Su madre, la reina Isabel II, lleva ya un poco más de 60 años en el trono del Reino Unido e Irlanda del Norte. Hasta el momento no hay indicios de que vaya a abdicar en favor de su hijo, el príncipe Carlos que acaba de cumplir 64 años el pasado 14 de noviembre.
La suya es la espera más larga de un príncipe heredero para ocupar el puesto para el que se ha estado preparando desde su más tierna infancia, la de ser rey. Con eso ya tiene asegurado su puesto en el Libro Guinness de los Récords. Y con una madre de excelente salud a sus 86 años, puede que le queden todavía un par de años de espera.
Con motivo de la fiesta de su cumpleaños, el padre de los príncipes Guillermo y Enrique bromeó al respecto, como recoge la revista People. ¿Qué si estoy impaciente? ¡Por supuesto que estoy impaciente!, parece que aseguró para añadir que se le está "acabando el tiempo". "Podría morirme si no tengo cuidado", comentó con su sentido del humor tan British, heredado por cierto de su padre, el príncipe Felipe, el "metepatas" oficial de la familia real británica.
Por cierto que el cumpleaños lo celebró con su mujer Camilla en Nueva Zelanda, y fue un día plagado de cánticos de Happy birthday, desde colegiales con banderitas británicas saludando a su paso, hasta en la "fabrica" de lo nuevo de Hobbit. Fue el propio Peter Jackson quién les guió por Weta, la empresa de efectos especiales de la película y por el taller en el que Carlos y Camilla pudieron admirar los nuevos trajes de los protagonistas de la película.
Para endulzar el día no hubo una, sino 64 minitartas cuadradas decoradas con símbolos típicos de Nueva Zelanda como kiwis, ovejas o perritos pastores. Tampoco faltó la música, que no pudo ser otra que la canción de The Beatles When I´m Sixty Four, cuando tenga 64 años, una edad que ya llegó… sin novedades.
Cuando Carlos se casó finalmente con Camilla pese a todas las reticencias de la reina y de gran parte de sus futuros súbditos, muchas voces se alzaron para sugerir que se debería de saltarse una generación y que el futuro rey debería de ser el príncipe Guillermo, felizmente casado con Kate Middleton pero aún sin descendencia.
Pero las aguas se han calmado y Carlos, el príncipe más preocupado por el medio ambiente, ha recuperado la confianza de los británicos.







