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EL DOMADOR DE BOLAS

Eddie Pepperell lidera el British Masters antes del fin de semana

El inglés, necesitado de victorias, fue de los pocos que pudo al fuerte viento de este viernes, después de hacer un hoyo en uno en la primera jornada. Todo un rey del golf en el aristocrático Walton-on-the-Hill.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Ana de Cléveris (Anne of Cleves en inglés), nacida Anna von Jülich-Kleve-Berg en Dusseldorf se hospedó ahí. Mi primo Gonzalo estuvo visitando para comprar la casa, Walton Manor, y hasta dio una señal.

Pero Ana fue más práctica en su época. Ella fue la cuarta esposa de Enrique VIII. Sucedió en el puesto, si puede expresarse así, a Jane Seymour. El rey de Inglaterra, ese sujeto que tenia cogido el gusto a lo de decir “sí quiero”, para pasar enseguida al “ya no”, había echado el ojo a la joven.

Bueno, mejor que a la joven, a las ventajas políticas de emparentar con la familia del duque de Cléveris que por aquellos años andaba combatiendo a Carlos V por un quítame esas bulas y otras menudencias territoriales sobre los Güeldres.

El caso es que el rey de la casa al no saber cómo era su futura encargó que le enviasen un retrato. El “instragramer” más acreditado de la época era por entonces Hans Holbein, apodado El Joven que, por decirlo así, con un poco de “oleo-photpshop” mejoró el original hasta hacer pasar a Ana por una aceptable novia.

Cuando Enrique VIII vio en vivo y en directo, que dicen en las tertulias, a la aristocrática muchacha sufrió una decepción como la que sufre un jugador cuando lo descalifican por una regla tonta que desconoce. La frustración, por lo que cuentan, fue mayor la noche de bodas; tan grande como la de un jugador que no consuma un putt de un pie de largo para ganar un importante campeonato.

Efectivamente el matrimonio de Enrique y Ana, no consumado, se anuló. Ana sólo fue reina desde el día de Reyes Magos de 1540 hasta el 9 de julio. Siete meses de reina y una pensión de por vida junto a la residencia de Walton-on-the-Hill. Para que luego se queje la gente por las ventajas de los diputados.

Ana de Cléveris fue tratada con gran consideración por aceptar sin discusión la nulidad. Era honrada en Palacio donde se le conocía como “la querida hermana del rey”. Sobrevivió a su esposo y a todas las demás acompañantes del siniestro monarca. Sería por el clima y la paz de Walton-on-the-Hill, y eso que no consta que jugase al golf en ese lindo pueblo del condado de Surrey donde se disputa estos días el British Masters (Nota: no confundir con el British Open).

En este torneo del Circuito Europeo participan grandes jugadores y entre ellos algunos de los que vimos hace dos semanas disputar la Ryder Cup: ahí están Francesco Molinari, Justin Rose y Tommy Fleetwood.

También estaba el viento. El mismo fuerte viento que atacó este viernes la boda de la princesa Eugenia de York con el apuesto caballero James Brooksbank y que causó perdidas de sombreros, despeinados de élite y alguna escena jocosa.

Pero no vimos risas entre los jugadores ante la inclemencia del cielo. Siempre son difíciles los cálculos cuando se trata de bolas y distancia. Pero en estos dos primeros días del British Masters el asunto justificaba los gestos de lástima de los profesionales. No sólo que soplase fuerte, sino también que el viento era variable como el ánimo de un adolescente.

Había otra dificultad añadida. No llueve en Surrey desde hace semanas. Con estos elementos, Viento+Sequía es un monomio; el otro para componer el binomio maldito es Campo seco-Rozamiento. Un bola proyectada con la potencia y destreza de estos chicos suele acabar en el sitio ideal, más o menos. Con las condiciones del Walton Heath Club la bola acaba donde le da la gana. La bola era pura rebeldía esférica que no se comporta como “la querida hermana del golfista”.

El domador de bolas ha sido en este comienzo un jugador con nombre de salsa de extracto de carne de vaca picante: Eddie Pepperell. Gran persona este jugador de golf y compañero mío en las tareas de mantener vivo un blog.

Eddie llevó su juego con sabiduría y, además firmó un hoyo en uno (en el hoyo 9 del primer día) que le insufló aires de triunfo. Así escribía en su cuenta de Twitter: “¡Loco por cierto! Momento increíble para mí y un gran día también. Encantado de poder decir que £ 10K se destinarán a la organización benéfica del European Tour, que es Cancer Research. Y las otras £ 10K que voy a donar a @HelenAndDouglas. Fantástica iniciativa, gracias a @LIFElabsHQ”. Sí, LifeLabs es uno de los patrocinadores que destina cantidades de dinero a la investigación en enfermedades graves. Aquí en Walton Heath a la lucha contra el cáncer.

Terminamos con otra curiosa coincidencia real de este pueblo del sur de Londres y su club de golf: Walton Heath es el único Club británico que ha tenido un monarca reinante como Capitán del Club; el príncipe de Gales asumió el cargo en 1935 y era capitán cuando se convirtió en el rey Eduardo VIII en enero de 1936.

¡Dios salve al golf!

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