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SENTIDO DEL HÁNDICAP Y Nº1

Competición y esfuerzo en las calles de Orlando, sin Tiger y con Adam Scott

El australiano lidera el Arnold Palmer Invitational y puede arrebatar el nº1 del Mundo a un ausente Tiger Woods. Gonzalo Fernández Castaño persigue una buena clasificación.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Imagínese a usted mismo en un Estadio Olímpico. Usted está en los tacos de salida de 100 metros lisos y ante su mirada se extiende hasta la meta una calle delimitada por dos líneas de pintura blanca. La perspectiva estrecha el extremo opuesto y la emoción le inyecta adrenalina por todo su cuerpo. En la calle de al lado, un hombretón de 1,95 metros y 94 kilos de peso, hace sus últimos ejercicios de calentamiento: gesticula, se agacha, se estira, se pone de rodillas y extiende su largas piernas negras hasta que se anclan en los tacos de salida. Le saluda con una inclinación de cabeza y una sonrisa rápida y vuelve a su estado de máxima concentración. Se trata de Usain Bolt, campeón de la especialidad con ocho títulos mundiales y seis olímpicos y que detenta el récord de la especialidad en 9,58 segundos.
 
En ese tiempo ¿a qué distancia se quedaría usted de la meta de 100 metros? ¿a 20 metros?, ¿a 30?, ¿a 45? Pues la manera de que usted pueda competir con alguna posibilidad de ganar es darle a usted esos metros de ventaja para que en la meta las cosas estén algo más igualadas desde el punto de vista de la llegada. Eso es el hándicap.
 
En golf, un profesional competente tiene que completar un recorrido de 18 hoyos en el número de golpes estandarizados para el campo, por ejemplo 72. Si lo hace en 72 ha cumplido el par. Pero los amateurs, cuando comienzan, son incapaces de ganar o igualar al campo. Según prosperan su técnica, su mentalidad y su experiencia cada vez hace menos golpes para completar ese recorrido y poder cumplir el par del campo o, incluso, superarlo de forma habitual.
 
Para que los aficionados de distinto nivel de maduración golfística puedan competir con algún grado de igualdad se hace, como en la fantasía de la carrera de los 100 metros, una adjudicación de hándicap en función de los golpes de más que necesita para terminar un recorrido. Así, si necesita 100 golpes, con un hándicap 28 (28 golpes más) sale en teórica igualdad de oportunidades contra un hándicap 0, que lo completaría en 72. Si éste último termina con 73 golpes (+1) y nuestro aficionado hándicap 28 lo hace en 99 (-1), gana de dos golpes el aficionado, que puede llegar al bar del club y beberse a costa del de hándicap inferior la cerveza que se habían jugado. ¡Qué pasada!
 
Es como si en los 100 metros lisos, obligan a Usain Bolt a darme 40 metros de ventaja y el hace 10 segundos y yo – es un poner – 9,9: Yo gano la carrera porque la he hecho en menos tiempo – gracias a la compensación – y el jamaicano me da la mano aceptando su derrota y me paga la cerveza sin chistar. Y yo puedo llamar a mi prima Margarita para decirle que superé por un décima de segundo al campeón y recordman. ¿Es mentira? No, es una convención para disfrutar ambos de la pasión de competir.
 
Bueno, pues esto tan sencillo, que me ha costado quinientas palabras escribir, hay algunos que no lo entienden o, al menos que son incapaces de aceptarlo deportivamente.
El otro día un amigo mío, hándicap 18, ganó un torneo con un resultado de -4 (4 golpes menos que su hándicap). En el bar estaba otro sujeto de hándicap inferior, pero cuyo resultado era de -3: respecto de su hándicap había dado un golpe más que mi amigo.
 
¿Aceptó sin más la derrota? Para nada, que se decía hasta hace poco. Y dirigiéndose a mi amigo y campeón le soltó.
.- Claro, es que a ti te dan un montón de golpes de más.
Mi amigo, que literalmente tiene muchos kilómetros recorridos, echó manos de la sorna madrileña.
.- Hombre – dijo refiriéndose al sujeto – aquí tenemos a otro que nació con hándicap 4.
 
No le falta algo de razón a mi amigo campeón. Cuando empezamos a andar en el golf – y en la vida suele suceder igual – todos agradecemos la ayuda de algún apoyo suplementario que nos permita alcanzar objetivos razonables. Pero pasado el tiempo, adquirida la experiencia, dominada la técnica, recibido el aplauso, ascendidos en el escalafón y bebiendo a sorbos las ganancias – indudablemente merecidas – tendemos a olvidar de dónde venimos, cuál era nuestro origen. Y la verdadera dimensión de nuestra competencia. Entonces no es difícil mirar sin compasión a quienes están en recodos que nosotros ya hemos abandonado.
En el Arnold Palmer Invitational, torneo de golf del PGA Tour, que se juega este fin de semana en Bay Hill, Orlando (Florida) hay una colección de profesionales que saben de lo que hablo. Trabajan, sufren y son conscientes de que sólo la técnica no vale. La humildad les ha llevado a la fiel persistencia, a comenzar cada día.

Por ejemplo Adam Scott, que  lidera sin fisuras y a quien la forzada ausencia de Tiger Woods puede abrirle la puerta a ser número 1 del Mundo. Por ejemplo, nuestro Gonzalo Fernández Castaño (-1) que acuna en su corazón tesoros de compasión bajo el sello de su sencilla tenacidad. Después de la segunda jornada conserva posibilidades de terminar en lo alto. ¡Ojalá!

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