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PLAGAS DE CLUB

Tribus del Golf 2: el insufrible Scientissimo legis sale de caza

De "El Manuscrito de las Tribus del Golf", pecio salvado por mi del profundo del mar de libros de mi tía Alicia, se desprende un nuevo y sorprendente legajo.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Esta mañana no hay golf. Así que un vez despachado un frugal desayuno a base de huevos fritos con jamón, fruta variada, tostadas con mantequilla y mermelada de naranja amarga de Sevilla, me he sentado para profundizar en El Manuscrito.
 
Justo al tomarlo en mis manos ha caído un papel doblado. Lo he abierto y, bajo el título Addenda A.P.D. escrito con el reconocible trazo de aristas propio de mi estirpe, aparecía un texto más largo escrito con letra firme, redonda, ordenada y prudente como de sabio jurisconsulto.
 
La primera especie que describe es la del Sapientísimo en Reglas (Scientissimo legis). ¡Que hallazgo! ¿Quién no se ha encontrado metido en un partido con ese jugador que se sabe todas las reglas, cada artículo del Golf Rules Book? Como con acierto define el autor del Addenda, el Scientissimo legis “se caracteriza por un conocimiento extensísimo de la normas, que te relata como si de un opositor se tratase, aunque para él su aplicación sea bastante cuestionable”.
 
Como ya es sabido, esta especie, originaria de familias de Old and Ancient Clubs, ha evolucionado a yuppy-doble-licenciatura-más-tres-masters. Requiere para su natural desarrollo de un hábitat preciso: aunque rumia en cautividad su sabio acervo, prefiere cazar a campo abierto piezas como la de joven inexperto o el sabroso y tierno amateur rico por Lotería. En cuanto lo ve en el tee de salida se adhiere a él como lapa, listo para amargarle la tarde recitando artículos, párrafos y hasta consultas y respuestas de la última actualización del Royal & Ancient Golf Club of Saint Andrews.
 
Plasta hasta el agotamiento, al Scientissimo legis, le dices “voy a droparme”, y te corrige: “querrás decir que vas a aliviarte”. Lo discute todo. Porque más que jugar lo que le hace feliz es tener razón. Y aunque le digas que de acuerdo, que te da igual, que conforme, que lo que él diga, no cejará, porfiará hasta que se quede convencido de que te sabes la regla y que – “por estas chuic que son cruces” – no volverás a incurrir en el mismo error.
 
Hace dos semanas, en un campo del norte de España, a mi bella prima Margarita y a mí nos colaron en el partido a dos señores; uno de ellos un correcto hándicap 12; el otro un genuino Scientissimo legis en estado adulto. El sujeto, de unas 175 libras de peso, tres carreras, fortuna mediana y relacionado con los negocios del aceite de girasol, se aprestó a darnos la mañana.
 
Como me ha ocurrido otras veces que acudo a jugar acompañado de esa hermosura de prima, no sé por qué pero los varones me ignoran y centran su atención en Margarita. No me extrañó, pues, que Paulino G., que así se llamaba este lechuguino, se fijara en mi pariente intentando pegar la hebra. Yo iba a mi bola, pero a la altura del hoyo 2 enseguida vi la familiar barbilla de Margarita más tensa de lo habitual. A su lado Paulino G. se detenía, se quitaba los dos guantes – porque llevaba dos y no uno que es lo usual -, sacaba el libro de reglas y decía a mi prima:
 
– No, de ningún modo: lo de la bola empotrada ha sido modificado por Saint Andrews; te leo – y seguidamente le leyó -: “Una bola está ‘empotrada’ cuando está en su propio impacto y parte de la bola está por debajo del nivel del suelo. Una bola no tiene que tocar necesariamente la tierra para estar empotrada (p. ej. hierba, impedimentos sueltos o algo similar puede intervenir entre la bola y el suelo)”.
.- Ya – respondió Margarita -; cogió de su bolsa el samartphone y movió sobre la pantallas sus dedos de pianista a la velocidad de un prestidigitador. Inmediatamente, levantando más aún su respingona nariz, le preguntó al Scientissimo legis-:¿sabes leer inglés?
 
.- Por supuesto: tengo un Master por…
.- Déjate de masters y de notitas y lee en la pagina web del Royal and Ancient -. Margarita le puso delante de la nariz la pantalla con este texto: “the 2016 edition of the Rules of Golf that takes effect on Jan. 1, 2016”; – y continuó – lo que significa que te faltó por fotocopiar la fecha de entrada en vigor de la modificación de la regla. Y ahora, si no te importa, vamos a jugar al golf: no puedes aliviarte de esa bola, ya que hasta enero no está empotrada en su impacto. Y no vamos a comernos las uvas aquí, ¿no te parece?
 
Por la noche volvimos a ver a Paulino G. dando la vara al cocinero del mismo restaurante en el que paramos a cenar. Por lo que nos contó más tarde el maître, Paulino “Plasta” G. había sacado de su chaqueta un libro de recetas y les explicaba que el besugo al horno debe calentarse a 180º entre 40 o 45 minutos y que aquel, “estaba visiblemente cocinado por debajo de ese tiempo”.
 
Y es que el golf, como bien habrán experimentado nuestros lectores alguna vez, no es el único espacio vital del Scientissimo legis.
 
Se me ha hecho tarde: dejo para otro día el estudio de tres especies de las Tribus del Golf especialmente sugerentes que aparecen en el Addenda: se trata del Ignotus legis, el Magister omnes lectiones y el estremecedor Turbator Tranquillitatem.
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