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UN ESCENARIO PAVOROSO

Tercera guerra en la Franja de Gaza de Israel y Hamás con sólo destrucción política

La brutalidad en Gaza deja muy difícil negociar entre cascotes y desolación el sueño de Estados compartidos. Es una catástrofe humanitaria con un balance dramático de muertes.

Hechosdehoy / Juan-Fernando Dorrego Tíktin
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Israel y Hamás acordaron un alto el fuego de 72 horas -que fue rápidamente pulverizado- como si por ambas partes hubiera horror al cuadro en que quedó convertido el minúsculo territorio de la Franja de Gaza. En 24 días de guerra han muerto en Gaza 1.428 personas y 8.000 resultaron heridas. Israel confirmó la muerte de 56 soldados y tres civiles.

En el marco de una fuerte presión internacional, el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, confirmaron un alto el fuego "incondicional y humanitario". ¿Puede ser el comienzo de conversaciones y una negociación formal en El Cairo? Hay prudencia y también miedo. La guerra de Gaza todavía podría ser más letal si se extiende -y es una hipótesis muy explosiva-.

Las cuestiones de fondo no se puede obviar. En un momento de máxima debilidad política -por los tres colonos asesinados por militantes de Hamás y el joven palestino quemado vivo a manos de la familia de un rabino en Jerusalén (episodios destacados por Hechos de Hoy)-, Benjamín Netanyahu giró a la derecha, y todavía más a la derecha, para buscar que las encuestas le ratifiquen, como así fue, en Israel, como líder confiable.

Pero sólo ganó tiempo para lo inmediato y está poniendo en muy grave riesgo el futuro. La región de Tierra Santa sólo puede caminar hacia el escenario de dos Estados compartidos, Palestina e Israel, y una ciudad, Jerusalén, abierta como centro de peregrinación para tres religiones. Francisco así lo comprobó besando el insólito muro de Belén en una nación, como es hoy Israel, que cambió los puentes por murallas.

¿Qué buscan Hamás e Israel en esta guerra? Quien es la máxima autoridad de la ONU en Derechos Humanos, Navy Pillay, les acusó a ambos de violar con la misma gravedad la legislación humanitaria internacional y de perpetrar crímenes de guerra. Navy Pillary, empleando la misma dureza, condenó el lanzamiento de cohetes, por parte de Hamás, "de forma indiscriminada desde zonas densamente pobladas". Con el mismo rechazo y dureza acusó a Israel de actuar con total "impunidad" en los ataques aéreos y terrestres que desencadenó el 8 de julio.

Obsesionado por Irán, Benjamín Netanyahu nunca tuvo tiempo, ni quiso, en crear una sólida alianza de diálogo con Mahmud Abas, para profundizar en una cultura de paz, de búsqueda de puntos comunes de acercamiento con las facciones palestinas; de poner punto final, de una vez, a la cultura de la muerte.

¿Qué separa a Hamás de su brazo armado, Ezedin al Qasam? Cuáles son las respuestas políticas y religiosas? ¿Qué capacidad tiene el Islam de generar una cultura de la paz? ¿Qué quieren aportar de verdad los países del Golfo -ensimismados en la cultura del baño de oro– y Arabia Saudí, con una diplomacia ambigua en las grandes crisis de la región (Siria, Irak y Libia)?

Israel puede retirarse de un campo de batalla de desolación total. No hay ninguna victoria ni puede haberla. Para Mahmud Abas y Benjamín Netanhayu es una doble derrota descubrir de repente el empeño que hubo en construir 33 túneles ofensivos entre Gaza e Israel. Todos los datos de esta guerra son estremecedores. Entre los 1.400 muertos por parte palestina hay muchas mujeres y niños, 50 familias desaparecieron al completo. De nuevo, desplazados y refugiados, condenados a vagar en un escenario de derrumbe, sin agua ni alimentos, … y sin esperanza.

Lo único para negociar en El Cairo es el futuro pero no figura en ningún borrador. Benjamín Netanyahu cayó en la trampa largamente preparada por las milicias de Ezedin al Qasam de atrapar al Ejército de Israel en una guerrilla urbana en los lugares de más densidad de población. Los líderes de la milicia de Hamás no salieron tampoco de sus búnkeres para comprobar el sufrimiento causado por su locura.

Llegaron millones de dólares para construir búnkers en hospitales y edificios públicos. Se levantaron ciudades subterráneas excavadas en los campos de refugiados con una red de túneles en que se guardaron alimentos, agua, arsenales, cohetes, electricidad, sistemas de comunicación y uniformes israelíes falsificados.

¿Quién lo pagó? ¿Quién preparó a esta red de guerrilleros mineros? El Mossad, los servicios de información de las fuerzas armadas, y el Shin Bet -los tres servicios de inteligencia de Israel- nunca advirtieron de que el verdadero peligro vendría del Oeste y no del Este.

En la agenda política de Israel ya no puede permanecer la cultura del odio. Las grandes guerras y los héroes de la batallas de blindados quedaron enterradas en las dunas del desierto del Sinaí. Hoy todos, por ambas partes, sólo están llamados a la batalla de la paz, la de escuchar, comprender y ceder. Con mucho, la más difícil. Es lo dramático de esta guerra de Gaza a la que sólo se puede calificar como la del escándalo.

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