El largo día del vencedor del Open Championship: Zach Johnson en el playoff
El final se hizo esperar: en vez de el domingo fue el lunes, y en vez de llegar en el hoyo 72, no pudo celebrarse hasta el último putt del cuarto hoyo de desempate.
Lifestyle: lo “it” es la etiqueta, al menos en golf. Hoy volvieron a aparecer los grises en la indumentaria de los jugadores, pero vimos otros colores, como el verde irlandés del polo de Paul Dunne, el amateur o como el blanco del quitavientos del ganador. Pero lo que más resplandeció fue una elegante jornada de golf, toda seguida sin interrupciones.
Elegancia, finura, respeto de las reglas, respeto de los horarios y delicada atención a la etiqueta. Se lo comentaba admirado Amateur 2 a Amateur 1.
.- Desde luego, hacía tiempo que yo no veía tanta puntualidad y trato cortés en un campeonato de golf.
.- Amigo – subrayó Amateur 1-, of course: estamos en el Old & Ancient, cuna del golf y máxima autoridad en materia de reglas.
.- Ya – insistió Amateur 2-, o sea, como la Maestranza en los toros, así es Saint Andrews: un lugar para el respeto de los cánones.
Y, efectivamente, desde el orden de los partidos, hasta la moderada conmoción del veterano starterIvo Robson, anunciando a sus 67 años por última vez, con voz atiplada y ligero gallo inglés en su entonación, el nombre del jugador: “On the tee, from Ireland, Mr. Paul Dunne”. Y en las más de ocho horas que ha durado la jornada un detalle tras otro de perfecta cortesía.
El Clima. Algo de lo anterior debieron entender los dioses de los fenómenos atmosféricos, pues incluida la ligera e intermitente intervención del dios de la lluvia lloviendo sobre el campo, todos ellos tuvieron esa dimensión de clasicismo imprescindible para un día perfecto de verano escocés: un poco de frío, una brisa ligera con algunas rachas entusiastas, para dejar que la tarde tuviese la cortesía de moderar su ímpetu y serenar sus latidos. Para Amateur 2, más septentrional, si se quiere, “una tarde de perros”, pero para el maestro de ceremonias una tranquila tarde escocesa.
Los españoles: A Rafael Cabrera Bello (-5), le correspondió salir relativamente temprano y, como otras veces, tuvo que levantarse desde la adversidad temprana: comenzó con dos bogeys seguidos a los hoyos 1 y 2, y remontó con birdies en los hoyos 3, 5 y 6; en los segundos nueve, fue a la inversa, el impulso de los birdies de los hoyos 12 y 13, lo frenaron los bogeys de los dos hoyos más difíciles de la jornada: el 16 y el 17; su -1 en el día le aupó a la 40ª plaza.
Sergio García hizo un partido estupendo y llegó a ponerse a un golpe de la cabeza en el hoyo 10: para entonces llevaba -5 en el día. Pudimos soñar. Pero dos bogeys seguidos en los hoyos 12 y 13 cercenaron toda esperanza, que quedó sepultada con el bogey del hoyo 17. Con todo quedó empatado en 6º lugar a sólo cuatro golpes del ganador. Para algunos 67 apariciones en majors sin ganar es una cifra escandalosa; son los que ven la botella de la biografía del de Borriol medio vacía. Hay otra forma de ver esa botella, y es responder a sólo dos preguntas: ¿cuántos jugadores han conseguido 67 apariciones consecutivas? Y ¿cuántos de entre ellos pueden presentar mejor palmarés en esas apariciones? La victoria llega o no llega, pues es competición, pero el estar ahí una y otra vez es casi solamente virtud.
Resultados: la mejor tarjeta del día, -6, la compartieron Zach Johnson, Mark Leishman y Brendon Todd y Scott Arnold. La peor, +7, ha sido la de Charl Schwartzel. Injusto golf, que diría Amateur 2.
Pero lo que importa es quedar primero el último día en el total. Para saberlo hubo que acudir al playoff, que en Saint Andrews es al mejor de cuatro hoyos (1, 2, 17 y 18). Los jugaron Mark Leishman, Louis Oosthuisen y Zach Johnson. Y lo ganó éste en el último putt. Es el segundo grande que gana (el anterior fue The Masters de 2007) y suma 12 victorias en la PGA. Venido del golf de abajo, profesional desde 2008 recorriendo todas las categorías, este hombre tenaz da golpes fuertes a baja altura, pero muy precisos y está casi siempre arriba.
Tan arriba como su elevado discurso improvisado al recoger la Claret Jug, en el que no ha olvidado a nadie en sus sencillas palabras de agradecimiento: a fans, organizadores, equipo – incluido su caddie, Damon Green –, cuidadores del campo, amigos, sus hijos y una emocionada mujer, Kim.
Pero con la elegancia de saber la importancia del día y del momento, dio “gracias a Dios por haberle dado la paz”. El golf es un deporte de gente agradecida y, a ser posible, con cierto orden de las prioridades en la cabeza.