Cosas que ocurren con el idioma y esa invasión que sufren las lengua vernáculas y de la que, en el caso español, tanto se lamenta la RAE, los escritores y tanta gente culta.
Yo mismo me veo atosigado de neologismos tanto al tratar de temas de comunicación como al escribir cualquiera de los post – ya está el primer barbarismo – de golf. Major, swing, fairway, putt, slice y muchas otras palabras son habituales en la jerga del pisador de green, porque, a ver no voy a llamarle pisaverde.
Atzenbrugg es un hermoso campo, al sur del Danubio, a 45 minutos de Viena por la A-. Allí se ha trasladado el ordenado circo del Tour Europeo. Han acudido jugadores significativos: Joost Luiten, James Morrison, Grégory Bourdy o Chris Wood, por ejemplo. Pero un buen número de estrellas están velando las armas para el duelo del US Open de la próxima semana.
Este Lyoness forma parte de esos torneos que, coetáneos de otros mejor dotados o de mayor prestigio, permiten lucimiento a profesionales que no acuden a esas grandes citas. Son campeonatos para la oportunidad; ya lo decía Voltaire: “suerte es cuando la preparación y la oportunidad se encuentran y fusionan”.
Por ello después de tres rondas en el Lyoness Open, hay un grupo de profesionales que saben lo que hay que hacer y tienen la capacidad de llevarlo a cabo pues ya alcanzaron el top 10 del torneo.
Y entre ellos dos españoles en busca del triunfo: Eduardo de la Riva (-5), 10º de la clasificación y, sobre todo, Adrián Otaegui (-9), 3º empatado a dos golpes del líder Zander Lombard. También en el Top 20 podía verse a Borja Virto (-4) y a Carlos Pigem (-3).
Cuando uno lleva como Adrián Otaegui seis años de profesional, ya ha acumulado experiencia y modos de enfrentarse a los retos y a la adversidad. El año pasado, después de jugar 26 torneos del Circuito Europeo, logró terminar en dos ocasiones entre los 10 primeros, aunque ninguna de las dos fue entre los tres mejores. Ahora, transcurridos poco más de cinco meses, ha jugado 13 torneos y tiene dos puestos por debajo del vigésimo. Se le vio fuerte en Dubái y en Irlanda. Austria no es Flandes, pero sería buen lugar para poner una pica.
Y de su donostiarra origen podrá sacar fuerzas, esa fortaleza en la que le adiestró su mentor, Chema Olazábal. Es cuestión de paciencia, no de justicia, porque como dejó escrito Stefan Zweig, nacido en la cercana Viena, “la historia no tiene tiempo para ser justa. Como fría cronista no toma en cuenta más que los resultados.






