El mismo lema – Tam arte quam Marte – del Royal Troon, que hospeda la 145 edición del Open Championship, ya da indicios de dónde se jugará este British. Al nombrar al mitológico dios romano de la Guerra, se nos habla de que los links son aquí Campo de Marte, escenario bélico.
La apelación al arte, como habilidad creativa reservada a unos pocos, nos sitúa en el bagaje interior que hará aquellas valiosas las armas: habilidad, técnica y visión de la mejor solución. Es decir, arte y talento. El golf, por tanto, es aquí batalla y es arquitectura. Es ataque y es defensa, y es paciencia y es armonía. Los links, tipo de campo de golf propio de la Escocia donde se juega este Open, son calles desgarradas del mar, costa verde de peladas calles y de rough espesado por zarzas de tojo y retama.
Si no se coge calle malo, pues aun encontrando la bola en la espesura de ese monte bajo, nada garantiza, más al contrario, que pueda salir de un golpe certero. Pero coger calle tampoco es un contrato de seguro; es un contrato de préstamo a corto que hay que gestionar, pues el terreno pelado, natural y normalmente rápido hará responsable al jugador del menor error de cálculo. Entonces pagará el préstamo en la moneda corriente de estos links: golpes perdidos. Lo dicho: Tam arte, quam Marte.
Por ejemplo. el hoyo 1 se llama Seal, que no se traduce aquí como sello, sino como foca – pues no es infrecuente la presencia de ejemplares de éste mamífero pinnípedo acuático descansando en los vecinos arrecifes del Fiordo de Clyde.
Las aguas de este fiordo bordean el front nine – los nueve primeros hoyos del recorrido – que se despliegan en hilera por esa costa de norte a sur. Y en medio, solemne, la mole oscura de la Isla de Arran con su cumbre del Goat Fell.
El back nine desanda el camino en sentido inverso a los hoyos de front nine en una conformación típica de links escoceses, que van encadenados desde la Casa Club y a ella vuelven después de haber completado los 18 hoyos.
Lo que diferencia esta 145º edición del Open Championship que se celebra en Royal Troon es que la lluvia de días pasados ha vestido de verde calles y greens que en otros años secos tienen ese color pardo piel de topo tan característico, y una dureza mayor.
Este jueves, primera ronda del Open, los jugadores, sorprendentemente, no tuvieron que sufrir ni viento ni lluvia. Eso les permitió un golf más parecido al de otros recorridos de Inglaterra o, incluso del Continente.
Las condiciones favorables del turno de mañana permitieron al americano Patrick Reed quedar líder en Casa Club con 5 golpes menos que el campo, tasado en 71 golpes. Otro pequeño grupo le seguía con -4.
Pero llegó la tarde. Serena tarde de plácido golf. El estuario de Clyde era un plato llano de vajilla de Josiah Wedgwood and Sons, pero sin florecitas. Arran contemplaba a los astros del golf con mal fingida y benevolente indiferencia, pues no en vano ella, la isla, alberga la casa ducal de Hamilton. El día era el sueño templado de una tarde de verano. Escocés y verano, no eran este jueves términos antitéticos.
Y en esa paz la única guerra era la del hombre contra la gravedad de la tierra y la sinuosidad del terreno. Y ahí ejerció un almirante: Phil “Nelson” Mickelson que ordenaba su juego como una batalla que quería ganar. Desde el principio fue haciendo birdies a los hoyos pares y pares a los hoyos impares. Birdie a los hoyos 2, 4, 6, 8, 10, 14, 16 y 17. Este 17 es número para engañar al enemigo, para coquetear con el campo.
Brilliant Phil Mickelson Flirts with History and Troon, tituló de inmediato la página oficial del European Tour. Y con razón, porque hizo 63 golpes igualando el récord del campo. Pero sobre todo estuvo a punto de hacer todavía un golpe menos si el putt del hoyo 18 no hubiera sido errado por muy poco.
Phil Mickelson lo sabía al llegara a ese último hoyo. Era consciente de que haría historia. Los almirantes saben Historia, pero los almirantes también tienen adrenalina. Son humanos y las bolas de golf son redondas: así de simple.
Después de esto, mi prima Margarita ha dejado de mirarme a mí y ha vuelto a enamorarse de Phil: “¡Qué hombre!”, suspiraba por los pasillos del castillo de tía Alicia donde pasamos el fin de semana. “¡Qué hombre!” seguía repitiendo ella y yo tuve la prudencia de no preguntarle que qué tenía este jugador zurdo que no tuviera yo.
Empieza bien, muy bien este Open Championship. Detrás de “Nelson”, acabó segundo, empatado con Patrick Reed, un renacido Martin Kaymer (-5). Con -4 hay un pelotón de ocho campeones. Y en el siguiente grupo con -3 los dos españoles mejor clasificados: Sergio García y Rafael Cabrera Bello. Han jugado de maravilla y tienen intactas esperanza y posibilidades.
Quedan tres días y puede haber más Marte que Arte de aquí al domingo.






