“Árboles más altos han caído”. Eso he pensado cuando me han dado el soplo. Tengo el corazón encogido todavía. Me lo ha contado un primo segundo, sobrino nieto de la madre de tía Alicia, por la parte de segundas nupcias tras quedar viuda de un banquero que sólo le dejó a ella en herencia doscientos millones de dólares. A este confidente le llamaremos Ceferino para no dar más pistas.
Pues Ceferino ha oído en su Club de California, el Poppy Hills, justo al lado de Pebble Beach, que a mi prima Margarita se le ha visto esta semana por allí. Hasta ahí nada que decir, ya sabíamos por la Casa Ducal que iría al U.S. Open. Lo que me ha dejado bajo shock es que el confidente dice que iba del brazo de un apuesto galán de incalculable fortuna, socio entre otros clubs de Augusta National, Wentworth y el Castelfalfi en la Toscana. Además el gachó es consejero de cinco de las diez más importantes empresas del Dow Jones. Y lo peor: acredita un hándicap de 2,1. ¡Wuagjjj! Pedazo pijo, snob, roba-primas.
Lo que no me explico es cómo se lo montan estos dandis, como consiguen estar en veinte consejos, ser socios de docenas de clubs exclusivos, comprarse casas, viajar y tener hándicaps de un dígito. ¿Qué es antes los consejos de administración o el hándicap?; ¿el huevo o la gallina?
Pues yo me dedico con entusiasmo al golf pero mi hándicap parece no enterarse. Y luego, en mis consejos el que no se entera soy yo. Claro que para eso tengo a Margarita. ¿O ya no la tengo y la tiene ese alto ejecutivo
.- ¡Árboles más altos han caído! – digo para mí, pero me sale en alta voz justo cuando entra en la biblioteca mi primo Gonzalo.
.- Torres, primo, torres – dice sin acento y sin saludo previo
.- Buenas tardes, Gonzalo: ¿cómo que “torres”? – le pregunto.
.- Que el refrán dice “torres más altas han caído” y no árboles
.- ¡Bah! qué más da. Árboles, torres, postes, individuos lechuguinos.
De hecho hay un año, 2014, en el que cayeron tres de árboles famosos de campos de golf que han dado en tierra con sus ramas. Primero le pasó al árbol de Eisenhower en el hoyo 17 de Augusta al que tumbó una tormenta de hielo; luego, enfermo y viejo se derrumbó el del hoyo 6 de TPC Sawgrass y, por último uno de los cipreses del célebre par 5 del hoyo 18 de Pebble Beach.
Y alto el ciprés del 18 me sembraba la preocupación por la más bella de mis primas. ¿Qué pasaría con aquel sujeto acechándola en la Casa Club?
Mientras, en el recorrido, comenzaban a disputar el U.S. Open los mejores jugadores del momento, los que han conseguido clasificarse para este major. Cuatro españoles están entre ellos: el veterano Sergio García; Rafa Cabrera Bello; Jon Rahm y el debutante Adri Arnaus.
Desde el jueves al domingo quedan días para saber más sobre las evoluciones de unos y otros. Por ejemplo, sabremos el estado de forma de Tiger Woods, que no es favorito pero podría apretar. O conocer si la victoria de Rory McIlroy de la semana es flor de un día o grano que ayuda al granero. O si el buen inicio de Jon Rahm (-2) y Adri Arnaus (-2) en la inauguración se verá seguido de más jornadas de éxito.
Pebble Beach ha sido preparado por la organización de la USGA con la dificultad que es marca de la casa para un U.S. Open, sobre todo reduciendo la anchura de las amplias calles del recorrido californiano y obligando en algunos hoyos a tirar necesariamente por encima del agua de Carmel Bay.
Gonzalo, mi primo andaba zascandileando por la biblioteca, toqueteando libros, desordenando estanterías y poniendo a prueba mis nervios mientras intentaba escribir estás líneas.
Decidí cerrar mi texto. En el cielo californiano como en mi espíritu un gris pesimismo se estaba adueñando del espacio y del tiempo. Sergio García (-2) fallaba en su último hoyo, el 9, un corto putt, cosa de tres pies.
Y un árbol se erguía orgulloso a la vera del green de hoyo 18. A su sombra se definirá el domingo el campeón del U.S. Open.
Gonzalo, a punto de tirar un jarrón de la dinastía Ming, estilo jun con motivos de flor de loto que tía Alicia me dejó en depósito, soltó como cualquier cosa.
.- ¿Sabías que Margarita ha sido vista en Pebble Beach con un sujeto sospechoso?
.- Ni idea – respondí -: hace días que no hablo con ella. Lo cuál era cierto.
.- Pues, sí – añadió el primo Gonzalo, a punto de tirar al suelo el volumen XIV del Summa Artis -. Me ha soplado un comisario que es posible que no termine el fin de semana sin ser detenido. Está en busca y captura por la Interpol por evasión de impuestos en Italia, no se qué de compra de terrenos en la Toscana.
.- Vaya, vaya; como Al Capone; ya decía que torres más altas han caído – sonreí para mis adentros y añadí – No vayas a decirle nada a Margarita.
Entre los primos es proverbial que si quieres que algo se divulgue los mejor es indicar al primo Gonzalo que guarde el secreto.
Pero el secreto de Pebble Beach, ¿quién podrá desvelarlo?






