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MISTERIO DE PEBBLE BEACH

Gary Woodland lidera el U.S. Open con una vuelta de seis birdies sin errores

El norteamericano estaba jugando firme sin alardes, también sin la estela de fans de un Tiger Woods y se hizo con el primer puesto. Los cuatro españoles se salvan de corte y son de la partida el fin de semana.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Les voy a decir un cosa: llevo todo el día esperando la llamada de mi hermosa prima Margarita. Sí, se que estoy un poco hartible con ella. Pero, ¡qué quieren! después del descalabro de su affaire con el lechuguino de los cinco consejos de administración, los tres campos de golf y las pasta en dólares, los dedos se me hacen huéspedes, si eso se puede decir. El pijo snob fue detenido ayer por el IRS (Internal Revenue Service) en colaboración con Interpol.

El pedante robaprimas ha sido imputado de malversación, asociación para delinquir, lavado de dinero, evasión de capitales, acuerdos antitrust y maniobras para alterar el precio de las cosas. ¡Y ahí estaba tan rico! – nunca mejor dicho – en el U.S. Open en esa joya del golf que es Pebble Beach y del brazo de esa otra joya de la naturaleza que es mi prima.

El presunto, actuaba en ilícita asociación con sujetos a los que mi tía Alicia es seguro no invitaría a un Martini en la terraza del Alfonso XIII. Para los entendidos no son nada desconocidos tres de ellos: Carlo Portonero, “Il Capo”;  Gianni Malnati “Coltello Sanguinante” y Mario Bergamo “Dente d’oro”. Vamos, no eran Los Soprano, pero sólo por el mal gusto de los apodos ya eran carne de presidio.

Y a ellos como digo se asoció el pijo estafador. Pero lo que no entiendo es, con lo lista que es Margarita cómo ha podido caer en brazos – si se me permite la expresión – de un Al Capone remilgado de ondulado pelo negro, brazos morenos del sol californiano y además hándicap 2,1. Eso duele.

Y aquí estaba yo esperando que llamara ella. Pobrecita, qué bochorno, qué frustración. El pasado es el pasado y no tendría inconveniente en olvidar y consolarla. Mientras me tomaba una cerveza con tapa de croqueta de morcilla en la taberna “Casablanca”, miraba el móvil una y otra vez. Era la una y media y no llamaba. ¿Tan avergonzada estaba?

Me pedí otra caña y entonces caí en cuenta que si en Sevilla iban a dar las dos del mediodía en la Península de Monterrey eran cerca de las tres de la madrugada. Este Trump en vez de andar con petroleros arriba y abajo podría arreglar lo de los diferentes husos horarios: tanto poder, tanto poder y no ser capaz de eliminar las barreras horarias.

Me retiré a mis apartamentos a esperar la llamada que más pronto que tarde haría Margarita para ser consolada.

Ya de noche viendo la transmisión del U.S. Open, me pareció que era Rafa Cabrera el que necesitaba apoyo moral, pues su +2 coqueteaba con el corte. Los otros tres españoles ya estaban bien situados bajo par al iniciar la segunda jornada. Pero en el golf, al que la vida imita, es menos importante dónde estás que a dónde vas. Y es menos decisivo a dónde vás que cómo vas.

Lo digo porque Jon Rahm que partía con un esperanzador
-2, cayó en bogeys en los hoyos 1, 3 y 6. Sufría también el debutante Adri Arnaus que sólo hizo par en los primeros nueve hoyos. Lo mismo que Sergio García.

El golf hispánico parecía defendido mejor por el mexicano Carlos Ortiz, que saliendo por el hoyo 10  se hacía -3 en sus primeros nueve. Lo hispánico. Ahí en todo lo que rodea Pebble Beach. Basta leer nombres de accidentes geográficos o carreteras: Asilomar, Spanish Beach; Del Monte Beach; Carmel Bay; Pescadero Rocks; Palmero Way o Padre Lane.

Terminado el turno de mañana, no era español sino inglés el que esperaba líder en Casa Club: el olímpico Justin Rose (-7). Cerca de él a uno o dos golpes evolucionaban Rory McIlroy, Rickie Fowler; Gary Woodland y el sudafricano Louis Oosthuizen.

Y yo esperaba la llamada de mi prima Margarita que debía estar llorando su desolación en el lujoso cinco estrellas Casa Palmero.

Mientras, el campo de Pebble Beach, preparado con la exigencia marca de la casa por los expertos del U.S. Open se ponía muy difícil: los greenes pequeños, duros y secos repelían con fuerza la bola en el approach dificultando la puntería de genios como Tiger Woods, que no pudo terminar bajo par.

Avanzada la vuelta ocurrieron finalmente dos cosas: Jon Rahm y Sergio García progresaron para terminar con un buen resultado acumulado de -3. Y el corte se movió de +1 a +2 lo que abrió la puerta al fin de semana para Rafa Cabrera Bello y Adri Arnaus, que había hecho +4 en el día.

Y en esto llegó la llamada.
.- ¡Hola!, ¡Hola! ¿Me oyes primo? – la voz cantarina de Margarita alegró mis oídos.
.- Muy bien. ¿Cómo estás? ¿Te ha pasado algo? – pregunté presto.
.- Jajajajajaja – se río incomprensiblemente mi prima -. ¿Lo dices por lo del mafioso? Seguro que ha sido el primo Gonzalo el que te lo ha contado. Qué torpe. Estuvo a punto de cargarse la “operación”. Me llamó en plena actuación.
.- ¿Operación? ¿Qué “operación”?
.- “Operación Toscana”  – dijo con algo de solemnidad para reírse de nuevo – jajajajajaja, ¿a que es un nombre la mar de mono?

Yo que quería consolarla no entendí nada hasta que me explicó alborozada la última fase de la Operación Toscana.
Resulta que la CIA y otras agencias de seguridad y la Interpol propusieron al coronel retirado del CNI Luis O. que contactara con Margarita. Mis lectores más antiguos recordaran al coronel Luis O. de aquellos dos artículos que escribí  titulados “Asesinato en el hoyo 7 del Club de Golf” y “El enigma de las adelfas y la víctima del hoyo 12”, dos muertes brillantemente resueltas por nuestro sagaz amigo.

Las agencias habían echado mano de Margarita para que ganada la confianza del “robaprimas”, pudiese grabar en su móvil con un dispositivo ad hoc las conversaciones del criminal. Así que del brazo  porel sol y sin apuros, Moët va, Möet viene, comida, cena y cóctel mi prima se hizo con la situación y justo cuando Sergio García metía el putt del hoyo 18 para birdie, recibió el ladino personaje una llamada de un tal “Dente d’oro” que resultó definitiva. Allí mismo en la carpa de hospitalidad un montón de agentes placa en mano rodearon al gachó, lo pusieron de rodillas, “las manos donde las pueda ver” y se lo llevaron.

.- Entonces, prima – inquirí admirado – ¡¿también eres agente secreto?!
.- Jajajajaja – volvió a reír y, no sé si en serio o en broma, añadió – Eso no puedo decírtelo sin incurrir en delito federal. Los Estados Unidos son muy serios con estas cosas. Jajajaja. Besitos.

Serios como Gary Woodland que en un firme juego, fuerte pero sin alardes arrebató el liderato provisional a Justin Rose.
 

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