna otra ciudad brindó realmente los recursos y la asistencia que entregó Houston”.

Los vecinos de Houston rescataron, alojaron, alimentaron a más de 150.000 supervivientes en un esfuerzo que mereció la aclamación de todo Estados Unidos, montando la que fue considerada la operación de acogida más grande en la historia del país.

The Big Heart continua. Uno no tiene el corazón para un rato.
Y corazón ponen el mismo en labores de socorro que, por ejemplo, en la organización de su Houston Open de golf. Y corazón y cabeza hubieron de poner los jugadores que se batían en la ronda final.

Una ronda final que comenzaba con Ian Poulter en cabeza. Por el retrovisor veía una manifestación de jugadores, si me permiten la expresión. Todos querían alcanzarle y el que puso cabeza y corazón desde el primer drive era un puntal del golf americano: Jordan Spieth. Un dato: cuando el inglés terminaba su cuarto hoyo, el Top 10 lo componían 18 jugadores. Y entre el líder y los últimos de esos dieciocho sólo había cuatro golpes. Eso es nada en un recorrido.

La clave iba a ser la fortaleza de ánimo, el ejercicio de la paciencia pues Ian Poulter y otros de esa lista sólo tenían, como decíamos ayer una posibilidad de verdadero éxito deportivo: ganar porque esa era la única posibilidad de poder jugar el Masters de Augusta.

Se masticaba el aire. Todo era tensión contenida, Todo parecía importante para un reducido grupo. Ya no quedaba ningún jugador en los primeros nueve hoyos y al menos siete profesionales tenían su oportunidad de victoria. Se comprimía la cabeza con diferencias mínimas.

Por ejemplo, cuando el partido estelar con Ian Poulter y Beau Hossler terminaban el hoyo 13, el inglés iba -18 y el americano -17; en -16 estaban Jordan Spieth y Emiliano Grillo, y en -15 Sam Ryder y Keith Mitchell.

Con lo que estaba en juego, en alguno de ellos y a la vista de las banderas podría citarse a G. K. Chesterton: “hay un camino entre el ojo y el corazón que no pasa por el intelecto”. Y el corazón de Ian Poulter grande como el de Houston pareció herir su intelecto cuando su rival le empató a -18 en el hoyo 14.

En ese momento, al final del camino, en la posada del hoyo 18, Jordan Spieth ponía el -16, después de una sugerente vuelta de 66 golpes, 6 por debajo del campo. Y Emiliano Grillo se ponía a un sólo golpe de los líderes. ¿Habría que contar con el argentino para el fin de fiesta? ¿Por qué no?

Pero para entonces Beau Hossler (23 años) era líder en el campo con un golpe sobre el inglés. Quedaba poco, nada para la resolución. Y los corazones, grandes o chicos, golpeaban fuerte, aceleradamente, las paredes interiores del pecho. Si no lo reventaron cuando Ian Poulter hizo el birdie para empatar en el último putt es porque son pechos de bronce: pura nobleza en ambos competidores.

El hoyo de desempate diría quién, como en la canción de Abba (The winners takes it all)  sería el ganador que se lo lleva todo: cheque, copa, puntos FedEx y plaza para Augusta…

And the winner was… … Ian “Corazón de León” Poulter.
 

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