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LO QUE MERECEMOS

Dos victorias seguidas: Tyrrell Hatton conquista el Italian Open

El inglés logra su segunda victoria consecutiva en el Circuito Europeo. Esta vez a lo grande, con doce birdies en los últimos treinta y tres hoyos; con cinco en los últimos siete.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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El hombre es el único ser de la Creación que piensa que la merece. Y no sólo que la merece, sino que todo lo creado le pertenece a perpetuidad, de manera universal e irrestricta. Pero la cosa no acaba: como niños mimados, y ya que el mundo es nuestro, los humanos somos capaces de acostumbrarnos a lo sublime que encierra el orbe.

Sobre todo en la Sociedades desarrolladas, como ésta desde la que escribo, apenas damos valor a la sucesión de cosas sabias, bellas y buenas que nos rodean.

Digo todo lo anterior después de haber disfrutado de otro nuevo lugar para jugar al golf en compañía de excelentes amigos, en un paraje de hermosura explosiva y la vez pacificadora: Fairplay Golf & SPA Resort.

Este espacio increíble está situado en Benalup (Cádiz España). Desde su elevación, con el aire de Levante  -que, las cosas como son, hoy era levantazo-; con el cielo de Andalucía; con unas vistas de ensueño sobre la vega del rio Barbate y un largo horizonte que evocaba otras épocas hemos disfrutado de un recorrido bien diseñado.

Las calles, no muy anchas, están escoltadas por hileras de verdes acebuches y plateados olivos. Creo  que también encinas. Es un campo divertido, muy bien preparado para jugar un par de días seguidos: el primero para aprenderse las habilidades que requiere su dibujo y, el segundo, para ganar la cerveza a tu mejor amiga o amigo.

Y ya que nombro la palabra amiga y la palabra amigo, el trato de las personas del Hotel y del campo que he saludado ha sido excelente. En recepción me han ayudado desde el primer instante con mi bolsa de palos, la más pesada del Cuarto de Palos.

En la tienda, Carmen me ha vendido unos zapatos con extraordinaria amabilidad. En Hoyo 19, un especie bar-sala de estar-cafetería que mira al final de recorrido, me ha atendido Sigri, y lo ha hecho tan magníficamente, que al terminar he vuelto para pagar unas cervezas… o ¿ha sido porque he perdido?

Si van, que deben ir para descansar de verdad, pregunten por Héctor, el Director del cotarro, que se sabe su profesión y, sobre todo sabe estar atento al detalle. En fin, una jornada de golf en Benalup de Sidonia es algo a lo que es casi seguro uno no puede acostumbrarse.

Como no se acostumbran las personas sensibles al blanco de las casas, a que los ojos gocen de la luz del aire o la calidez de las personas amables tan de esta tierra, tan de la España buena.

Sí. El hombre, el hombre occidental y urbanita tiende a no valorar lo mucho y bueno que tiene sin merecerlo. Es la vida que vemos. Pero también es el golf que jugamos. Al fin y al cabo, la vida es como el golf.

Por ejemplo, cuando uno está jugando bien; cuando lleva unas semanitas de las que todo sale a la perfección suele quedarse estupefacto ante la primera jornada que se hace un lío con el swing, con el giro de cintura o la bajada del palo. Y se frustra como si los dioses del golf la tuvieran tomada con uno.

“¡Cómo puede pasarme esto a mí!” exclama extrañado. “Pero si llevo haciendo un juego magistral una semana; si además he practicado  – he “dado bolas”, en argot de golf – antes de salir al campo y todos lo golpes iban rectos y certeros”.

Los profesionales también sufren estos disgustos. Nadie se libra. Pero, si lo observan, nadie se pregunta a qué se debe que una bola que apenas cabe en el hoyo termine en él una y otra vez los días que todo nos sale bien. Ya lo dice de modo espléndido el refranero: sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena.

Pero qué pocas veces, por no decir ninguna, nos acordamos del Ángel de la Guarda cuando encontramos aparcamiento a la primera el día que llegamos justitos de tiempo a la cita del médico.

Lo dicho: en el golf nos sube la temperatura del radiador interior cuando fallamos un putt de un metro, pero creemos ser acreedores a hacer hoyos fantásticos por nuestra cara bonita.

Hoy, en el Italian Open, que se jugaba en el Golf Club Milano ha ganado por un golpe Tyrrel Hatton, ese inglés fornido de nariz levantada y la prominente barbilla de los Hermanos Dalton.

El hecho no sería más notable si no fuera porque lleva ganados con éste dos torneos seguidos del Circuito Europeo. Y también por el hecho de la descomunal habilidad exhibida por este ciudadano de High Wycombe que cumplió 27 años la víspera.

Tyrrell no sólo ha presentado unas tarjetas de 69-64-65-65 golpes, sino que ha ganado viniendo de peor a mejor. En los últimos 33 hoyos del torneo sin ningún bogey hizo 12 birdies; 5 en los últimos siete; y terminó con uno de ellos en el hoyo 18, birdie que le era necesario para adjudicarse la victoria.

Y, ¿saben lo que les digo? Pues que ojalá siente cabeza y no se acostumbre a ganancia tan abundante y repentinamente llovida. Hay mérito, sí, pero es seguro que no merecemos todo lo bueno que nos ocurre y conviene no devaluar una victoria: es cosa efímera como los buenos momentos, como una tarde en la que el aire templado acaricia los sueños al borde de un paisaje excelso como el que me bebí hoy en el Fairplay de Benalup de Sidonia.

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