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NO PUDO SER

Willett no le permitió a Rahm ganar en el emblemático Wentworth

Apenas hubo al final otros que captaran nuestra atención. Y eso Rafa Cabrera ascendió hasta la sexta plaza. Y eso que Billy Horschel hizo un recorrido memorable sin errores y con un eagle.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Fue un duelo bajo las nubes. Wentworth es residencia para emociones épicas. No olvidemos: fue residencia de una militar carlista casado con británica. En esta ocasión no hubo pólvora ni poemas.

Aunque había otros personajes sobre el verde escenario del señorial recorrido, sólo dos protagonistas arrebataban la atención del público inglés: Su paisano Danny Willett y el español Jon Rahm.

El primero de ellos es el hombre que sonríe mientras juega. El segundo, la galerna del cantábrico: puede parecer de pacífica grisura, pero un súbito descenso de temperatura, un inopinado cambio de viento y se desata la tormenta.

Juega agresivo Jon, pero no alocado. Habla Danny, pero no pierde la cabeza. Dos titanes del golf europeo parecen querer cantar una vieja sevillana: “Se van batiendo/dos poderosas naves/se van batiendo/una va al abordaje/ la otra va huyendo".

Aunque en este lance del noble deporte ninguna perdía la cara ni al rival, ni al campo, ni a la bandera, ni al honor.
Porque no sería verdad que metidos en harina piensen en la bolsa los campeones. Piensan en la vida. ¿La bolsa o la vida? Claramente ésta última en lo que tiene de digna pugna, de deportiva agonía frente a un campo que es un mundo: el golf. O frente a un mundo que es un campo: Wentworth.

Los dos primeros mandobles, si se me permite la expresión, los lanzó Danny Willett con dos birdies seguidos en los hoyo 2 y 3. Redujo la diferencia Jon Rahm con otro mandoble-birdie en el hoyo 6, pero en el hoyo 8 el inglés restableció la diferencia de dos golpes con la que acabaron los primeros nueve hoyos.

Comienza la segunda parte del recorrido sin pulsos cedidos: cada uno hace birdie en el hoyo 10. Y en el hoyo 11 Willett da una muestra mínima de debilidad con un bogey. ¡Hay esperanza!

Pero también ¡Ay, esperanza! Porque en el siguiente es el vasco quien recibe la herida de su propio bogey y vuelve la persistente diferencia de dos bogeys. Inmediatamente recupera Jon puntos y compostura con un birdie. Pero cortas son  las posibilidades si de nuevo llega otro error.

No hay hemorragia, si a alguien le preocupaba eso. Pero esta vez no puede el español con el inglés aupado por la energía plus de sus compatriotas. No pudo ser, Jon, no pudo ser. Diste amigo lo mejor pero el mejor dio más o la fortuna más le favoreció. ¿Y qué?

Si no ganaba el BMW PGA Championship el español que lo ganara el hombre que sonríe mientras juega. ¿No les parece?
Danny Willett ganó el Master de Augusta un 10 de abril de 2016 y entró en panne, en caída libre al oscuro lugar donde los deseos se obscurecen de imposibilidad. Qué ahogo sentía el campeón: no es lo malo que las cosas no salgan bien, sino que no encuentres la causa. Sin porqués no hay diagnóstico asumible. Ni, claro, tampoco tratamiento.

Durante un tiempo el dolor se agarra con las dos manos al “para qué”. Hay que tener temple especial de héroe, de santo o de madre de familia numerosa – que es lo mismo – para remar tanto tiempo contra corriente.

Ese largo tiempo para nuestro campeón de este domingo en  Virginia Water, fueron poco más de dos años y medio cuando, por fin, atrapó en Dubái – sonrisa y trabajo – la copa del DP World Tour Championship.

Y ahora cuando no ha pasado ni un año alza victorioso el cuadrangular trofeo en Wentworth. Sí, si no ganaba Jon que lo hiciera el recuperado Danny.

Y ¿Rahm? Pienso que su -17, pero sobre todo su pundonor, ha dejado otra huella más de combatividad, de técnica y, como decíamos hace nada, de actitud. No pudo ser, pero no fue por dejarse ir. Eso nunca con el español

Nos queda mucho que ver en una temporada que mira ya al final de la carrera. De la Carrera a Dubái para ver quién hizo este año la mejor trayectoria. Y si todos los combates van a ser como el de los dos héroes de esta torneo y de este domingo espera una gran aventura para los aficionados.

Hay una pasión especialmente intensa en los mano a mano, como hay hálito de tristeza cuando se comprueba que no pudo ser. Sin embargo hay, como en este torneo la viveza de que podrá ser. Y será, Jon Rahm: será.

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