Lluvia, trajes de agua, paraguas, humedad y colores oscuros. Todo es oscuro, la ropa negra de los jugadores, la nubes sobre el cielo, las caras del público arrebujado por el frio y la casi invisible isla de Arran plantada en el Fiordo de Clyde. Es la mañana del viernes en Royal Troon y se juega la segunda jornada del 145º Open Championship.
El propio juego de las estrellas del golf mundial carece de brillantez. No hacer bogey ya es un punto. Un par casi la gloria. Y arrancar birdies al recorrido un sueño. Y ese sueño han podido cumplirlos los experimentados, los que saben estar a las duras y a las maduras.
Ni siquiera el líder –Phil Mickelson (-10) -, que había igualado el récord del campo el día anterior, pudo lucir con parecido esplendor. Hizo -2 en el día, pese a comenzar con bogey.
Avanzaba la mañana y una codorniz aterida o un lagópodo escocés (Lagopus lagopus scotica) cruzaba por algún fairway sin prestar atención a la lluvia ni a los jugadores. Tampoco se fijo en Soren Kjeldsen, que iba en modo ganar y que al mediodía puso en Casa Club el mejor resultado: -7 (-5 en el día). Soren de ordinario un pelo pincho modelo erizo, mostraba un cráneo plan sin pincho ni cresta, con todo el pelo pegado goteándole por las comisuras de su sonrisa.
Y más lluvia, más toallas colgando de las varillas como un tendedero del barrio Les Petits Oiseaux. Y humedad que calaba hasta la médula y achicaba los swings. Pero no a otro nórdico, Henrik Stenson – ¡será por malas condiciones climáticas! – que colocaba otro mejor resultado en Casa Club (-9).
El líder Phil Mickelson alternaba pares, bogeys y birdies afirmando su autoridad. Su buen juego, la paciencia y las mil batallas combatidas como Flagship del golf americano, se impusieron esa mañana y mantuvo el liderazgo con -2 en el día y un –10 en el acumulado de la pizarra. Ese resultado total sería finalmente el mejor del día y suficiente para dejarle de líder una jornada más. Porque la tarde fue otra cosa. La tarde del 15 de julio en Royal Troon fue un castigo para todos los que les tocó ese turno.
Por la tarde jugaban, entre otrosm 8 jugadores con puestos en el Top 10 del Ranking Mundial. No pocos sospechamos que podría haber pelea para que acabasen en puestos de cabeza para el desenlace del fin de semana. Pero pocos habíamos caído en que el clima de Escocia es capaz de reírse de cualquier destino.
Y sucedió que cesó la lluvia, pero se levantó el viento. Y ocurrió que se cerraron los paraguas pero se subieron los cuellos de las prendas de abrigo. Y de las bolas penetrando el aire líquido de la mañana pasamos a no saber qué palo coger para según qué distancia. Que caiga agua es incómodo para el jugador, pero el agua es cierta y razonablemente predecible. El viento de Escocia es incierto, cambiante, fuerte, racheado y siempre rompedor de paciencia.
Uno tras otro los jugadores fueron sucumbiendo a esta inclemencia, verdadero destrozador de cálculos, tácticas y estrategia. La tarde fue el final de muchos y, en todo caso, un tiempo para el agravio comparativo.
Por ejemplo entre los 14 jugadores mejor colocado en la tabla al final del viernes no había ninguno de la tarde. Mientras el mejor resultado de la mañana era -6, en la tarde era -1, de Byeong Hun An y del nº 1 del mundo Jason Day. 5 golpes de diferencia es una barbaridad en estos niveles. La tarde hacía inalcanzable la cumbre para los mejores y hundía en el abismo a los más débiles en ese momento. Si todo el día fue duro, la segunda parte fue penosa.
Eso motivó que el corte, que al comenzar la jornada estaba en +1, terminase en +4. Esto fue hasta cierto punto un dato consolador para muchos que estaban pensando en hacer las maletas con resultados de +2 y +3, pero que finalmente podrán jugar el fin de semana; entre ellos Jon Rahm (+3). No estará el joven debutante Scott Fernández (+10), y sí los demás españoles, Miguel Ángel Jiménez (+1), Rafael Cabrera Bello (-3) y Sergio García (-4) que habían jugado por la mañana.
Entre los notables que se han salvado con +4 están Jordan Spieth, Danny Willett y Bubba Watson que se hizo un doble bogey en el hoyo 11, llamado Railway, y del que el ganador de 1962, Arnold Palmer definió como the most dangerous hole I ever seen.
Los días son como son y de la dureza de este viernes escocés da fe un dato más: mientras que el jueves se hicieron un total de 14 eagles, el viernes sólo 1. Con salvar los muebles pasar el corte se conformaban casi todos.






