Alexander Levy debió soñar la noche previa la ronda final del Trophee Hassan II. Y hay en ocasiones que los sueños sueños son. Otras son pesadillas. Las menos, son imágenes deseadas que acaban por cumplirse.
El jugador francés, sonrisas, pasión marsellesa y entrega a la causa no tuvo un buena jornada inicial. Bueno, tuvo unos primeros hoyos amigos; iba charlando con su recorrido amigo Red Course; daba golpes acá y allá, para acabar esa parte frontal dos bajo, gracias a un eagle en el hoyo 8. Pero en enseguida, sin venir a cuento, el red Course le propinó una bofetada en modo doble bogey en el hoyo 10.
Alexander, no dijo nada a Red Course; escribió en la arena. Y ya, en el resto del recorrido sólo pares. Red Course y el golfista siguieron su camino en silencio y sin más graves incidentes durante la segunda y tercera jornadas.
Hay que decir que Red Course que así se llama el recorrido en el que jugaron los profesionales masculinos era lo más parecido al infierno del competidor. Cierto que un comentarista de televisión dijo que el responsable de este horror les había dicho que habían preparado el campo fácil. “Miau”, si me permiten la expresión.
Si se encuentran con este experto que les explique cómo en un recorrido “fácil”, en el que en cuatro días 156 profesionales del golf han dado 460 vueltas, sólo un jugador y en un único día ha hecho el recorrido libre de golpes.
El héroe, Christiaan Bezuidenhout, lo fue en la segunda jornada que hizo tres birdies y el resto pares. Sólo él una sola vez salió indemne. ¿Y saben otra cosa que pueden decirle al experto? Pues que el pobre Christiaan sufrió la venganza del campo por semejante atrevimiento entregando una tarjeta de +6 el último día.
Pero volvamos al líder del torneo. Durante cerca de 60 hoyos el líder fue Álvaro Quirós. Pero un bogey en el hoyo 2 de la ronda final cuando Alexander Levy hacía birdies en los hoyos 3 y 5, le dejó en segundo término. Y ahí siguió. No entraba la bola en calle, no cogía greens, no metía putts de los que te facilitan la remontada. Álvaro “Corazón-De-Cádiz” Quirós aguantaba fuerte, pero no recuperaba la cabeza. Él era la cruz y Alexander Levy la cara.
Vestido de jugador francés con pantalón blanco y polo azul “allez les bleus” Alexander Levy hizo en ese último día del Red Course sólo dos bogeys por cuatro birdies; el último con el mejor golpes del día en un par 3 de 195 yardas en el que dejó la bola muerta con el primer golpe a apenas dos metros. Red Course le había salvado la vida. Sobre roca escribió Alexander.
Así se cuenta en Marruecos la Leyenda de la Amistad: dos amigos iban charlando por la orilla de la playa. Se divertían y hablaban. Pero, sin saber por qué la amigable charla derivó en discusión, enconándose hasta el punto de que uno de los jóvenes, sintiéndose ofendido dio una bofetada al otro. Éste, no respondió; únicamente se inclinó y escribió en la arena “hoy mi mejor amigo me abofeteó”.
Prosiguieron sin mediar más palabras. Viendo un sitio apto para el baño junto a un roquedal se tiraron al agua y se pusieron a nadar. De pronto el joven que había recibido la bofetada por más que lo intentaba no podía ganar la costa. El otro joven se apresuró en su socorro y lo sacó del agua.
Entonces, éste grabó en la roca “hoy mi mejor amigo me salvó la vida”. Preguntado por qué había escrito primero en la arena y ahora lo hacía en la roca, respondió “cuando recibimos una afrenta de un amigo debemos dejar que el viento del tiempo y el agua del perdón borren el mal de la memoria; y cuando un amigo nos hace un bien grabarlo con agradecimiento en la memoria para que nada lo haga olvidar”.
Alexander Levy en la roca de su apasionado corazón guardará inolvidable este domingo de abril, cuando Red Course del Royal Golf Dar Es Salam le brindó la Daga de Oro y, el tiempo y sus próximos resultados lo dirán, acaso un puesto en el Equipo Europeo de la Ryder Cup.
Junto a esta victoria muy merecida del francés es de destacar el segundo puesto de Álvaro Quirós que, quién puede decir que no, presagia gratas jornadas para el español.
Por mi parte debo resolver un pequeño problema doméstico. El petardo de mi primo Gonzalo ha hecho fijarse a mi tía Alicia en que cuando Su Alteza Real príncipe Mulay Rachid llegó a su palco en el hoyo 18, se detuvo el juego en su honor y no se reanudó hasta que Su Alteza Real tomó asiento. El muy equino – de mi primo – ha sugerido a tía Alicia que lo mismo debían hacer en nuestro Club cuando ella pise la Terraza Oeste de la Casa Club. Ya están escribiendo una propuesta al Comité de Golf para detener toda actividad en cuanto se vea en el horizonte la pamela malva del terror familiar. Si no fuera tragicómico sería divertido.






