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MADRID Y BARCELONA

¡Bienvenidos a la casta!, Podemos y Ciudadanos, en fiesta de la democracia

En los datos totales de votos en los comicios locales, Ciudadanos la tercera fuerza. En la pugna de las dos mayores ciudades, Podemos impulsó a Ada Colau y Manuela Carmena.

Hechosdehoy / Agustín Alberti
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Las fiestas, en general, se caracterizan por el hecho de la común alegría de todos los participantes. Hay, sin embargo, una que no goza de esta propiedad, la habitualmente llamada en medios informativos, “fiesta de la democracia” calificativo que beatíficamente se aplica a momentos electorales.

Esta fiesta termina, por naturaleza, con uno o varios grupos decepcionados. Otros, por el contrario, exaltados de alegría por haber atravesado la puerta que lleva directamente a la posibilidad legal de manejar un cierto porcentaje de la riqueza ajena, no necesariamente en beneficio propio pero sí de los amigos de la tribu y posteriormente del público en general. Esta última posibilidad suele ir –por cierto- condicionada al paquete ideológico del donante.

Los decepcionados y los exaltados también, suelen considerar obtuso –por no decir imbécil- al destinatario de sus campañas y después de haber intentado venderle su maravillosa mercancía, le intentarán hacer ver, con convincente aplomo, que ellos no están decepcionados porque han obtenido un resultado, excelente o al menos muy satisfactorio.

Otro de los aspectos específicos de la “fiesta de la democracia” es el de los efectos inesperados que conllevan ciertas actitudes viscerales del votante medio y que producen consecuencias que se pueden atribuir a la llamada “falacia de composición”. Esta consiste en que el resultado final de un conjunto de decisiones es exactamente contrario a los resultados de cada una de ellas considerada aisladamente.

El dilema de cómo castigar al grupo decepcionante suele resolverse, lógicamente, votando a otro. Pero las opciones no son infinitas sino más bien muy limitadas y como consecuencia del principio de que “a la izquierda no hay enemigos” el resultado final se resuelve en una patada en el propio culo del decepcionado.

Pasando al caso concreto de las elecciones del pasado domingo la gran patada al poder regional y municipal del Partido Popular se deriva no de su mayoría de votos sino del sistema de pactos que, inexorablemente, hará florecer los tripartitos de izquierdas como florecen las amapolas.

La debacle del poder popular no creo que se vea frenada en las generales de noviembre. No habrá tiempo suficiente para que esos tripartitos y pentapartitos de sensibilidad siniestra (me refiero de izquierda) asomen la patita, por lo que un posible “efecto Zapatero” no funcionará a corto plazo.

La recuperación económica, flor que ciertamente parece ir creciendo entre los abrojos del paro, no tendrá tiempo de consolidarse ni de ser adecuadamente “vendida” gracias a la probada incapacidad comunicativa de sus promotores.

La esperanza de que las coaliciones que se avecinan den resultados positivos, esto es, más empleo, menos déficit público, más racionalidad en la administración de recursos, menos mangancia en subvenciones y prebendas y más eficacia en el sistema económico, es muy limitada.

Me encantaría equivocarme porque creo que es digno, justo equitativo y saludable que un notable sector de la sociedad española más joven que se ha sentido marginada del sistema –probablemente sin fundamento real- se incorpore a los mecanismos de funcionamiento de la “res publica”. ¡ Bienvenidos a la casta!

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