Madrid no parece Madrid, que parece Reikiavik: qué frio. El danés Thorbjørn Olesen jugaba con gorro de lana de esquiar. Lo mismo que Andrew Johnston, Erik Van Rooyen y Matt Wallace. ¡Si hasta Alexander Björn, nacido en Växjö (Suecia), estaba arrecido!
Pero en golf solemos decir encogiendo los hombros: “esto es lo que hay”. Y lo que había eran temperaturas de unos 12º por debajo de la media de las habituales en un mes de abril en Madrid.
Registrados en el Open de España 2018 hay 25 españoles, 38 ingleses, 11 franceses y sudafricanos, 8 escoceses, 9 suecos y un número inferior de otros ciudadanos de un total de 28 países. En este sentido un éxito de convocatoria.
La parte menos satisfactoria, aunque esperada, es el nivel de ranking de los jugadores: sólo uno de los cinco mejores del mundo: Jon Rahm. Con él y Rafa Cabrera Bello, sólo dos del Top 25 mundial. Y de los 100 mejores del mundo hay 9 jugadores. Pero hay cosas a celebrar.
Una de las cosas a celebrar por este blog amigo de “manners”, de gestos de grandeza, es el esfuerzo hecho por Rafa Cabrera Bello y Jon Rahm por venir directos desde Augusta a Madrid para jugar el Open de España. El vasco, 4º del mundo, debe mucho a lo que por él hicieron en la Blume, como reconocía generoso ayer.
Lo mismo Rafa; es una paliza de viaje el que ha hecho para volver a España a tiempo de estar en Madrid. Pero hay una cosa que siempre ha tenido presente: su hombría de bien, su deseo de estar con tantos seguidores que lo quieren ver de cerca. Él lo sabe y corresponde.
Y poco después de las cinco de la tarde comenzó la lluvia. Pero con lluvia y frío aquellos seguidores han hecho lo que los define: seguir, estar cerca, acompañar a los jugadores, acudir y apoyar la costosa aventura de tener este torneo profesional europeo. Esa, la respuesta de los aficionados, es otro dato a celebrar, cómo me hace ver por whatsapp otro lector aficionado.
Y puestos a celebrar – ¡que nos gusta! – los parabienes son para la organización. La preparación del campo no ha ahorrado dedicación y los resultados merecen comentarios muy positivos: “tanto los greens como las calles como los tees, que en sí es lo que importa, están muy bien.
La preparación habrá supuesto un esfuerzo tremendo y hay que agradecer a la Federación que el campo esté en estas condiciones”, ha dicho al terminar un amateur, que conoce sobradamente el campo, Víctor Pastor, que concluyó con -5, mismo resultado que Jon Rahm y a un golpe de los líderes Marc Warren y Paul Dunne.
Sobre el recorrido Andrew Johnston, defensor del título, también se ha pronunciado: “El campo está bien. Los greens tienen una velocidad decente, y eso que pensé que con la lluvia estarían más lentos. Es impresionante que hayan conseguido acondicionarlo así”.
Ahora estoy en mi club; aquí también llueve esta tarde y el aire es frío. Abrigado, miro el hoyo 9 desde la Terraza Norte de la Casa Club. Margarita no me acompaña hoy: está buscando abalorios para la Feria de Sevilla que empieza la noche del sábado. En mi iPhone escucho vía Spotify Greenfields (The Brothers Four). Campos verdes. Eso tiene la lluvia, que verdea la hierba y le da brillos intensos al atardecer.
Brilla en Madrid un trabajo bien hecho; resplandece al caer la tarde el trabajo profesional de organizadores, voluntarios, responsables de comunicación y jugadores ahí en el Centro Nacional, donde es la segunda vez que se disputa el Open de España. La primera fue en 2007 con victoria de Charl Schwartzel. El sudafricano se impuso por un golpe con un resultado de 16 bajo par (69-68-68-67).
En el hoyo 9, lo veo desde la Terraza Norte de la Casa Club, un señor socio acaba de tirar su tercer golpe al agua. El solitario pato del lago parece tomárselo a risa; no sabe lo que cuesta hacer las cosas buscando la perfección. Y vencer simultáneamente al tiempo y al espacio. En el Centro Nacional de Golf parece que sí lo supieron.
Vibra el móvil que interrumpe a Spotify, a The Brothers Four y a su Greenfields. Es Margarita que sólo me dice una frase, que viene al pelo.
.- “Confía en los hombres y ellos serán honestos contigo; trátalos con grandeza y se mostrarán grandes”; es de Ralph Waldo Emerson – añade y luego se ríe de modo estimulante.
El pato del lago del hoyo 9, con un tímido rayo de luz en su cabeza, alza el pico como buscando respuestas. Yo vuelvo a la música: Once there were greenfields kissed by the sun;/Once there were valleys where rivers used to run…






