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Eduardo (Foto: Facebook)

Eduardo (Foto: Facebook)

EL FOGONERO

La Habana, Miami: Nosotros, los extremistas

El escritor, guionista y director de cine Eduardo del Llano habla desde La Habana, el otro extremo de Cuba en esa división política que todos señalan como si en verdad apareciera en los mapas.

Hechosdehoy / Camilo Venegas
—Ay, caramba, estos extremistas de Miami —se queja Eduardo del Llano en video compartido en Facebook. El escritor, guionista y director de cine habla desde La Habana, el otro extremo de Cuba en esa división política que todos señalan como si en verdad apareciera en los mapas.

 

Para verme, Eduardo tendría que mirar al sureste. Aun así, ubicaría la Loma de Thoreau en algún lugar de la Florida. Yo también estoy entre sus extremistas, porque para mí el único responsable de que tres niñas murieran aplastadas por un derrumbe es el régimen de Raúl Castro (Díaz-Canel es un eufemismo más).

 

“Vamos a ver si tenemos un poquito de objetividad ­—reclamó—. Hace dos días se derrumbó un edificio en Nueva York, hace poco más de 24 horas hubo un tiroteo en una iglesia en la Florida. Yo quisiera ver cuántos de ustedes de los que han armado todo ese revuelo (…) han dicho que Trump tiene la culpa”. 

 

Cualquiera de los personajes de Dos veteranos (2019), el capítulo final de la magnífica saga de Nicanor O’Donnell, le hubiera aclarado las diferencias. En Estados Unidos hay propiedad privada y libre empresa. Cuando se derrumba un edificio, la responsabilidad empieza por el propietario y el constructor.

 

En Cuba, el Estado (es decir, el régimen) es el dueño de todo el país y la única empresa posible. Solo él tiene los medios, los recursos y la potestad para reparar un edificio. Luego entonces, la responsabilidad también es suya. Esa Habana que parece un paisaje después de una batalla, es La Habana de Fidel. Toda suya.

 

Lo que para Del Llano es “revuelo” y “manipulación”, en alusión a las manifestaciones de tantos cubanos por la muerte de las tres niñas de Jesús María (uno de los barrios más ruinosos y vulnerables de la vieja Habana), en realidad es indignación, rabia, impotencia.

 

Pero lo más desconcertante de las palabras de Eduardo es que le llame “normalidad” a la realidad que se vive en Cuba y culpe a Trump de la “escasez”. No, Eduardo, Cuba no es normal y todas sus escaseces se deben justo a su anormalidad, a la ineptitud y la intolerancia de una casta decrépita y obtusa.

 

Por eso, cuando el escritor y cineasta (a quien admiro y cuya obra disfruto mucho, también tengo que reconocerlo), asegura que en Cuba “hay una inmensa clase media de gente que vive más o menos con normalidad”, me imagino que se refiere a que pueden salir a la calle sin el temor de que un balcón les caiga encima.

 

"Sí, ha cometido crímenes -reconoce finalmente Eduardo respecto a la dictadura- está lo del 13 de Marzo [el remolcador], ha habido gente fusilada, también es verdad (…). Pero díganme un gobierno en el mundo que (…) en 60 años no haya cometido abusos…”.

 

¿Eso es normal? Ay, caramba, estos extremistas de La Habana. Es la única conclusión a la que puedo llegar.
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